El Nobel no le hace falta a Dylan, critican en el FIC

GUANAJUATO, Gto. (apro).- “Cuando el Nobel (de Literatura) se le da a alguien que ya tiene todo, al que no le hace ninguna falta, me parece superfluo, independientemente de lo bueno que sea”, opinó aquí el escritor español Antonio Muñoz Molina, quien estuvo en Guanajuato para ofrecer una conferencia magistral en el Festival Internacional Cervantino en la que habló de Don Quijote como una obra viva que hace una defensa de la dignidad humana “con el instrumento más afilado de Miguel de Cervantes, la ironía”.

En el Teatro Juárez, después de hablar de Cervantes y de Don Quijote, se quejó de que la literatura es “una cosa que apenas sale en medios, de la que nadie hace caso” y el Premio Nobel sería una oportunidad de hacerle un poco de justicia, en lugar de otorgarse a alguien como el cantautor Bob Dylan, “a quien no le añade nada”.

Este reconocimiento ha servido en ocasiones anteriores para que grandes escritores que son perseguidos o muy poco leídos fuera de sus países, que viven en regímenes autoritarios o represores, puedan ser más conocidos “y tengan una vida más cómoda”, mencionó Muñoz Molina, quien obtuvo el premio Príncipe de Asturias en 2013.

Puso como ejemplo a la polaca Wislava Slymborska, una gran poetisa que fue reconocida con el Nobel en 1996. “Mucha de esta gente (escritores) es perseguida… (pero) como dice el Evangelio, le das más a quien ya tiene todo”.
“El Nobel ¿para qué le sirve a alguien que ya tiene todo y al que todos han leído?”, continuó, en una charla con lectores a quienes el autor de “El invierno en Lisboa” y “La noche de los tiempos” firmó ejemplares de sus libros.

También calificó como una falta de galantería que el cantante no apareciera públicamente una vez que se supo que le fue otorgado el Nobel.

“Que fuera porque mantiene su pureza y está escondido, porque no quiera saber nada del mundo…pero cuando le dan el premio estaba cantando en Las Vegas, ¡en Las Vegas! No para los pobres”.

El también articulista aclaró que su crítica por esta decisión de la academia sueca nada tiene que ver con la calidad de las canciones de Bob Dylan: “La (calidad) la sabemos todos, la sabe todo el mundo. Quiero que el Nobel me descubra a un gran escritor, a una gran escritora a la que no ha leído nadie. Es mi opinión”.

Don Quijote, primera lectura

Antonio Muñoz Molina caminó emocionado por las calles de Guanajuato, sorprendido del parecido de esta ciudad con algunas españolas. En el Teatro Juárez, acompañado del director del FIC Jorge Volpi, habló largo sobre Miguel de Cervantes, sobre su propia niñez en un pueblo del medio rural de España en el que encontró una antigua edición de El Quijote como una de las primeras lecturas, tan cercano el mundo bucólico de la obra a su propio entorno.

Abordó la condescendencia con la que muchos –algunos intelectuales entre ellos– han tratado su vida y sus obras; de las interpretaciones y adaptaciones que por millares se han hecho y se hacen de la obra cervantina en todo el mundo.

De los escritores en idioma español –dijo el integrante de la Real Academia Española– Miguel de Cervantes “es el que ha tenido una riqueza de experiencias vitales posiblemente más alta: ha vivido en la España encerrado mucho tiempo, ha vivido en Italia, ha sido soldado en Italia, se ha paseado por Italia en un momento de gloria, ha combatido no solo en la batalla de Lepanto, ha sido cautivo en Argel, ha recorrido la mitad de España cobrando impuestos y recabando trigo y cosas así”.

Así, “El Manco” es un autor que, cuando se pone a escribir “tiene un abanico de experiencias personales como probablemente ningún otro ha tenido”, describió Muñoz Molina en su conferencia, imaginándolo yendo y viniendo entre Andalucía y La Mancha, con su maleta, en ese trabajo como recaudador de impuestos, “escribiendo por la noche”.

También habló de Don Quijote como un catálogo “de casi todas las formas posibles de contar y de representar, historias personales rememoradas en voz alta, cuentos folclóricos, historias leídas en un manuscrito o en libro, representadas en una danza alegórica, en un teatro de títeres, cantadas en romances, escenificadas con gran aparato barroco al modo de la época…”.

Incluso, hubo un tono de cierta mofa en el conferencista cuando mencionó que entre las miles de tesis que se hacen en torno a Cervantes, se le ha pensado gay y se le ha pensado catalán.

Don Quijote es una obra viva que caló en Stendhal, quien tras la muerte de su madre sólo volvió a tomar un libro cuando encontró un ejemplar de esta obra; viajó por España, por la región cercana a los escenarios quijotescos, y al volver a Francia comenzó a escribir “Rojo y negro”.

Caló en el joven Eulalio Ferrer que intercambió cigarros por un ejemplar mientras estaba prisionero en un campo de concentración. Cala en el propio Muñoz Molina, que confiesa en esta charla que ahora mantiene con él un cuaderno donde va recogiendo palabras del Quijote que se usaban en ese tiempo, y que la re lectura de esta obra le ha dado la posibilidad de descubrir nuevas líneas.

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