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El judoka Ávila, un paralímpico cuestionado

Cuando se trata de deportes adaptados o no convencionales es difícil definir las categorías para los atletas participantes. ¿En qué medida se establece el grado de debilidad visual o ceguera para quienes compiten en disciplinas en que debe haber igualdad de condiciones para quienes las practican? A este dilema se enfrenta el judoka Eduardo Ávila, a quien se le ha cuestionado por contender con invidentes totales cuando él sí puede ver, aunque sea sombras.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El campeón paralímpico en Beijing 2008 y monarca mundial de judo en la categoría de ciegos y débiles visuales, Eduardo Ávila, conduce su automóvil y camina por las calles sin ningún apoyo.

Compite en la categoría de ciegos y débiles visuales, pero también lo hace en el deporte convencional y en éste ha sido campeón nacional durante los últimos cuatro años.

En la actualidad ya aseguró su participación en los Juegos Panamericanos y en los Parapanamericanos que se realizarán este año en Guadalajara, Jalisco. El atleta dice que una de sus metas es competir en unos Juegos Olímpicos y Juegos Paralímpicos en un mismo año.

Con 11 años de trayectoria deportiva reconoce que debido a que lleva una vida normal su condición de débil visual levanta sospechas y cuestionamientos, al grado que algunos competidores e incluso entrenadores han puesto en duda su deficiencia.

“Puedo manejar, pero obviamente es un peligro. Cuando cae la noche o la lluvia me es imposible conducir. La lectura de un libro me cuesta muchísimo trabajo, así como hacer cosas con poca luz. Me puedo levantar del asiento y enseguida tropezarme con una silla o una mesa debido a que mis pupilas tardan más tiempo en abrirse y cerrarse. Es el problema que tengo, además de estrabismo”, plantea Eduardo en su descargo.

Admite que algunas personas dudan de su problema visual porque se cree que un atleta bajo estas condiciones debe utilizar gafas oscuras y apoyarse en un bastón.

“Esa es la imagen, el estereotipo, pero gracias a Dios puedo hacer casi todo. Es cierto que no se me ve ningún padecimiento, pero sufro estrabismo; se me van los ojos de ladito, por eso no veo directamente a los ojos. Lo tengo de nacimiento. Supuestamente es un padecimiento hereditario, pero de mi familia sólo yo salí con esa deficiencia”, comenta.

El atleta asegura que no lleva ventaja cuando enfrenta a contrincantes ciegos y dice que prefiere medirse con rivales que sí ven, como es su caso, pues los rivales más difíciles que ha enfrentado en su carrera deportiva han sido invidentes totales.

La única diferencia entre el judo convencional y el adaptado, precisa, es que en éste los competidores inician el combate con una mano en la solapa y la otra mano en la manga del contrincante. En el deporte tradicional cada quien busca el agarre.

“De ahí en fuera todo es igual. Estamos a la par. Incluso los árbitros que trabajan en el deporte adaptado deben pasar por el deporte convencional. Mientras la IBSA (Federación Internacional de Deportes para Ciegos) me permita competir, me realice los exámenes médicos y determine cuál es mi campo visual, no tengo ventajas sobre los demás”, sostiene.

Clasificación rigurosa

El reglamento de la IBSA clasifica en tres rubros a los atletas ciegos y débiles visuales: el B1 corresponde a quienes no perciben la luz en ningún ojo o la captan pero no pueden reconocer la forma de una mano a cualquier distancia o en cualquier posición. En el B2 están las personas que pueden reconocer la forma de una mano e incluso aquellas “con agudeza visual de 2/60 y/o un campo de visión de un ángulo menor de 5 grados”.

Eduardo Ávila está clasificado en la categoría B3, a la que pertenecen los individuos que tienen agudeza visual de más de 2/60, hasta aquellos con una agudeza visual de 6/60 y un campo de visión de un ángulo superior a los 5 grados y menor de 20.

La IBSA considera este rubro como el más cercano al deporte convencional. Y en el caso del judo, el reglamento establece que las tres categorías deberán participar juntas.

En su página web, esta federación reconoce que los deficientes visuales necesitan menos adaptaciones que cualquier otra discapacidad para participar en judo. “Ningún deporte se ajusta mejor que el judo para permitir que los ciegos compitan en las mismas condiciones contra atletas videntes”.

