En el Estanquillo, gran muestra sobre la nota roja en México

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “Me atropellaron dos veces, me caí a barrancos, tengo nueve costillas rotas, un infarto, todo esto trabajando. Estuve en balaceras donde incluso veía caer a los muertos, en total tengo 19 accidentes mortales”.

Así fue la vida profesional del fotorreportero Enrique Metinides, decano de la foto policiaca –mejor conocida como nota roja–, quien estuvo presente ayer en el Museo del Estanquillo (que alberga la colección del escritor Carlos Monsiváis) durante la presentación a la prensa de la muestra titulada Una crónica de la nota roja en México. De Posada a Metinides/Del Tigre de Santa Julia al crimen organizado, la cual fue curada por el caricaturista Rafael Barajas, El Fisgón y que se abrirá hoy a las 19:30 horas.

A decir suyo, la exposición “rinde homenaje a Metinides, artista que Carlos Monsiváis admiraba, y reflexiona sobre las repercusiones de este género periodístico en la vida cotidiana de México desde el siglo XVIII hasta la actualidad”.

Durante sus intervenciones, el fotorreportero platicó diversas experiencias sobre su intensa labor profesional, que inició a los nueve años como asistente de un fotógrafo del periódico La Prensa. Con él asistía a lugares como la prisión de Lecumberri (donde retrataban a los presos), al Hospital Juárez (donde fotografiaban los cadáveres de las autopsias), y acompañaban también en sus labores a bomberos Cruz Roja.

En esta última institución, recordó Metinides, fundó la oficina de Prensa y llegó a conseguir tres ambulancias. Y es que la relación con las autoridades para sus trabajos de fotoperiodista eran completamente diferentes a las que se viven ahora pues, comentó, “mantenían una estrecha colaboración con el procurador hasta con la policía y los cuerpo de rescate, al grado de que algunas de esas imágenes las prestaba para la identificación y captura de criminales”.

Relató también que los reporteros, cuando escribían la nota de un crimen, le daban seguimiento hasta que el caso se cerraba, “no como hoy, que al día siguiente se olvidan del delito”.

Abundó:

“Parecía que metían al público al lugar del siniestro, describían desde que llegaban, cómo entraban, qué había en el camino, quién estaba ahí, y llevaban al lector de la mano. Incluso gustaban tanto a la gente las crónicas que yo me acuerdo que cuando estaba a las 11 de mañana en el periódico llegaban voceadores por más ejemplares y se hacía otro tiro.”

Para la muestra los organizadores se basaron en los pensamientos que Carlos Monsiváis tenía sobre el tema, pues planteaba que “la historia de la nota policiaca en México corría paralela a la historia de la nación”. Además, se utilizaron piezas del acervo del escritor, del coleccionista Pedro Barrios, del diario La Jornada, grabados de José Guadalupe Posada y caricaturas de Ernesto El Chango García Cabral, y por supuesto del propio Metinides.

La exhibición se integra en diversos núcleos, que van desde el asesinato de la familia Dongo en 1979, pasando por el fusilamiento del emperador Maximiliano en el Cerro de las Campanas de Querétaro, escenas de la Decena Trágica, los magnicidios de Alvaro Obregón y Luis Donaldo Colosio, el asesinato de León Trotsky, los casos de las autoviudas, hasta llegar a la historia del crimen organizado hoy en día; esta etapa se recrea con una pieza de la artista contemporánea Teresa Margolles (Culiacán, 1963).

El Museo del Estanquillo se ubica en Isabel la Católica 26, Centro Histórico, y la exposición cerrará el 11 de septiembre próximo.

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