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Diego Amador, el “Mozart del flamenco”

De sobrenombre El Churri, este intérprete del instrumento y cantaor nacido en 1973 en un barrio humilde de Sevilla, heredero de una antigua y sólida tradición flamenca, ya es conocido del público mexicano, pero se le verá de nuevo próximamente en varios conciertos. En su conversación con este semanario expone su trayectoria, sus influencias, sus preferencias… Lo halaga la designación de Mozart del flamenco, pero prefiere calificarse como “un fustigador de mí mismo”

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Pasión, desahogo, recompensa y satisfacción supremas.

Tal es el sentir del pianista sevillano y cantaor Diego Amador a la hora de interpretar su flamenco puro ante el público, con los “palos” (ritmos) de estilo andaluz que aprendió desde pequeño en el barrio bravo de las Tres Mil Viviendas, inoculado por una gran familia gitana de solera musical donde nació el 18 de junio de 1973, siendo bautizado como El Churri.

“El sobrenombre me lo puso la cantaora de flamenco Aurora Vargas, primera bailaora de Antonio Gades, nacida en el barrio sevillano de La Macarena, en 1956. Las mujeres me tenían siempre en un concepto de que yo era muy gracioso, que iba como siempre desnuíto y riéndome, porque era el más chaval de los ocho hermanos Amador que tuvo mi madre, Encarna”, dice El Churri con sonrisa permanente.

En reciente visita a la Ciudad de México con su hijo (Dieguito Amador, quien toca el cajón y lo apodan también Churri) en la banda que lo acompañó para un programa de Canal 22 al Centro Cultural Roberto Cantoral, presentando su grabación a dueto con el sonero venezolano Oscar D’León “La sandunguita” (anticipo de su próximo disco Soy de las Tres Mil –Alacrán Records, LLC–, Diego Amador promete ofrecer varios conciertos “muy pronto” en nuestro país (ver http://diegoamador.com/es/).

“Me ha gustado mucho el concierto en el Roberto Cantoral grabado para la televisión cultural mexicana, aparte de que México me emociona bastante. Yo sé que la gente aquí adora el flamenco, fíjate cómo trataron a Paco de Lucía, tuvo media vida por acá y en Cancún murió (2014).”

–¿De dónde proviene su herencia gitana?

–Mi padre era de Almería y mi madre de Málaga; ella era amiga de Carmen Amaya, la gran bailaora gitana de flamenco, y de su prima La Chunga. Se criaron en el barrio Somorrostro de Barcelona, en Las Chabolas, al lao de la playa donde se hizo la película Historia de los Tarantos (1963) protagonizada por Carmen (Angustias) y Gades (Mojigondo).

“Nací en un barrio muy humilde pero con mucho arte, de gente sencilla, ahí en Las Tres Mil se ha fraguao todo el flamenco, la música callejera de guitarra y todos somos como una familia. Mi madre, como todas las de la barriada, dejaba las puertas abiertas para que entrara uno u otro a comer cerdo y tomar vino, quien fuera, y en la calle se armaban las candelas.”

Amador ya había actuado en México “hace ya como siete u ocho años en un Festival del Flamenco, no recuerdo bien porque ahí sí que con eso de las fechas soy muy malo”.

–¿Qué piensa cuando le dicen a usted que es el Mozart del flamenco o el Ray Charles gitano o el Stevie Wonder de la música andaluza?

–Bueno, a mí me da mucha risa, porque de niño me dije: “Yo quiero subirme al escenario y ser un artista profesional”. Claro, tuve que aprender primero a tocar guitarra, luego batería y por fin el piano, pero ¿sabes qué pasa? Nunca me he puesto en la cabeza eso de que ya lo he aprendido…

“Y solamente me doy cuenta de que no he aprendido cuando me preguntan aquello de que si soy el Stevie Wonder o el Ray Charles del flamenco, o que soy un genio y me comparan cual ‘Mozart gitano’, digo, ¡se están pasando! Aunque es verdad que hago algo especial en la música andaluza, mejor o peor, pero sí me siento muy halagado de ser comparado con los grandes.”

Cantor de Alegrías

Espiritual, desprendido, cantor de alegrías y alquimista de géneros que van del cante jondo al rock y a la improvisación jazzística, El Churri es una rara avis quien jamás se expresa peyorativamente de otro músico.

“Es el cimiento que me dejó mi padre, Luis. A mí y a mis hermanos nos dijo la primera vez: ‘¿Tú quieres ser artista, no? Lo primero que tienes que aprender es amar a tu compañero. Todo el mundo cuenta. Cada uno hace lo que puede en la música, que tu boca no diga: Este tío es muy malo tocando palos. Nunca juzgues a nadie y siempre de aquél que tengas al lao sé un buen anfitrión. Míralo antes que a ti’.

