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Arte Indígena Contemporáneo, un libro sobre la dignidad de la memoria

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Desde su título es provocativo y ambivalente. Producido para distribuirse de manera gratuita, el libro que se presentará el próximo martes 28 de marzo en el Museo Tamayo de la Ciudad de México, aborda indirectamente una circunstancia que siempre ha tenido una doble moral en la política cultural y la recepción artística mexicana: la sobrevaloración de la creación indígena como arte y el rechazo del creador indígena como artista.

Concebido, gestionado y escrito por la curadora independiente Ingrid Suckaer (Guatemala, 1962, pero desde hace muchos años radicada en la Ciudad de México), el libro oscila entre el activismo artístico, la crítica a la construcción institucional del arte contemporáneo, y la ubicación de autores y proyectos que vinculan lenguajes del arte contemporáneo con estéticas indígenas.

Estructurado a partir de un sólido marco teórico que define el arte contemporáneo como aquél realizado a partir de 1990, “cuando desde una visión posmoderna se introdujeron en el arte temas y materiales nuevos”, Arte indígena contemporáneo. Dignidad de la memoria y apertura de cánones, es un libro que, tras afirmar acertadamente que en la actual sociedad de consumo el individuo está destinado a “ver como arte lo que el poder demanda”, enumera a 20 creadores latinoamericanos que o bien pertenecen a grupos indígenas o que basan su propuesta en estéticas vinculadas con sus imaginarios.

Al margen de las representaciones de Argentina, Chile, Colombia, Guatemala y Panamá, los 12 artistas mexicanos que se mencionan en el libro llaman la atención no sólo por sus vínculos con dimensiones estéticas tzotzil, mixe, amuzgo, zapoteco o nahua sino, también, por la relación que han tenido varios de ellos con importantes instituciones gubernamentales y comerciales dedicadas a la promoción del arte contemporáneo. Entre ellos Maruch Sántiz, quien durante varios años fue promovida activamente por la galería mexicana OMR y cuya obra, además de haber participado en ferias internacionales, forma parte de la colección del Museo Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México; y también el excelente artista oaxaqueño Baldomero Robles, quien ha sobresalido en los últimos años con sus fotografías de interiores cotidiano-fantásticos en proyectos editoriales y feriales de la dinámica plataforma fotográfica Hydra.

Integrada en su mayoría por fotógrafos –Bella Flor Canché, Juana López López, Iván Piñón, Patricia Martín, Abraham Gómez– y con una escasa presencia de pintores –Darío Canúl, Cosijoesa Cernas, Gilberto Delgado– y grabadores –César Antonio López–, la propuesta de Ingrid Suckaer, a pesar del acierto de abrir la discusión sobre las consecuencias positivas y negativas que tiene la definición de un arte indígena contemporáneo, exige una discusión de sus valores curatoriales.

El sustento artístico de estos creadores, ¿se basa en sus apropiaciones indígenas o se sostiene al margen de la ambivalente valoración que tienen las estéticas étnicas en la sociedad contemporánea?

Este texto se publicó en la edición 2108 de la revista Proceso del 26 de marzo de 2017.

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