Escocia: Independencia post-Brexit

Londres (apro).- Escocia, que en septiembre de 2014 rechazó por mayoría en las urnas la independencia del Reino Unido luego de tres siglos de unión, se encamina a una consulta pública para decidir nuevamente el futuro del país tras el divisorio voto del Brexit.

A pesar de que hace poco más de dos años el 55% de los escoceses votó en un referéndum para seguir siendo parte de Gran Bretaña, la victoria del ‘sí’ en la consulta del pasado 23 de junio por la salida del país de la Unión Europea (UE) volvió a poner sobre la mesa las enormes diferencias que existen entre Escocia y Londres.

En medio de esa pelea se encuentra el gobernante Partido Nacionalista Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) y su jefa política, la carismática ministra principal escocesa Nicola Sturgeon, quien reclama desde hace años un “divorcio” con el resto del Reino Unido.

Para Sturgeon no es justo que si 62% de los escoceses votó en junio pasado para seguir siendo parte de la UE, Gran Bretaña deba obligar al resto a separarse del bloque comunitario, imponiendo una separación “no buscada por los escoceses”.

Sólo 38% de los habitantes de Escocia se mostraron a favor del ‘Brexit’, mientras que en Gran Bretaña en su conjunto, la diferencia por la salida de la UE fue de 52%, frente al 48%.

Por regiones, los ingleses votaron por abandonar la UE con el 53.4% de los votos, frente al 46.4%; lo mismo que los galeses –52.5% contra el 47.5%–. En Irlanda del Norte, en cambio, se impuso la permanencia por el 55.8% frente al 44.2%.

En Gibraltar, donde tan solo el 4% de la población votó a favor de abandonar la Unión, se registró uno de los resultados más contundentes en contra del Brexit, que amenaza ahora con desintegrar al Reino Unido.

Segundo referéndum

El pasado 13 de octubre, durante el Congreso anual del SNP, en Glasgow, Sturgeon confirmó la creación de una ley que dará paso a un segundo referéndum sobre la independencia escocesa.

El gobierno de Edimburgo quiere que esa consulta ocurra antes del divorcio de Gran Bretaña con la UE, estimado para 2019, en caso que la primera ministra británica, Theresa May, invoque en marzo próximo el artículo 50 del Tratado de Lisboa.

Una vez que Londres anuncie su intención de abandonar la UE, tendrá dos años para finalizar las negociaciones que lo dejarán oficialmente fuera del bloque comunitario.

“Estoy determinada a que Escocia tenga la posibilidad de reconsiderar la cuestión de la independencia y que pueda hacerlo antes de que el Reino Unido abandone la UE, si ello es necesario para proteger los intereses de nuestro país”, dijo Sturgeon frente a unos 3 mil delegados del SNP.

Para le jefa del partido nacionalista, el ala derechista del Partido Conservador británico busca “secuestrar” el resultado del referéndum.

“Están usando ese resultado para dar rienda suelta a la xenofobia”, destacó Sturgeon en relación al gran número de ataques racistas y xenófobos desde la consulta por el ‘Brexit’.

De acuerdo con Sturgeon, la primera ministra May “debe respetar al 62% de los escoceses que votaron para seguir dentro de la UE”.

Dijo además que tratará de persuadir a otros parlamentarios, del Laborismo, del Partido Liberal Democrático y conservadores moderados, “para sumarse a nosotros en una coalición contra el llamado ‘Brexit duro’; no sólo por Escocia sino para el resto del Reino Unido”.

“La Primera Ministra puede que tenga el mandato para sacar a Inglaterra y Gales de la UE, pero no tiene mandato alguno para remover cualquier parte del Reino Unido del mercado común”, señaló.

Sturgeon reiteró que quiere mantener a Escocia en el mercado único.
“Pero si ninguna alternativa funciona, los escoceses tienen el derecho a elegir si quieren realmente el mercado único o si quieren elegir otro camino”, destacó la mandataria nacionalista.

El gran problema para la ministra principal de Escocia es que en el caso de una independencia , las riquezas nacionales mermarán notablemente.

El petróleo del Mar del Norte, principal fuente de ingresos para Escocia, que en el verano de 2014 se vendía a 115 dólares por barril, se desplomó al comienzo de este año a 28 dólares.

Los ingresos fiscales para Escocia provenientes del crudo cayeron de mil 800 millones de libras esterlinas (2 mil 210 millones de dólares) en 2014, a 60 millones de libras (73.6 millones de dólares) en 2015, y se espera que esa cifra sea muy inferior para este año.

La caída del precio del petróleo llevó a una reducción de producción, al mínimo de 57.7 millones de toneladas, comparado con el récord de 73 millones de toneladas en 2011.

