#PanamaPapers: El oscuro banco de la Reina Isabel II

LONDRES (apro).- La lujosa fachada del banco personal de la reina Isabel II de Inglaterra, Coutts, resplandece sobre la céntrica avenida londinense The Strand, mientras un elegante portero vestido con sombrero de copa y traje le abre la puerta a poderosos clientes.

Fundado en 1692 y considerado uno de los siete bancos más antiguos del mundo, Coutts es sinónimo de “discreción y lujo”, de acuerdo con la misma entidad.

Hasta el siglo XX, el banco era utilizado sólo por la nobleza y la aristocracia británica, pero actualmente su clientela incluye, además de la Reina de Inglaterra y poderosos empresarios, a políticos y ejecutivos de la banca internacional, entre otros.

Lo cierto es que Coutts, que desde el año pasado es propiedad del banco de inversión Union Bancaire Privéees, proveyó de oscuros servicios offshore a poderosos clientes corruptos, incluido un integrante de la familia real de Brunei, acusado de robar miles de millones de dólares de fondos públicos en su país, y un banquero condenado por ayudar a los hijos del depuesto presidente egipcio Hosni Mubarak en delitos financieros.

De acuerdo con documentos filtrados en los llamados Panamá Papers, Coutts manejó las transacciones financieras en paraísos fiscales del hermano menor del Sultán de Brunei, el príncipe Jefri Bolkiah, como también del banquero egipcio de fondos de inversión Hassan Heikal.
Una serie de correos electrónicos secretos entre Coutts y el despacho de abogados panameño Mossack Fonseca dejó al descubierto las transacciones ilegales entre el banco británico con sede en Londres y varios poderosos clientes internacionales corruptos.

Mossack Fonseca incluso consideró a esos clientes como “de alto riesgo” por lavado de dinero y corrupción.

Jefri, que entre 1986 y 1998 fue ministro de Finanzas del Sultanato de Brunei, había sido sentenciado por una corte británica a pagar 15 mil millones de dólares que sacó de un fondo de riqueza soberana de su país — que él mismo presidía–, en tanto que Heikal espera ser sentenciado tras haber sido acusado en 2012 por facilitar información privilegiada en transacciones financieras.

Ambos eran clientes exclusivos de Coutts en la isla de Jersey, un pequeño paraíso fiscal ubicado en el Canal de la Mancha, al sur de Inglaterra.

Las compañías offshore de ambos estaban activas hasta finales de 2015 y operaban millones de dólares.

Según los documentos filtrados, Jefri desvió miles de millones de dólares del fondo público Brunei Investment Agency para adquirir, a través de compañías fantasmas en paraísos fiscales, hasta 500 propiedades exclusivas en el mundo –entre ellas siete mansiones en el centro de Londres–, como también automóviles de lujo, cuadros de Renoir, Monet y Degas, cinco yates y nueve aviones privados Boeing 747 especialmente diseñados para transportar a sus caballos de polo.

Coutts habría ayudado al príncipe a manejar sus finanzas a través de cuentas en compañías fantasmas con sede en las Islas Vírgenes británicas, un conocido paraíso fiscal en el Caribe.

Cuando Mossack Fonseca se enteró de las actividades del príncipe, decidió dar un paso al costado como ‘agente intermediario’, al advertirle a Coutts que las compañías de Jefri “eran muy riesgosas” y que podían atraer la atención de los reguladores y las autoridades financieras.

“Las actividades entre el Brunei Investment Agency y el príncipe Jefri terminaron a finales de 2014, cuando ese fondo público aceptó que el príncipe había cumplido con los requisitos de la causa (para devolver parte de los fondos robados)”, explicó el abogado defensor de Jefri, David Sandy.

Desde 2008, las Islas Vírgenes Británicas requieren a los agentes mediadores de compañías proveer “sin demoras” a los reguladores, información sobre los propietarios y dueños de las llamadas empresas fantasmas.

Para cumplir con esos requerimientos, Mossack inició una auditoría junto a Coutts en junio de 2014, pidiéndole al banco británico que enlistara a todos los clientes que tenía en su sede de Jersey con compañías fantasmas.

La firma también solicitó información adicional como scans de pasaportes y evidencia de domicilio.

