“La capitana Gazpacho”: el absurdo de las relaciones

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Eugene Ionesco es uno de los creadores más representativos del llamado Teatro del Absurdo. Su obra La cantante calva (La Cantatrice Chauve) se presenta todas las semanas, de manera ininterrumpida desde 1957, en La Huchette, un teatrito del Barrio Latino de París.

“Estoy frente al mundo como delante de un bloque opaco y me parece que no entiendo nada de nada y que, de hecho, no hay nada que entender”, dice Ionesco, de origen rumano. ¿Imaginaría algo peor, un mundo como el actual que supera todos los absurdos y sinsentidos de su teatro?

La resaca de aquel movimiento febril de los cincuentas y sesentas está aquí, hoy, en México. El reconocido dramaturgo Gerardo Mancebo del Castillo Trejo retoma los principios y escribe Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho (o de cómo los elefantes aprendieron a jugar a las canicas).

Como estamos tratando del absurdo, empezaremos por decir el final: el público sale muy feliz.

Tres historias aparentemente independientes se interconectan en el escenario, y van tejiendo una cada vez más violenta farsa. La Capitana Gazpacho parte en busca de una nueva ruta para llegar a las Indias por el oeste, acompañada de su fiel marinero (y eterno enamorado) Catalino; Mina y Circa, muy particulares hermanas (la primera obsesionada con las películas y la otra con la hora del té en Inglaterra); y Pompeyo y Honorosa, ejemplar pareja de hombre macho y mujer sumisa y torpe.

Abraham Alcalá dirige este montaje que tiene ya varias temporadas detrás, con cambios de elenco pero pocas adaptaciones en el resto de las áreas.

Dentro de la obra se maneja una violencia tan constante y desproporcionada, que provoca un efecto de risas. Aquello que se ve, aunque pareciera inocente, es muchas veces de lo que se forjan las relaciones. Maltrato, sumisión, machismo, construyen a los personajes casi sacados de cuentos infantiles (con el alma enturbiada por la realidad, por supuesto).

Los actores están muy bien elegidos para sus personajes, y las interpretaciones comienzan siendo muy buenas, a cargo de Antonio Alcántara, Jocelyn Chacón, Gilary Negrete, Felisa Vicente, Diana Saavedra y Reiner López.

Pero en algún momento el tono del montaje es exagerado y empieza a crear un poco de confusión en la lectura de lo que sucede.

En general, este tipo de textos pretenden crear una cierta incomodidad por la seriedad con la que son tratados. Burlarse sin parar con acciones, decorarlas y agrandarlas en un libreto ya de por sí absurdo en su historia y sus diálogos, provoca una especie de redundancia. No hace falta reiterar con tanta farsa lo dicho.

La escenografía consta de una serie de muebles con motivos marítimos –anclas, cuerdas, un timón–, bien aprovechados para crear los diferentes espacios. Los actores entran y salen de ellos, los voltean, los mueven.

El público está constituido por espectadores generales, además de jóvenes que asisten por parte de sus escuelas. Esto último se hace saber cuando termina la función, pues el director se siente en la necesidad de hablar y aclarar que en realidad la violencia mostrada en escena no busca promover este tipo de actos, sino más bien denunciarlos.

De entrada, es incómodo para un realizador salir a explicar su trabajo, ya que éste debería comunicar por sí solo. En caso de tomar esta decisión y hacer una declaración de tal índole como comentario aislado, puede seguir siendo confuso para los adolescentes. ¿Cómo explicar que lo que acaban de ver quiere decir lo contrario de lo que dijo durante la obra? Quizá hay que abundar y explicar un poco el género que se maneja, el sarcasmo y su falta de literalidad. Lo que el absurdo pretende generar en el público.

Aunque pensándolo bien, lamentablemente en los tiempos que se viven en nuestro país, hay que explicarle a los jóvenes que la violencia no es normal. No vaya a cargar uno con una malinterpretación en la conciencia.

La obra se presenta en el Foro Shakespeare todos los domingos a las 13 horas hasta el 27 de noviembre. Este espacio prestigiado se encuentra pasando por un momento de incertidumbre respecto a su futuro, ya que uno de los terrenos en los que se encuentra ha sido solicitado por los dueños, y la comunidad teatrera busca un apoyo para salvarlo.

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