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Mexicali y #VibraMexico, dos caras de la movilización

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La capital de Baja California, entidad de 3.3 millones de habitantes, tiene una población de apenas 690 mil personas. A pesar de eso, en el mes de enero Mexicali fue el epicentro de una insurrección ciudadana. En tres movilizaciones masivas llegaron a concentrar 15 mil, 20 mil y más de 40 mil personas en la Plaza Cívica. De ahí surgió un movimiento que hasta ahora persiste.

El movimiento en Mexicali inició con demandas locales contra la Ley del Agua, el reemplacamiento y el incremento del impuesto predial, hasta llegar a una agenda nacional en contra del gasolinazo, la privatización del agua y la corrupción del gobierno de Francisco Kiko Vega de Lamadrid.

Todas las convocatorias se realizaron a través de redes sociales, en especial, de Facebook, hasta convertir a la página #MexicaliResiste en el sitio de información, convocatoria y movilización más eficaz que se ha articulado en esta entidad. Los activistas y ciudadanos que participan vienen de múltiples experiencias. El valor de ellos es la diversidad de sus orígenes y de sus agendas, no su uniformidad ni su adscripción a algún partido.

Con una población 20 veces mayor, en la Ciudad de México se convocó a una magna movilización el domingo 12 para protestar contra la política de Donald Trump, para demostrar “unidad nacional” y respaldo al gobierno mexicano frente al discurso agresivo, racista y antiinmigrante del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Como reportaron los medios, fueron menos de 20 mil personas las que salieron a manifestarse en torno al Ángel de la Independencia.

La marcha #VibraMexico parecía que iba a generar una gran movilización de las clases medias y medias altas, similar a la multitudinaria marcha que se registró en 2004 contra la inseguridad pública en la Ciudad de México. Muchos de los convocantes eran los mismos. Se pidió a la gente acudir de blanco y portar pancartas “neutras” que, en buen cristiano, significa no ser demasiado rudos contra el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Se agruparon más de 70 organizaciones, entre defensores de derechos humanos, organizaciones dedicadas a la transparencia y rendición de cuentas, defensores de las víctimas y el gran paraguas institucional que fue Mexicanos Contra la Corrupción, el CIDE, la UNAM y algunas universidades privadas más.

#VibraMexico fue arropada por Grupo Televisa. En sus espacios informativos se habló generosamente de esta movilización. La Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión se adhirió al acto y prometió difundir el Himno Nacional a las 14 horas, de manera simultánea a la manifestación en torno al Ángel de la Independencia. Se sumaron más de 15 entidades, pero sólo en nueve se realizaron marchas significativas, especialmente en Guadalajara, donde más de 10 mil personas corearon consignas contra Trump, pero también contra el gasolinazo.

¿Qué falló con #VibraMexico? ¿Existe alguna relación o diferencia entre las movilizaciones de Mexicali y las de este domingo 12 de febrero?

Un análisis más allá de las pasiones personales, protagonismos o diferencias de enfoques, nos indica que una movilización contra Donald Trump sin plantear puntos concretos de la agenda nacional y local es un parque temático que no convoca a la mayoría de los ciudadanos, mucho menos en una urbe como la Ciudad de México, escenario de múltiples marchas de la CNTE, en apoyo a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, contra la corrupción y, sobre todo, contra el gobierno de Peña Nieto.

En términos generales podemos enunciar tres grandes errores de esta marcha:

1.- El primer gran error de los convocantes de #VibraMexico fue hacer a un lado el problema que molesta e indigna a la gran mayoría de los mexicanos: el gobierno de Enrique Peña Nieto. La agenda y el discurso agresivo de Trump contra los mexicanos y el país no están separados de la percepción de debilidad, entrega y colaboracionismo del propio peñismo.

En los días previos a la marcha se divulgó información sobre el contenido de la llamada telefónica de Peña Nieto con Donald Trump. Lejos de reiterar un rechazo abierto y frontal a la construcción del muro, al envío o “ayuda” de militares norteamericanos a nuestras fronteras o de replantear la línea estratégica de la “integración” con Estados Unidos, el canciller Luis Videgaray y el jefe del Ejecutivo han seguido insistiendo en las buenas formas frente a Trump, mientras todo parece indicar que el republicano aprovechará esa debilidad entreguista que no tiene indicios de cambiar.

Frente al temor de que la marcha #VibraMexico fuera contraproducente para Peña Nieto, desde Bucareli y la sede nacional del PRI impulsaron a una paraestatal de los “representantes ciudadanos” como es la señora Isabel Miranda de Wallace para que ella misma convocara a otra movilización con el nombre #MexicanosUnidos. Logró su cometido: fragmentar y confundir a los interesados. La principal fractura no vino de los analistas o comentaristas de las izquierdas sino del seno de la propia constelación de convocantes.

En la encuesta levantada en la página de www.proceso.com.mx, 84% de los consultados opinó que no asistiría a la marcha. Justo el mismo porcentaje de personas que desaprueban el gobierno de Peña Nieto en varias otras encuestas.

2.- El segundo error fue el manejo de la convocatoria en redes sociales. Exactamente a la inversa del movimiento en Mexicali, los convocantes de #VibraMexico confundieron la figura de los influencers (término utilizado para indicar a personajes o cuentas con muchos seguidores en Twitter o Facebook) con la de los ciudadanos reales. Los influencers (anglicismo de connotaciones mercadológicas) sirven para “vender” o promover marcas, no marchas.

#VibraMexico se mencionó más de 300 mil ocasiones en Twitter, pero 80% de los comentarios fueron negativos, según el análisis de Alfonso Cedeño en El Universal. En la página de Facebook esta cuenta sólo tiene mil 758 seguidores. La página de #MexicaliResiste en Facebook tiene 13 mil 28 seguidores y no se alimenta de personalidades públicas sino de transmisiones en vivo sobre la agenda de más de 11 puntos que manejan. Gracias a las transmisiones que realizaron el lunes 13 llamaron la atención sobre la represión y la detención de 13 de sus dirigentes, liberados tras 11 horas.

  1. El tercer error fue confiar en la capacidad de convocatoria de Televisa y de las estaciones de radio privadas. En plena etapa de crisis de credibilidad, de audiencia y de contenidos de los medios analógicos, los convocantes de #VibraMexico aún viven en el lago de Narciso del medio masivo.

El desplazamiento de la opinión pública de la pantalla televisiva a la pantalla de los teléfonos celulares, de los iPads y de las computadoras es acelerado y no tiene que ver con asuntos de diseño, de influencers, de boots o de troles sino de demandas concretas, de deliberación y de puntos de vista.

Quizá pensaron que se podía reproducir el fenómeno de los XV años de Rubí: una pachanga convocada desde Facebook sobre la cual se montó un gran despliegue televisivo, radiofónico y de medios impresos para festejar la banalidad de las redes. De hecho, hubo más asistentes a esta fiesta teleproducida que a la marcha de #VibraMexico.

Eso funciona en el mundo del espectáculo o el montaje de “acontecimientos”, pero no en la disputa por la opinión pública, por la agenda de problemas y causas concretas que mueven a los sectores informados.

Paradójicamente, el movimiento de Mexicali ya ocupa un sitio en los medios masivos después de ser ignorado o minimizado frente a las múltiples protestas contra el gasolinazo, precisamente por su eficacia para difundir sus demandas en redes sociales.

Los agravios nacionales no se borran con buenas intenciones o con la amenaza de Donald Trump. El principal muro por derrumbar es entre unas autoridades y una élite mediática que viven como zombis y una sociedad que se moviliza más allá de convocatorias televisadas.

Comentarioswww.homozapping.com.mx

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