El sitio electrónico indica que un buen judoka debe guiarse por lo que siente “y no por lo que ve. Los ciegos tienen ventaja, tienen más sentido para el judo que los deportistas videntes. Un ciego aprende las técnicas sintiéndolas en su propio cuerpo. Son capaces de sentir un ataque antes que ningún vidente lo haría”.

Ávila logró su primer título importante en el Parapanamericano de Río de Janeiro 2007. Comenta que desde entonces ha sido sometido a un “riguroso” estudio oftalmológico, previo a una competencia internacional. Incluso se ufana: “Tengo el carnet médico del análisis que me hicieron recientemente en Turquía, el cual te indica el tipo de padecimiento y el rango de visión. La constancia es válida durante un año y el atleta deberá practicarse un nuevo estudio hasta el siguiente evento importante”.

El examen se lo practicaron el mes pasado en vísperas del Campeonato Mundial de Deporte Adaptado, evento en el que conquistó la medalla de oro.

Eduardo se inició en el judo convencional hace 11 años “y por pura casualidad entré al deporte adaptado”. Afirma que, paradójicamente, esta disciplina le reditúa mayores dividendos en apoyos y recursos económicos que el deporte tradicional.

Incursionó en el deporte adaptado por invitación de la atleta Lenia Ruvalcaba, quien bajo las mismas circunstancias que Ávila también se prepara para competir en los Juegos Panamericanos y Juegos Parapanamericanos de Guadalajara. Por cierto, Lenia y Eduardo serán los únicos judokas mexicanos que participarán en estos eventos.

“Lenia, quien promocionaba el judo para ciegos y débiles visuales, me vio un día leyendo con la hoja casi pegada al rostro. Le conté mi problema y entonces me invitó: ‘¿Por qué no intentas participar en los Juegos Parapanamericanos de Brasil?’. Así fue como me hice el examen oftalmológico en el Hospital de Pemex para que avalaran mi campo de visión.”

Con las pruebas en la mano, Eduardo viajó a Brasil, donde fue objeto de una nueva evaluación. “No es que diga: soy ciego y quiero competir en Paralímpicos. De ninguna manera. Tienes que comprobar ante médicos especializados que efectivamente tienes tales rangos de deficiencia para poder competir”, refiere.

Los estudios, explica, generalmente se practican en el hotel sede del evento cinco días antes de la competencia. “Las pruebas se realizan con máquinas especiales por médicos especialistas de diversas nacionalidades”, afirma.

Insiste en que si mintiera para sacar provecho de su situación el mismo Comité Paralímpico Internacional, o las instancias correspondientes, ya lo hubieran sancionado. “Es molesto que me cuestionen. He sido sometido a una minuciosa revisión y he aprobado los requisitos que deben cumplir los atletas. Lo que a mí me han hecho es un procedimiento doloroso y demasiado pesado: te colocan unas gotas que arden horrible y los ojos se te hinchan. No sólo te ponen a ver las letras a cierta distancia, sino que te realizan el estudio con máquinas. No creo que se pueda engañar a una máquina, y menos en un examen tedioso y doloroso”.

–¿El deporte adaptado se presta para fingir una enfermedad o padecimiento?

–En el caso del judo es imposible.

“Claro que veo. No soy invidente. Que no tenga el campo de visión es muy diferente. A quienes me cuestionan les digo: ‘No sabes ni por qué compito acá, no sabes ni lo que tuve que hacer o lo que me hacen para participar aquí’. A ti te veo bien, pero ya no reconozco las caras de los que están allá –comenta a menos de un metro de distancia del reportero y a unos cinco metros de los meseros, su otro punto de referencia–. Veo el color y sé que son personas; de ninguna manera las confundo con una mesa.”

Recuerda que, en los Juegos Paralímpicos de Beijing 2008, algunos atletas extranjeros fueron regresados por no aprobar el estudio oftalmológico. “Muchas veces los rebotan, como en Beijing, que regresaron a una cubana y a dos argelinos porque no dieron la clasificación. En cada evento te realizan un nuevo estudio, aun cuando hayas competido anteriormente. Yo no he sido la excepción para verificar que todos los puntos requeridos se cumplan”.

