Curiosidades del Constituyente de Querétaro (1916-1917)

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- El 2 de febrero de 1916, el primer jefe del Ejército Constitucionalista y del Poder Ejecutivo de la Unión, general Venustiano Carranza, expidió un decreto declarando a la Ciudad de Querétaro como capital provisional de la República Mexicana, durando con ese carácter hasta el 12 de marzo de 1917.

“Esta histórica ciudad donde tuvo fin una de las luchas más trascendentales de nuestra patria, será ahora el lugar destinado a ser el fin de la Revolución más grande de México”, escribió Carranza en el libro de visitas del Museo Histórico de Querétaro en 1916.

Justamente el 19 de septiembre de aquel año, Carranza convocó a un congreso constituyente que fue celebrado entre acaloradas discusiones en el Teatro Iturbide de la capital queretana, hoy Teatro de la República, donde hace un siglo se promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Enseguida, ofrecemos fragmentos del recuento histórico (no exento de curiosidades estadísticas) elaborado por el doctor Andrés Garrido del Toral, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), en su libro Episodios Queretanos (1996), acerca de este hecho trascendental para la vida política de México.

Historial y estadísticas

La convocatoria para el Congreso Constituyente fue firmada el 19 de septiembre de 1916 y la elección de los diputados tuvo lugar el domingo 22 de octubre de ese mismo año, siendo el estado de Campeche el único que no envió a ningún diputado a pesar de que resultaron electos Herminio Pérez Abreu y Juan Zubarán.

Asistieron a Querétaro 219 diputados constituyentes según las listas tradicionales; pero es fácil comprobar que no todos cuyos nombres se ostentan en el Teatro de la República asistieron cuando menos a una sesión y podemos citar como ejemplo a Francisco Ortiz Rubio, diputado por Michoacán, que nunca estuvo en Querétaro como constituyente.

Las sesiones previas del Congreso Constituyente debieron iniciarse el 20 de noviembre de 2016, pero por falta de quórum tuvieron lugar hasta el día siguiente. Se realizaron del 21 al 26 en la Academia de Bellas Artes y del 27 al 30 en el antiguo Teatro Iturbide.

El estado que más diputados envió fue el de Jalisco con 21, seguido de Guanajuato que envió 19, y Michoacán y Veracruz con 18 cada uno. Los estados que sólo enviaron un representante fueron Baja California, Colima y Chihuahua. Los diputados constituyentes de Querétaro fueron Juan N. Frías por el Distrito de Querétaro; José Ma. Truchuelo, por el Distrito de Cadereyta, y Ernesto Perusquía por el de San Juan del Río, faltando solamente de elegir su representante el Distrito de Jalpan, ya que Querétaro cumplía los requisitos de población para enviar hasta cuatro diputados.

Las sesiones del Congreso Constituyente fueron 66 ordinarias, una sesión permanente que tuvo lugar los días 29, 30 y 31 de enero de 1917, y una sesión de clausura, así como otra de promulgación. No hay que confundir la protesta con la promulgación, ya que la primera tiene como objeto comprometer a la autoridad a guardar y hacer guardar las Constitución, y la segunda es un acto federatario donde el Ejecutivo certifica que el Poder Legislativo envía una ley nueva para su publicación. La protesta de la Constitución de Querétaro sucedió en la tarde del 31 de enero de 1917, y la promulgación el 5 de febrero de ese mismo año.

El Constituyente inició trabajos el 1 de diciembre de 1916 y los terminó el 31 de enero de 1917. El día que más artículos se aprobaron fue el 21 de enero con un total de 19.

El día de mayor asistencia se dio en la sesión del 14 de diciembre con 185 diputados, ya que Carranza había asistido el día anterior y pensaron que podía volver en la fecha señalada para a la discusión del 3° constitucional.

Los diputados realmente ganaban 15 pesos diarios en oro, aunque la convocatoria del Congreso Constitucionalista señalaba la cantidad de 60 pesos diarios más, gastos de viajes de ida y regreso.

