PANAMA PAPERS GANA PULITZER

El silencio de Obama

WASHINGTON, D.C.- Las primeras huellas de una intervención cibernética rusa contra el Comité Nacional Demócrata (DNC) fueron detectadas y reportadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Buró Federal de Investigación (FBI) al presidente Barack Obama en septiembre de 2016, pero el mandatario estadunidense guardó silencio al respecto.

De acuerdo con el primer recuento oficial de los hechos –dado a conocer por la Casa Blanca y el propio Obama– ha­ckers rusos, presuntamente con el apoyo del gobierno de Vladimir Putin, pretendían vulnerar el sistema electoral estadunidense para favorecer la campaña presidencial del republicano Donald Trump.

“Fue en septiembre (pasado) cuando el presidente recibió el primer informe de inteligencia de la CIA y del FBI de que los rusos habían hackeado los sistemas computarizados del DNC”, informó la Casa Blanca en una teleconferencia de prensa, dos semanas después de la victoria de Trump en las elecciones del 8 de noviembre.

“Obama solicitó a la CIA y al FBI la entrega de un reporte oficial de inteligencia con los detalles de la injerencia rusa”, dijeron los funcionarios de la Casa Blanca en la teleconferencia que ofrecieron a condición de usarla sólo como “background information” (información de contexto, sin identificar a la fuente).

Las primeras filtraciones a los medios estadunidenses –como The New York Times y The Washington Post– por parte de funcionarios de los sistemas de inteligencia fueron muy imprecisas.

Tras la sorprendente derrota de Hillary Clinton, los medios dieron a entender –por la ausencia de detalles acerca del nivel y capacidad del hackeo ruso– que a Trump se le facilitó la victoria por la injerencia directa del gobierno de Putin.

El ahora presidente electo explotó: “Se pueden imaginar si el resultado de la elección hubiese sido opuesto (a favor de Clinton) y nosotros intentáramos jugar con la carta CIA/Rusia. A nuestra estrategia la llamarían: teoría de la conspiración”, escribió Trump en su cuenta de Twitter.

“A menos de que atrapes a los hackers en el acto, es muy difícil determinar quién hace el hackeo. ¿Por qué no se dio a conocer esto antes de la elección?”, apuntó Trump en un segundo tuit.

Cuatro días después de las rabietas cibernéticas de Trump, la Casa Blanca anunció una conferencia de prensa de Obama, la última de 2016 y tal vez de su mandato. El tema principal fue el hackeo ruso y su efecto en los comicios.

Un día antes de la conferencia de prensa de Obama, la Casa Blanca (nuevamente bajo el formato del background information) dio a conocer que los hackers rusos –con el respaldo del gobierno de Putin– manipularon los sistemas de cómputo del DNC, las cuentas de correo electrónico personal de John Podesta, jefe de la campaña presidencial de Clinton, y de otros altos funcionarios del Partido Demócrata, así como las del Comité de esa agrupación política en Florida.

“El hackeo ruso no influyó en el resultado de las elecciones, ni a nivel presidencial ni respecto de las candidaturas para gobernador y legisladores estatales y federales”, aseguraron los funcionarios de la Casa Blanca a los reporteros.

La aclaración del gobierno de Obama daba la razón a Trump, pero no detuvo las especulaciones. Una duda permaneció: ¿por qué el presidente no dio a conocer desde septiembre la intrusión rusa? En distintos foros, integrantes del equipo de transición del presidente electo denunciaron el silencio de Obama como una prueba de que el mandatario estaba seguro de que la ganadora sería Clinton y no Trump.

También hubo acusaciones en sentido inverso: durante toda su campaña, el próximo presidente de Estados Unidos no dejó de alabar y reconocer a Putin, calificándolo de “gran líder”. Aseguró que con él tendría una muy buena relación.

Obama, por su parte, aseveró que Clinton –de su mismo partido, el Demócrata– era la persona idónea para reemplazarlo, ya que Trump estaba incapacitado intelectualmente para dirigir a la mayor potencia mundial.

“Si Rusia u otra entidad estaba ha­ckeando, ¿por qué la Casa Blanca esperó tanto tiempo para actuar? ¿Por qué no se quejó después de que perdió Hillary?”, arremetió Trump en Twitter un día antes de la conferencia de prensa de Obama.

Ante los reporteros, el mandatario estadunidense admitió que la injerencia cibernética de los rusos sólo fue dirigida contra el DNC y personal de la campaña de Clinton. Obama aceptó que “el hackeo no influyó en el resultado de la elección”. Y aunque fue presionado por los reporteros para que lo dijera, rechazó culpar directamente a Putin de ser el autor intelectual del ataque. Obama pidió calma y esperar el reporte oficial que le entregarán la CIA y el FBI (posiblemente unos días antes de que Trump asuma el poder).

Ahora bien, el pasado 29 de diciembre, Obama –por medio de una orden ejecutiva– aplicó sanciones contra el gobierno de Putin.

Ordenó la expulsión de 35 “oficiales” (diplomáticos) rusos que estaban en Estados Unidos, el cierre de dos inmuebles (uno en Nueva York y otro en Maryland) utilizados por el gobierno de Putin, y dictó sanciones contra dos empresas privadas que presuntamente respaldaron el hackeo.

Putin respondió con mesura: anunció que no expulsaría a diplomáticos estadunidenses ni haría nada.

“Gran táctica de Putin –para decir que no tomaría acciones represivas–, siempre supe que era un hombre muy astuto”, señaló Trump en Twitter.

La reacción de Trump se tomó en Washington como el anuncio extraoficial de que después del 20 de enero –cuando asuma la Presidencia– Trump emitirá una orden ejecutiva para anular las sanciones impuestas por Obama.

El pasado martes 3 se suponía que Trump recibiría un informe especial de inteligencia sobre la injerencia cibernética, con evidencias de la participación del gobierno de Putin. Se lo entregarían James B. Comey, director del FBI, y James R. Clapper, director nacional de Inteligencia. Trump, de nuevo mediante Twitter, informó que la reunión con Clapper y Comey se había postergado hasta el viernes 6. “Muy extraño, tal vez necesitan más tiempo para construir un caso”, apuntó sarcásticamente el presidente electo.

En el Congreso federal la decisión de Obama de sancionar a los rusos cuenta con detractores y con apoyos.

John McCain, senador republicano por Arizona y presidente del Comité de las Fuerzas Armadas, avala el castigo a los rusos. Sin embargo, la mayoría de los legisladores republicanos, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, apoya a Trump.

Aseguran que no hay delito que perseguir si el hackeo no influyó en el resultado electoral y los afectados fueron sólo el DNC y funcionarios de la campaña de Clinton. La mayoría republicana en el Capitolio recomienda a sus enemigos políticos que contraten mejores servicios de protección computarizada, como el que tiene el Comité Nacional Republicano.

Entre la sesgada información que ofreció la Casa Blanca se aseguró, por ejemplo, que los hackers rusos entregaron a Julian Assange, fundador de la página cibernética WikiLeaks, el contenido de los correos electrónicos de la cuenta personal de Podesta y de otros funcionarios demócratas. Assange niega la acusación.

“Julian Assange dice que ‘un niño de 14 años de edad pudo haber hackeado a Podesta’. ¿Por qué no fue más cuidadoso el DNC? ¡También (Assange) dijo que los rusos no le dieron la información!”, tuiteó Trump el miércoles 4.

Al cierre de esta edición (jueves 5), no se tenían detalles de lo que Clapper y Comey informarían a Trump.

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