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El mensaje que se mandó desde Querétaro

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En la foto de la celebración del Centenario de la Constitución, en el Teatro de la República de Querétaro, con Peña Nieto acompañado de su gabinete y algunos gobernadores, apenas se divisa a la gobernadora Claudia Pavlovich en la última fila. En un país donde más de la mitad de los habitantes son mujeres, los puestos más poderosos en el gobierno siguen ocupados casi en su totalidad por hombres. ¿Qué mensaje simbólico manda esta foto? ¿Las mujeres que la ven se sienten representadas? ¿Qué es lo prioritario en una representación política para que sea justa, que sea descriptiva o que sea sustantiva?

Hace casi 20 años Jane Mansbridge escribió un agudo ensayo donde se formulaba esa pregunta. Según esta politóloga, a los “grupos menos favorecidos” les gusta estar representados por personas que en su propia historia hayan vivido algunas de las experiencias frecuentes del grupo desaventajado. Ese tipo de representación se califica de descriptiva. Ahora bien, Mansbridge recuerda que la función principal de la democracia representativa es representar los intereses sustantivos de las personas, y en ocasiones hay personas que tienen, por una serie de razones (mayor conocimiento o experiencia política), más capacidad para representar y defender los intereses de un determinado grupo de ciudadanos, que una persona que pertenece a dicho grupo.

¿Qué es mejor? ¿La participación de representantes descriptivos o de representantes sustantivos, con conocimiento de la problemática de dicho grupo social? Mansbridge responde que depende del contexto y va más allá de un acercamiento dicotómico. No se puede optar, de una vez y para siempre, por alguna de las dos formas de representación: es necesario tener una aproximación contextual. Según la politóloga, la representación descriptiva es importante en cuatro circunstancias: para alentar una adecuada comunicación en contextos de desconfianza grupal, para introducir ideas innovadoras en contextos donde los intereses no están bien articulados, para darle un sentido social de capacidad de mando a los integrantes de un grupo en contexto donde esa capacidad ha sido seriamente puesta en duda y para aumentar la legitimidad política de facto en contextos de discriminación. Esas cuatro circunstancias estaban presentes en la celebración de Querétaro.

Por eso sorprende que no se les haya ocurrido a los políticos varones poner a Claudia Pavlovich más visible e invitar a otras figuras femeninas. Al ceñirse al protocolo en función de los cargos, Peña Nieto, su gabinete y los gobernadores no visualizaron el mensaje simbólico que manda esa composición casi totalmente masculina en un contexto de celebración constitucional. Esa ceguera muestra su ausencia de sensibilidad política en un contexto que reúne las cuatro circunstancias. Si además de los representantes gubernamentales se hubiera invitado a representantes de la sociedad, que equilibraran simbólicamente la representación nacional con mujeres, la foto hubiera transmitido otro mensaje.

La representación descriptiva de grupos específicos suele producir beneficios que van más allá del sistema político. Ahora bien, esa representación favorece la creencia esencialista de que solamente quienes comparten la misma condición (mujeres, indígenas, homosexuales, ancianos, jóvenes, etc.) son capaces de representar cabalmente a su grupo. Dicha suposición es errónea, no sólo por esencialista sino porque plantea la posibilidad de representación en la identidad y no en el conocimiento.

Las cuotas para mujeres son un mecanismo de la representación descriptiva que tiene beneficios pero también costos, y hay que entender cuándo unos exceden a los otros. En ocasiones se ha elegido a mujeres simplemente para llenar la cuota, únicamente por su cuerpo de mujer y no por un conocimiento de la problemática femenina o una trayectoria de defensa de los derechos de las mujeres. Los ejemplos históricos de que cuerpo de mujer no garantiza perspectiva feminista son muchos.

Además, la representación descriptiva no registra la diversidad de mujeres: distintas clases sociales, edades, condiciones étnicas y, sobre todo, posturas ideológicas. Las mujeres son distintas entre sí y no es posible que una mujer las represente a todas.

Una mujer habla marcada por una cultura, una clase social, una pertenencia étnica, cierta sexualidad, una ideología política, una religión, en fin, una historia y una posición específicas. Por eso Mansbridge plantea la importancia de formas selectivas de representación descriptiva. O sea, una mujer, sólo por ser mujer, no siempre puede representar los intereses políticos de otras mujeres, por ejemplo de las campesinas, las lesbianas o las estudiantes. Una representación adecuada implica elegir a una persona que conozca bien la situación específica de esos grupos, capaz de defender sustantivamente sus intereses y si además es mujer ¡qué mejor!

La representación es parte del proceso democrático. Una buena representación de la diversidad de posturas y problemas mejora la calidad de la deliberación política. Pero también la representación tiene un significado simbólico y manda un mensaje. ¿Acaso no se ve el mensaje que se mandó desde Querétaro?

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