Como consecuencia de ello, el año pasado el déficit fiscal de Escocia aumentó a casi 15 mil millones de libras (18 mil 420 millones de dólares), equivalente al 9.5% del Producto Interno Bruto (PIB) escocés o más del doble de la proporción para el Reino Unido en su conjunto.

Los problemas para el área de gas y petróleo en el Mar del Norte provocaron que el grupo Oil and Gas UK, que aglutina a las principales empresas del sector de hidrocarburos en el país, confirmara que para finales de 2016 ese sector perderá al menos 120 mil puestos de trabajo.

El mensaje nacionalista a favor de la independencia había prometido una mayor redistribución de las riquezas en Escocia, como también más dinero para los servicios públicos como la salud, la vivienda y la educación. Sin embargo y en el difícil contexto de inestabilidad económica que generó el Brexit –incluyendo un colapso del valor de la libra esterlina a sus niveles más bajos en más de 30 años– hacen que esa opción sea por ahora imposible.

Paradojas

Políticamente, la independencia de Escocia nunca antes había parecido tan razonable y deseable, y no sólo para los nacionalistas. Pero por otro lado, nunca antes en la era moderna esa opción parece tan inviable.

Además de una caída en el precio del petróleo y una merma en los ingresos nacionales de ese sector, existe el problema de las fronteras y el comercio con Inglaterra en caso que Escocia decida mantener su unión con la UE tras el Brexit.

Escocia depende en gran medida del comercio con el Reino Unido, principal mercado para sus exportaciones por 92 mil millones de dólares.
Las exportaciones escocesas están dirigidas 65% al Reino Unido, 15% a la Unión Europea y 20% al resto del mundo.

Otro de los problemas que deberá enfrentar Sturgeon y su gobierno si Escocia se independiza del Reino Unido es qué moneda adoptará, si mantendrá la libra esterlina, el euro u otra alternativa.

Un día después del referéndum de junio pasado, los sondeos indicaban que en Escocia 60% de la población estaba a favor de la independencia, como única opción para seguir dentro de la UE.

Sin embargo, ese fervor se ha ido enfriando entre los escoceses, en gran medida debido a la caída del precio del petróleo, el aumento del déficit fiscal, la poca solidaridad con la causa escocesa en Bruselas, y las interrogantes económicas generados por el Brexit.

De acuerdo con el último sondeo de opinión sobre el tema, publicado hace poco más de un mes, 50% de los ciudadanos está en contra de un segundo referéndum, comparado con 37% que se mostró a favor.

Dicha encuesta también destacó que si, a pesar de ello, el referéndum se llevara a cabo, el margen de victoria del unionismo nacionalista sería mayor que el de 52% a 48% registrado en 2014.

Tras el anuncio, varios académicos y expertos constitucionales en Escocia reclamaron a Sturgeon abandonar la campaña independentista y concentrarse en las políticas internas.

El profesor Jim Gallagher, académico en ciencias políticas de la Universidad de Glasgow, consideró que el referéndum por el Brexit fue económicamente malo para Escocia, pero paradójicamente podría ofrecerle al país la oportunidad de mejorar su relación con el resto del Reino Unido, obteniendo aún más poderes autónomos.

El politólogo cree que Escocia podría formar una confederación con el resto de Gran Bretaña “que beneficie a ambas partes”.

Gallagher advirtió que una segunda consulta por la independencia escocesa podría crear divisiones sociales incluso más profundas que las causadas por el Brexit, aunque ello dependerá del tipo de divorcio que pacte Londres con Bruselas.

“El gobierno escocés debería utilizar nuevos poderes en áreas como la agricultura, la pesca y el medio ambiente, al tiempo de funcionar independientemente del Reino Unido, pero cooperando con la unión como iguales”, subrayó el experto.

La posición de Gallagher fue compartida por Alex Neil, exministro del SNP, quien consideró que Sturgeon debería hacer campaña por una “neo-independencia” para Escocia, abandonando un segundo referéndum al tiempo de utilizar el Brexit para obtener nuevos poderes.

Otros políticos nacionalistas también se mostraron en contra de “apresurar” la segunda consulta independentista en Escocia, incluyendo a Kenny MacAskill, exministro de Justicia.

MacAskill exhortó al gobierno escocés priorizar antes las políticas nacionales, mejorando áreas como la salud, la educación y la administración local, antes de emprender una campaña independentista con muchos riesgos para el futuro del país.

Tanto los conservadores, laboristas como liberales democráticos en Escocia consideran que un segundo referéndum independentista en el país “será una distracción enorme” a los problemas que enfrenta la nación, no sólo en el ámbito económico, sino también en el político, administrativo y social.

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