“Y eso es lo que me pasa a mí, por lo menos. Cuando tengo a un músico al lao trato de que se sienta bien, pero sale de corazón, te lo juro que no quiero quedar bien, no. A mí me hace feliz de ver al que está al lao, por eso el público se conecta con mi música… Aunque seas el mejor del mundo, si tú no transmites esa humildad, ese respeto por el que te viene a ver la gente o por el que tienes al lao, eso nomás nunca va.”

–¿Qué siente usted al tocar?

–¡Uh, de todo, de todo…! Más que nada pasión, satisfacción, como un desahogo, es la suprema recompensa de cada día tras haber estado tanto tiempo en un cuarto estudiando piano por años, porque yo soy un fustigador de mí mismo. Soy muy crítico y siempre pienso que lo puedo hacer mejor. Y siempre quiero una escala limpia, andar bien de tempo, dar una función impecable. Yo me exijo bastante.

–En flamenco un buen guitarrista puede ser un intérprete algo “sucio”, como se dice, al golpear el instrumento; pero su piano suena bien depurado.

–Luego de escuchar los cimientos de un Sabicas (1912-1990), digamos, o del Niño Ricardo (1904-1972) y los antiguos de la gran guitarra flamenca, mis referencias mayores por su limpieza han sido, creo, un Paco de Lucía…

E inmediatamente agrega tres tecladistas norteamericanos: “el piano de Chick Corea” (Massachusetts, 1941), “y en otro ámbito”: Herbie Hanckock (Chicago, 1940) y Art Tatum (Ohio, 1909-Los Ángeles, 1956).

“La precisión de Chick Corea la mezclo exactamente con la limpieza de la guitarra de Paco de Lucía, y por ello a menudo tengo una pelea con la afinación del piano, porque a los afinadores les demando mucho que mi piano tiene que estar perfectamente afinado. Yo conozco a Chick Corea y he tenido la gran suerte de tocar con él en el Festival de Jazz en San Sebastián.”

Añade entre sus consentidos al guitarrista de jazz Pat Methany (Misuri-1954), “que es otro de mis maestros que he estudiado a fondo”, y a Charlie Haden (Iowa, 1937-Los Ángeles, 2014), “uno de los contrabajistas fundamentales del jazz contemporáneo”, quien le pidió hacer arreglos a su música para una gira por la península ibérica.

“Se interesó mucho en el flamenco y quería ponerle a su música los palos del flamenco. Por ejemplo, al tema suyo ‘First Song’ (Primera canción) yo se lo hice por soleá, ¿no? Se la dediqué a él en el show de Canal 22: ‘A tito Haden, de cariño’, pues en el flamenco es como hablamos los gitanos de alguien mayor, le decimos ‘el tío’, el tiíto, como expresión de respeto, y a él yo lo he tratado como un gitano de la vieja guardia.”

En artículo del 19 de febrero del 2012 del Chicago Tribune acerca de Diego Amador, Howard Reich escribió:

“Amador puede apilar líneas de flamenco en la mano derecha por encima del creciente ritmo de jazz en su izquierda; o aplicar una ultra sofisticada armonía de jazz a la intrincada y melismática melodía flamenca; o revelarse en exuberantes acordes de blues; o dibujar encima del vocabulario musical del maestro clásico español Isaac Albéniz; o producir gruesos racimos de sonidos de sonido inspirados en Charles Ives; o barrer el rango completo del teclado a la manera de Cecil Taylor.”

El Churri tocó en Pata Negra, agrupación de blues, rock y flamenco fundada en el barrio las Tres Mil Viviendas hacia 1978 por sus hermanos mayores Raimundo y Rafael Amador, tras tronar el grupo Veneno del que también formaba parte el genial Kiko Veneno (Proceso 1070 y 1198).

–¿Cuántos discos grabó en Pata Negra con sus hermanos?

–En el último, porque yo era muy chico. Fue en Como una bala verde (1995) y ahí no estaba Raimundo ya, era un disco sólo de Rafael. Y después grabé en casi todos los de Raimundo, digamos que le ayudé a mi hermano a hacer los arreglos de la banda en directo.

La amplia conversación con El Mozart del flamenco en el Breakfast de la colonia Roma parece interminable. Se va con la mención honorífica al enorme cantaor Jorge Monge Cruz, alias Camarón de la Isla (1950-1992), y el guitarrista de flamenco Tomatito (José Fernández Torres), nacido en Almería:

“Tomatito fue amigo de mis hermanos junto a Camarón, él iba a veces a mi casa en busca de mi hermano Raimundo y eran amigos con mi hermano Rafael; pero además, le tocaban la guitarra a Camarón, y Tomatito nunca ha dejado de ser como de mi familia, hemos tocado mucho juntos, en giras…

“Pero entre gitanos musicales hay muchas familias más: los Porrina, los Habichuela, los Ketama… primero porque somos como gitanos rancios, de raíces potentes; y después, como músicos del arte flamenco. Los gitanos siempre les tenemos respeto a quienes conocemos en el flamenco. Es nuestra vida.”

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