Jaime Ortiz Lajous: Causa por el patrimonio cultural

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Fallecido el pasado domingo 26 de marzo, a los 84 años, el arquitecto Jaime Ortiz Lajous perteneció a una generación que contribuyó a fortalecer el marco normativo de la protección del patrimonio cultural, tanto en México como en el extranjero, y a sentar las bases metodológicas de la restauración de monumentos históricos.

Así lo recuerda el historiador y crítico de arte Francisco Vidargas, coautor con el también urbanista y Javier Arredondo y Marco Antonio Maza del libro San Agustín Acolman (1990), y quien fue su más cercano colaborador en la desaparecida Comisión Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura).

Egresado de la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el arquitecto, como otros de sus colegas, entre ellos Salvador Aceves y Luis Ortiz Macedo, se formó en el extranjero. Ortiz Lajous se especializó en restauración en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Sapienza, en Roma, Italia.

Esto le permitió, dice Vidargas, tener una perspectiva más amplia de los temas relacionados con el patrimonio mexicano:

“Vale la pena considerar el contexto de aquel momento en el cual México fue de avanzada en las reflexiones sobre la conservación; recordar que la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, la Declaración de Quebec y la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO son del mismo año, de 1972, y fruto de las reflexiones surgidas en 1964 a partir de la Carta de Venecia y la creación de Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios).”

Entonces la UNESCO impulsó en México la creación del Centro de Restauración Paul Coleman –junto con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)–y existía un seminario de restauración en la UNAM, con especialistas como Francisco de la Maza, al cual se invitaba a expertos extranjeros como Roberto Pane, de La Sapienza.

“En ese ámbito es que Jaime va haciendo su trabajo y su tarea de reflexión como técnico, y aporta en la investigación, en los estudios.”

Menciona en este sentido “los famosos pilotes de control” que implementó en la Basílica de Guadalupe, invento del ingeniero Manuel González Flores, utilizados también en la Catedral y el Sagrario Metropolitano.

Vidargas destaca que Ortiz Lajous fue colaborador del arquitecto Vicente Medel en la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas. Ambos, junto con su colega Juan Benito Artigas, publicaron el Vocabulario arquitectónico ilustrado en dicha dependencia, en 1980.

El arquitecto nació en la Ciudad de México el 1 de diciembre de 1932. Es coautor con Fernando Benítez, Efraín Castro Morales y Guillermo Tovar de Teresa del libro Música y Ángeles. Los órganos de la Catedral de México, editado por la Sociedad de Amigos del Centro Histórico en 1983, y con Tovar de Catedral de México. Retablo de los Reyes. Historia y Restauración (1985).

Restaurador de la Casa de los Azulejos y el Templo Expiatorio de San Felipe Neri, ambos en la calle de Madero, en el Centro Histórico, Ortiz Lajous es autor de Querétaro, tesoros de la Sierra Gorda (1992). Colaboró con la columna “Fortín” en el diario El Universal. Como secretario ejecutivo de la Comisión Nacional para la Preservación del Patrimonio creó organismos símiles a nivel estatal y municipal con el propósito de involucrar a la sociedad civil en la defensa del patrimonio.

Y organizó el Coloquio Inclusión de la Arquitectura Contemporánea en los Centros Históricos en 1991, cuyas propuestas se consignan en un documento publicado por la Revista Disertaciones, en el cual se pidió la revisión de la Ley Federal sobre Monumentos:

“Eso motivó un enojo muy grande. Se cuestionó a la Comisión desde el INAH, dijeron que usurpaba sus funciones, cuando lo único que hacíamos era impulsar comisiones ciudadanas, era un interés de la política cultural en ese momento. A partir de ese documento hubo un ataque muy fuerte contra la comisión y particularmente contra Jaime y contra mí que derivó en un golpeteó político que termino con su salida.”

Ortiz Lajous cuestionó en varias ocasiones la ley de monumentos, pero también se opuso a la propuesta que en 1999 planteó el entonces senador panista Mauricio Fernández Garza. Entrevistado por el reportero Roberto Ponce en Proceso, afirmó:

“Las instituciones han quedado rebasadas con esa ley para salvaguardar el patrimonio y se volvieron parte del proceso de destrucción patrimonial. Ya resulta imposible desde la Ciudad de México cuidar las misiones de California, por ejemplo.

“Debe establecerse una eficaz corresponsabilidad en los tres niveles de gobierno federal, gobiernos estatales y municipales. A los gobiernos estatales no les preocupa la conservación del patrimonio federal porque no es su responsabilidad el cómo cuidar la invasión de territorios arqueológicos ni los bienes de los templos religiosos, esto es responsabilidad federal.”

En 2002 denunció que el entonces presidente Vicente Fox pretendía devolver el edificio del Antiguo Palacio del Arzobispado a la jerarquía católica, y dijo a Proceso que dicho inmueble tendría que seguir siendo propiedad de la nación, e incluso propuso que la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural del entonces Conaculta hiciera un catálogo de todos los palacios arzobispales, con un estudio sobre su estado de conservación y el registro de su uso actual.

Fue presidente fundador del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio, asesor del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Mantuvo una postura crítica frente a las obras de restauración que el arquitecto Juan Urquiaga realizó en el exconvento de Santo Domingo en Oaxaca, en donde se construyeron bóvedas de cañón sin que –a decir suyo– hubiera evidencia física o documental de que así habían sido los techos del inmueble.

Propuso que “las fortunas” utilizadas en este tipo de obras se emplearan para hacer inventarios a nivel nacional y se delimitaran bien los sitios arqueológicos:

“Se ha instaurado en la cúpula de la impunidad de la cultura el procedimiento de no consultar a los verdaderos especialistas e ignorarlos con tal de sacar adelante los proyectos que dan luz y esplendor; es el caso de Teotihuacán y de los museos de Monte Albán, Oaxaca, y Xochicalco, Morelos, o de Cacaxtla, en Tlaxcala. En ningún país del mundo se exhiben los antiguos documentos originales (se refería a códices exhibidos al público), todavía no se inventa la luz que no lastime tintas y composiciones estructurales de papel, generalmente manufacturados con componentes vegetales, y gracias a que los documentos se guardan en la obscuridad se han conservado muchos de ellos”, declaró en su momento.

Este texto se publicó en la edición 2109 de la revista Proceso del 2 de abril de 2017.

Comentarios