En el seno del Congreso Constituyente de Querétaro se encontraban dos facciones: los renovados o carrancistas, encabezados por José Natividad Macías, Luis Manuel Rojas, Lorenzo Sepúlveda y Félix F. Palavicini, y los jacobinos u obregonistas quienes no tenían un líder formal, pero cuyos representantes más connotados eran Francisco J. Mújica y Heriberto Jara. Mientras los renovadores representaban un tercio del Constituyente, los jacobinos llegaron a detentar las dos terceras partes restantes.

Entre los constituyentes había un mexicano por naturalización que fue Rubén Atalaya, por el Estado de México, cuyo padre era cubano.

El día 22 de diciembre tuvo lugar la votación más numerosa (193 votos) y fue cuando se aprobó el Artículo 9° de la Constitución, resultando 127 votos a favor por 26 en contra.

Perfiles y anecdotario

Juan de Dios Bojórquez relató en su libro Crónica del Constituyente (Gobierno de Querétaro/Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana/Secretaría de Gobernación, México. 1990) las características personales de los diputados, resultando:

El general Salvador González Torres como el más elegante; Ciro B. Ceballos como el más bohemio; Palavicini como el más petulante; Emiliano Navarrete como el más ininteligible a la hora de decir sus discursos (cantinflesco); Luis G. Monzón como el más aburrido, y José Natividad Macías como el más antipopular, a pesar de su sabiduría y al que se debe el proyecto de Constitución presentado por Carranza. El más fodongo para vestir era el yucateco Antonio Ancona Albertos.

El último diputado en llegar al Congreso Constituyente fue Gabino Bandera y Mata, cuya elección fue calificada hasta el 25 de enero de 1917.

En el transcurso de las sesiones murieron los diputados José E. Franco, el 30 de enero, día en que se aprobó el Artículo 123 de la Constitución; y David Peñaflor, quien falleció el 8 de febrero de 1917 al ser asaltado cuando iba de regreso a su natal Irapuato.

Los constituyentes Juan Aguirre Escobar y José J. Reynoso eran tan gordos que rompieron sus sillas con su peso. (…)

El diputado Froylán Manjarrez fue el más joven que acudió al Constituyente, ya que había nacido en 1894; y el más viejo al momento de acudir fue Rafael Cañete, nacido en abril de 1856.

El nombre oficial que se le dio a nuestra constitución fue el de Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 5 de febrero de 1857. Y es que, aunque de hecho se hizo una nueva constitución, se tuvo que agregar la referencia antes citada para quedar dentro de la competencia que su norma creativa había impuesto al órgano constituyente, recordando que la convocatoria y el proyecto de Carranza hablaban simplemente de reformas a la Carta Magna de 1957.

Ciento cuarenta y cinco diputados eran abogados, profesión predominante en el Congreso, si bien sus dos líderes auténticos, Mújica y Jara, no eran jurisperitos; pero sí dotados de una gran cultura y sentido común. Hasta un actor de la compañía de doña Virginia Fábregas asistió: Alfredo Solares, diputado por Veracruz.

El único artículo que no fue votado fue el 130; inexplicablemente la Comisión de Redacción y Estilo, y la Comisión de Caligrafía lo dieron por aprobado.

El órgano oficial de comunicación del Congreso fue el Diario de los debates, dirigido por Fernando Lizardi, Ernesto Meade Fierro y Rafael Martínez (alias RIP RIP). Además del diario oficial, cubrieron la nota periodística las siguientes publicaciones: El Constituyente, El zancudo, New York Times, Asociated Press, El pueblo y El camote.

La edad promedio de los constituyentes al momento del Congreso fue de 35.8 años, y la de fallecimiento, de 64. Los nombres más comunes entre ellos eran: José (15), Antonio (9), Juan y Francisco (8). Los apellido más repetidos fueron los de González, López, Villaseñor y Aguirre (cinco veces cada uno).

Habían pactado los constituyentes que cuando sobrevivieran solamente dos de ellos, se tomarían una botella de champaña, firmada por Venustiano Carranza al término del Constituyente, y el destino dispuso que los últimos sobrevivientes fueran Celestino Pérez y Pérez, y don Jesús Romero Flores.

Por dos motivos nunca se tomaron la botella citada: por prescripción médica, dado lo avanzado de su edad, y porque el frasco de la champaña se gasificó. Celestino murió el 27 de marzo de 1982, a los 88 años de edad, y don Jesús el 1 de noviembre de 1987, a los 102 años.

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