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Dos copetes de cuidado, Peña y Trump en el espejo

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Peña y Trump son un reflejo en el espejo: sus copetes se despeinan en el escenario del teatro El Vicio.

En un futuro inmediato, el conductor de noticias Nacho Lozano, anuncia la inauguración de la Torre Trump encima de los cimientos del palacio de Bellas Artes. Peña Nieto, interpretado por Cecilia Sotres, hace una fastuosa inauguración en la que Trump sólo estará cinco minutos. Un muro fronterizo construido por Grupo Higa, deportaciones masivas y la eliminación de la teoría evolutiva en los libros de texto, son el horizonte en el que se desarrollan las actuaciones.

La prisa de Trump por evadir a los mexicanos, lleva a los mandatarios a la azotea de la recién inaugurada Torre Trump donde quedan atrapados por un par de horas con Remigio, un albañil deportado de Estados Unidos. A la torre le faltan “detallitos” que convierten el ‘orita en la única medida de tiempo comprendida por los mexicanos.

Peña y Trump en lo alto de la recién inaugurada Torre Trump en la CDMX. Foto: Alejandro Saldívar

Peña y Trump en lo alto de la recién inaugurada Torre Trump en la CDMX. Foto: Alejandro Saldívar

A la altura de las nubes, los actores se retuercen como víboras al aire. La contaminación y la falta de combustible no permiten que el helicóptero del presidente de Estados Unidos logre aterrizar. El calor los lleva a quedarse en calzoncillos –con la bandera estadunidense– y el hambre a devorar unos frijoles fríos. En el escenario, Peña se construye a imagen y semejanza de su depredador: es un tipo ingenuo que sólo quiere caerle bien al extranjero. Un hombre servicial ante la mirada grotesca de una persona arrogante.

Remigio (Yurief Nieves) exhibe de cuerpo completo al mexicano: explota su fealdad, su desvergüenza y su podredumbre. Para Trump (Andrés Carreño) los mexicanos son su bestia, su bárbaro. Sin embargo, Remigio también es el indignado y el cancerbero del pueblo: “Ya va siendo hora que tomemos los controles para quitarlos de sus sillas, el pueblo trae la llave con la que los van a encerrar”.

En lo alto del edificio, el tiempo se prolonga en un diálogo musical que revela reclamos colectivos: “Peña Nieto asesino, el pueblo te odia por ser tan cabrón” o “Yo podré ser un fascista pero al menos soy famoso” o “Tu popularidad cae como el peso ante el dólar”.

Peña y Trump corren con una tarjeta de Soriana. Foto: Alejandro Saldívar

Peña y Trump corren con una tarjeta de Soriana. Foto: Alejandro Saldívar

Dos copetes de cuidado explora el límite entre la ironía, lo políticamente incorrecto y la administración del cinismo que lleva a una esterilización de la crítica en el paroxismo de la burla y la improvisación. Valdría la pena preguntarse ¿dónde se sitúa la línea divisoria entre la ironía y el gag de cabaret? El a ver, ¿ustedes que hubieran hecho?, el “ya sé que no aplauden” o “lo bueno casi no se cuenta pero cuenta mucho”, son algunas de las frases que la actriz ocupa para hacer reír a la concurrencia.

La narrativa teatral de la obra se desplaza a través de yuxtaposiciones con la película El niño y el muro (Ismael Rodríguez, 1965), donde los diálogos son subvertidos por los comediantes actualizando la vigencia de esa película de mediados del siglo pasado.

Inspirados en la película Dos tipos de cuidado (1952), las actuaciones, describen un panorama político donde la vanagloria y el egocentrismo afianzaron el culto a la personalidad en donde un simple espejo refleja el lenguaje coloquial de los marginados como espectadores de un talkshow.

La austeridad del escenario y la utilería son un reflejo de un país que es capaz de instalar una torre neoliberal sobre los pilares de un Palacio de Bellas Artes saqueado y abandonado: una nube que se ilumina con la luz de una luciérnaga moribunda.

Dos copetes de cuidado se presenta en el teatro-bar El Vicio, en dos únicas funciones el 20 y 27 de enero próximos.

Donald Trump le ruega a Remigio que le de un taco. Foto: Alejandro Saldívar

Donald Trump le ruega a Remigio que le de un taco. Foto: Alejandro Saldívar

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