Los correos electrónicos del caso que aparecen en los Panamá Papers revelaron que gracias a demoras en ambas partes y debido a varios correos postales que se perdieron en el camino, se demoró hasta septiembre de 2015 para que se obtuviera la información requerida, 15 meses más tarde de lo debido.

Las revelaciones generan nuevos interrogantes acerca de la efectividad de los controles por parte del fisco británico a Coutts, que hace nueve años había sido multado con 9 millones de libras esterlinas (11.4 millones de dólares) por “graves errores” en sus cuentas con clientes de alto riesgo, incluidos aquellos con conexiones políticas y sospechosos de lavado de dinero.

Los reguladores indicaron entonces que esas fallas llevaron a ‘riesgos inaceptables’ por parte de Coutts a la hora de manejar ingresos provenientes de personas con supuestas actividades delictivas o criminales.

El banco privado de la reina Isabel II y varios de los miembros de la Familia Real británica admitieron que maneja cuentas de al menos 11 “clientes de alto riesgo”, incluido Hassan Heikal.

Hasta 2013, Heikal se desempeñaba como co-director ejecutivo de EFG-Hermes, uno de los mayores bancos de inversión del mundo árabe. El banquero egipcio, que tiene ahora prohibido salir de Egipto por una causa judicial en su contra, espera sentencia de una corte de su país junto con los dos hijos del expresidente Mubarak: Gamal y Alaa.

A través de su brazo financiero en Jersey, Coutts manejó dos compañías fantasmas en las Islas Vírgenes británicas para Heikal: Mmoni Investments Limited y Eydon Limited. Ambas contaban con cuentas bancarias en Londres a su nombre, y al menos una de ellas con Coutts.
Heikal, que renunció al frente de EFG-Hermes en octubre de 2013, niega todos los cargos en su contra, y ha reiterado que funcionó sólo como “mediador” en las actividades financieras de Gamal y Alaa Mubarak.

Tras las graves denuncias, Coutts dijo estar “al tanto” de la información y agregó que “monitorea de cerca la situación”.

“No vamos a hacer comentarios sobre casos individuales”, aclaró un vocero de la exclusiva entidad bancaria, cuyos clientes requieren depositar al menos un millón de libras esterlinas para poder contar con cuentas allí.

Sin embargo, confirmó que se hace responsable de cualquier “falla”, al indicar que toma “muy en serio” las leyes anti-lavado de dinero y las regulaciones anti-corrupción en el Reino Unido.

“Tomamos nuestras responsabilidades en el marco de las leyes contra lavado de dinero y corrupción muy en serio, y contamos con políticas para garantizar controles con las regulaciones en las jurisdicciones donde operamos”, destacó un comunicado del banco, que cuenta con 28 oficinas en el Reino Unido, y también en Zurich, Berna, Ginebra, Hong Kong, Montevideo, Singapur, Dubai, Jersey, Isla de Man, Mónaco y las Islas Caimán.

“Nuestros lineamientos a la hora de trabajar con individuos políticamente expuestos están en regla con las regulaciones anti-lavado de dinero, y nosotros tomamos medidas pro-acción sobre estos temas, que impactan a todos los bancos”, agregó la nota.

Por su parte, Eleanor Nichol, activista del grupo anti-corrupción Global Witness (Testigos globales), calificó de “asombroso” que justamente Mossack Fonseca –acusada por decenas de irregularidades a raíz del caso Panamá äpers– expresara preocupación por las transacciones financieras entre el príncipe Jefri y Coutts, y que el banco no hiciera nada al respecto.

“Después de todo, este es el banco de la Reina. Este caso genera serios interrogantes acerca de si las entidades bancarias del Reino Unido están cumpliendo como deberían con los estándares para controlar a sus clientes antes de aceptar su dinero”, afirmó Nichol.

El analista Stuart McWilliam, experto de Global Witness, sostuvo que a pesar de las promesas del gobierno, grandes cantidades de dinero “inundan los bancos británicos y no son investigadas”.

“La realidad es que los bancos juegan un papel integral a la hora de facilitar la corrupción, y esa es una de las principales razones por las que los países pobres siguen siendo pobres. Las personas con grandes cantidades de dinero sucio no lo esconden debajo de sus colchones, utilizan a bancos cómplices para hacerlo”, destacó.

Y denunció que al menos un 75% de los bancos británicos no hacen suficiente para impedir que ese flujo de dinero sucio ingrese a sus cuentas.

Comentarios