En el extranjero, precisa, nadie lo ha cuestionado acerca de su debilidad visual y por qué compite en dos categorías totalmente opuestas. “Pero en México me lo han dicho varias veces, lo mismo competidores que entrenadores. ¡Cómo me molesta eso!”, dice.

Revela que ya ha sido víctima de esta situación. Le ocurrió en el Campeonato Nacional de Judo de 2008, en Aguascalientes, cuando varios competidores y hasta los mismos entrenadores se opusieron a su participación: “Vemos que Eduardo no tiene ningún problema (de visión)”, protestaron con el argumento que Ávila también competiría en los Juegos Paralímpicos de Beijing, donde a la postre obtuvo la presea dorada.

Por esta razón desistió de participar en el evento. Asevera que fue la primera ocasión que se sintió víctima de su condición física: “Fueron varios los que protestaron, y para evitar problemas lo mejor fue retirarme. Después de eso me pregunté: ¿Por qué no me van a dejar competir, si no estoy cambiando ninguna de las reglas?”.

Sin ventajas

Un año después regresó a las competencias convencionales. Le resulta extraño que en el extranjero lo traten mejor que en México.

“¿Cómo puede ser eso? Al contrario, en el extranjero me externan felicitaciones por competir en los dos torneos. Me dicen: ‘Qué orgullo deben sentir en tu país’.”

Está en desacuerdo con quienes sostienen que obtiene ventajas en el deporte adaptado: “Obviamente te enfrentas con atletas que son totalmente invidentes. En el caso de judo es el único deporte donde se juntan las tres categorías y es más difícil luchar con una persona totalmente invidente que contra un atleta con el mismo rango que el mío. Aquellos desarrollan algo muy grande y diferente en su autodefensa que siempre están de pie: los tiras y siempre caen boca abajo o de pie. Es mucho más difícil”.

Y apunta: “Así como he ganado en deporte paralímpico me han derrotado en el convencional. Para mí no hay diferencia”. Enseguida aclara que pide un trato en igualdad de condiciones: “De ninguna manera quiero que me tengan compasión. Me irrita que la gente diga que tiene compasión de mí. Para nada. Soy igual que todos ellos, hago las mismas cosas y me parto la cara lo mismo en convencionales que en paralímpicos”.

Comenta que cuando tenía 14 años fue “obligado” por su padre Hilario –su entrenador de toda la vida– a practicar la disciplina del judo, que al principio aborrecía y que hoy asume como su mayor pasión.

“Soy campeón nacional en convencionales; ya tengo cuatro años con el título. Soy seleccionado nacional en ambas categorías, pero mi entrenamiento siempre va a ser con atletas normales. Es completamente igual, no pasa nada. No hay ninguna diferencia.”

Y prosigue: “Esto no fue nada fácil. Ya llevamos muchos años de preparación. Comencé a dar resultados apenas en 2006. Muchos años atrás no ganaba, o medio ganaba, y a partir de 2006 di el levantón: empecé a ganar, y luego en 2007 obtuve la plata en el nacional de convencionales y al siguiente año logré el oro. Así empecé a formar parte de la selección nacional de judo”.

Recuerda que a la postre se presentó la ocasión de participar en el deporte adaptado y expone que en éste ha encontrado mayor apoyo que en el convencional: “La Federación de Ciegos y Débiles Visuales me apoyó muchísimo, y obviamente no puedo dedicarme al ciento por ciento al judo. Debo terminar mi carrera de administración de empresas. Curso el sexto semestre en la Universidad Anáhuac… todavía puedo dar más; esto no ha acabado. Tengo 25 años y en cuanto acabe mi carrera profesional quiero dedicarme completamente al judo, hacer un ciclo olímpico, ahora sí para todos los eventos convencionales y adaptados”.

“Deseo representar a México en los Juegos Olímpicos y Juegos Paralímpicos. Sería el primer mexicano en hacerlo… no hay ninguna ley que me lo prohíba ni estoy cambiando las reglas porque me falta algo o por tener algo diferente. Compito a la par con cualquiera”, remata.

Acerca del autor

Reportero con 30 años de experiencia en temas deportivos, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha cubierto Copas del Mundo de Futbol, Gran Premio de Fórmula Uno, peleas de boxeo de título mundial, mundiales de ciclismo, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.

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