Fin de año plagado de riesgos

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El año 2016 termina dominado por el temor. Tanto en el panorama internacional como en las relaciones exteriores de México se acumulan problemas cuyas consecuencias pueden ser muy negativas en lo económico y en lo político. La incertidumbre respecto a las acciones que tomará el insólito presidente del país más poderoso del mundo es el elemento más perturbador.

Desde el punto de vista de la política internacional, el perfil de los miembros del gabinete elegidos por Donald Trump, así como las declaraciones y entrevistas en los medios de comunicación, indican una aproximación inesperada a la relación con aliados tradicionales de los Estados Unidos en materia de seguridad internacional. El ejemplo más visible es la crisis de confianza que se está gestando entre los países miembros de la Organización del Atlántico Norte (OTAN); la manzana de la discordia es la relación con Rusia.

El espionaje de Rusia en los sistemas de información para la contienda electoral en Estados Unidos que, según acusaciones del Partido Demócrata, tuvo el fin de favorecer el ascenso de Trump, es enormemente grave; pone en duda toda la legitimidad del proceso electoral en ese país. Soy escéptica respecto a la posibilidad de confirmar semejantes acusaciones. No por lo que toca al espionaje –que seguramente existió–, sino a sus intenciones, más allá de la siempre útil obtención de información. En todo caso se trata de sospechas que justifican los temores sobre el giro en las relaciones Rusia-Estados Unidos que inquieta seriamente a la mayoría de países de Europa.

La condena a Putin por la anexión de Crimea, la intervención en Ucrania y la animadversión hacia su presencia creciente en el Medio Oriente son posiciones difíciles de modificar. Se trata de puntos centrales de la política exterior europea, siempre interesada en contener los ánimos expansionistas de Rusia, exacerbados bajo el liderazgo de Putin.

La presencia creciente del presidente ruso como factor de poder en la situación del Medio Oriente ya es un hecho. Su apoyo para que Al Assad recuperara el control de la ciudad de Aleppo, considerado uno de los bastiones estratégicos de Siria, ha sido definitivo. Sin embargo, el asesinato en Turquía del embajador ruso por parte de un terrorista contrario a esa solución es una señal de las tensiones que se viven en la zona y de la espiral de violencia, aun más terrible, que puede mantenerse allí.

Con tales antecedentes, el nombramiento hecho por Trump como secretario de Estado de un alto ejecutivo de la empresa petrolera Exxon, que mantiene excelentes relaciones con Moscú y ha criticado la imposición de sanciones económicas, produjo un enorme desconcierto. No se pierde de vista que el nombramiento debe ser ratificado por el Senado, donde pueden producirse fuertes discusiones. Sin embargo, la mayoría republicana en ese órgano seguramente terminará por apoyarlo. ¿Se aproxima el mundo a una nueva época que podría evocar la Guerra Fría, pero esta vez teniendo en uno de sus polos el eje Rusia-Estados Unidos?

Mientras se exacerban así los temores de lo que representa Trump en la política internacional, las opiniones sobre los efectos en la relación con México siguen presagiando momentos muy difíciles. Ahora es el mismo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, quien en unos meses emigrará para dirigir el Banco de Pagos Internacionales en Suiza, el que advierte sobre la posibilidad de “una película de terror” después de la toma de posesión de Trump (Reforma 21/12/2016)

Terminado el respiro de las fiestas de fin de año, la preocupación por la manera en que se conduzca el diálogo con Estados Unidos por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto está presente en gran número de mexicanos. Existen sobrados motivos para tales preocupaciones. Años de manejar con enorme descuido la relación gubernamental con Estados Unidos no puede remediarse en pocos meses, ni hay señales de que se esté logrando.

Desde luego ha ocurrido un cambio en las ideas sobre cómo manejar de manera más eficiente los numerosos consulados de México en ese país. Tal ha sido la aportación principal de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Falta que se tenga el presupuesto adecuado para cumplir con los objetivos que se han fijado.

Eso es sólo una parte del problema. No existe coordinación entre las diversas secretarías que ejercen responsabilidades sustantivas en la relación con Estados Unidos; no se ha creado, o al menos no se ha dado a conocer, un grupo de expertos capaces de diseñar estrategias de corto y largo plazos para la relación con ese país en la era de Trump; no existen visos de un diagnóstico que dé prioridad a ciertos problemas y defina la conveniencia o no de interrelacionar las posiciones hacia ellos.

Como dato interesante, Trump invitó a cenar al empresario más rico de México, Carlos Slim. El encuentro es un antecedente claro de la “diplomacia empresarial” que sin duda será rasgo distintivo de la política exterior de Trump. No es un rasgo novedoso. Por lo contrario, el entendimiento con grupos empresariales forma parte de la diplomacia de la mayoría de países. Ahora bien, esa parte no es la única relevante en las relaciones México-Estados Unidos.

Las relaciones entre los dos países ocurren en un arco muy amplio de temas y actores. Varios de ellos no pueden resolverse sin la activa participación del gobierno. Es el caso de los problemas migratorios, los acuerdos en materia de seguridad interna, el manejo de las instituciones fronterizas, la renegociación o el status quo del Acuerdo de Libre Comercio. Asimismo, constituyen temas del diálogo a nivel gubernamental asuntos internacionales de gran relevancia como pueden ser los Acuerdos sobre Calentamiento Global o los compromisos con la No Proliferación de armas nucleares.

En otras palabras, es impensable que la relación empresarial pueda sustituir el diálogo entre gobiernos. Esos últimos son los encargados de fijar los límites y alcances de la soberanía de cada país. ¿Será posible que Trump entienda esto y, mejor aún, será posible que Peña Nieto lo tenga en mente al acercarse los primeros contactos con el gobierno de Estados Unidos en la era Trump? La incertidumbre sobre la respuesta a estas preguntas explica los temores existentes respecto a lo que tendrá lugar en el año que se aproxima.

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