Bosco Sodi en el Museo Anahuacalli

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con una propuesta curatorial que se apropia del potencial narrativo del espacio diluyendo el protagonismo de las obras expuestas, la muestra Elemental: Bosco Sodi es una exhibición que, paradójicamente, transparenta el concepto esencial y creativo del artista.

Contradictorio en los inicios de su trayectoria por la burda torpeza de sus coloridas texturas, Bosco Sodi (1970, Ciudad de México) se ha transmutado en un interesante creador de materias y formas cromáticas. Inspirado en la estética oriental Wabi-sabi, Bosco Sodi ha logrado fusionar la imperfección, simplicidad y rudeza de ciertos procesos y materiales naturales con una seductora belleza que se impone por la emotiva experiencialidad del color. Exaltados por la textura que se ve y las referencias simbólicas que se evocan, sus superficies cromáticas se convierten en entes protagónicos que, silenciosamente, vinculan naturaleza, humanidad y transitoriedad. En sus obras el tiempo no existe. Y aun cuando hay testimonios visibles de un pasado muy lejano –como tierras de diferentes entornos y rocas volcánicas–, su encubrimiento y transformación convierten a los fragmentos naturales en extrañas presencias totémicas.

Concebida por Dakin Hart (curador del austero, espiritual y escultórico Museo Noguchi de Long Island, NY), la muestra se centra en la comparación del Anahuacalli con el interior tanto de un volcán en erupción como hipocausto –sistema de calefacción en la antigüedad romana–. Invadido en sus pétreos y negros interiores con diversas instalaciones que, a través de rocas volcánicas vidriadas en rojo, naranja y dorado significan flujos de lava o tesoros encontrados, el museo alterna su extraordinaria colección de piezas prehispánicas y su fascinante arquitectura de rocas volcánicas con las piedras de filosos cantos y pequeñas dimensiones recubiertas por el artista. Con instalaciones verticales de ladrillos que por sus dimensiones parecen fragmentos de polines, Bosco Sodi hace referencia al sistema de hipocausto. Y, en los espacios exteriores, además de sus conocidos y enormes cubos de barro cocido que se enciman uno sobre otro, destacan otros cubos que, como si fueran esculturas suaves, se amontonan evocando los procesos de derretimiento de un material.

Oscilante entre la apropiación de la naturaleza y su transformación humana en un objeto de extraña, inútil y artificial belleza, la exposición Elemental: Bosco Sodi no respeta el origen elemental de lo natural. Por el contrario, remite a la necesidad humana de poseerla, intervenirla e interpretarla a través de distintas ideas y procesos que, en el caso del artista, seducen por la elegante y emotiva expresividad de un orden que en sus formas, accidentes y cromatismos remite simbólicamente a un origen.

Constituida principalmente por rocas, la muestra exhibe muy pocas bidimensiones. Entre ellas, una espléndida composición matérica en grises y negros que recuerdan la técnica japonesa del kintsugi, que consiste en reparar la cerámica rota convirtiendo las uniones en atractivos dibujos.

Este texto se publicó en la edición 2105 de la revista Proceso del 5 de marzo de 2017.

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