“Billy Elliot”, un musical espectacular

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Un niño de 11 años descubre su pasión por bailar y se enfrenta a la idiosincrasia de un pueblo minero al norte del Reino Unido en los años ochenta. En el 2000 la película Billy Elliot fue un éxito y posteriormente la adaptación a un musical también, contando con el director Stephen Daldry y el libreto y las letras de Lee Hall.

En México, Alejandro Gou es el productor de este musical que se está presentando en el Centro Cultural Teatro 2. El mensaje es aspiracional y de lucha. Se mezcla el universo de un niño buscando aprender ballet y el del padre y su hijo inmersos en la huelga de mineros que durante un año los ha mantenido parados por su demanda de mejorar las condiciones laborales, y evitar el cierre de fuentes de trabajo, implementado por la primera ministra Margaret Thatcher (1925-2013). Unidos en un mismo espacio (el gimnasio de boxeo compartido con las niñas con tutú tomando clase), vemos la fabulosa combinación del rosa del ballet con la rudeza de los mineros. Ambos bailan simultáneamente o de manera independiente, con coreografías diseñadas por Peter Darling.

En México, Gabriel Barre es el director; Donald Bertrand, el director residente, y Sergio Villegas y Adrián Martínez los escenógrafos. El elenco infantil es amplio y fue capacitado durante un año en la Academia Billy Elliot en nuestro país, para contar con un ensamble y cinco niños que alternan para interpretar al protagonista.

Billy Elliot es un musical de gran formato; espectacular, impresionante, lleno de bailes, canto y coreografías, que nos va contando la vida de un pueblo desde dos perspectivas. En la película, las escenas íntimas permiten adentrarnos a la vida privada de los personajes, sus conflictos y sus confesiones. El musical se queda en el espectáculo, cual un brochazo grueso de la historia.

En ambos, los personajes van transformando su conciencia (particularmente el padre); aunque en el musical se echa en falta el momento en que papá ve bailar a Billy y es lo que lo lleva a su cambio definitivo, pasando de una cerrazón pueblerina a un compromiso con el talento y los deseos de Billy. El padre, interpretado entrañablemente por Hernán Mendoza, acompaña a su hijo en el último tramo que implica presentarse a una audición para poder ser admitido en la Royal Academia de Ballet en Londres. La maestra de Billy es interpretada por Anahí Allué, con esa mezcla de frialdad y cariño, y su abuela por Concepción Márquez, y Norma Lazareno.

Las capacidades coreográficas del elenco son de primera, y hay momentos que emocionan. Vemos las dificultades del movimiento de los mineros, el dolor del padre por la pérdida de su mujer, las carencias económicas y lo que los compañeros son capaces de hacer para que Billy pueda seguir adelante. Aunque las condiciones del Reino Unido y de México sean diferentes, las luchas de los mineros, la carestía, y la prepotencia del poder, son igual de grave. Lo mismo sucede con los prejuicios de género a los que Billy se enfrenta. Billy Elliot: El Musical es una propuesta espectacular donde trabajan 200 personas y participan 52 artistas.

Esta reseña se publicó en la edición 2109 de la revista Proceso del 2 de abril de 2017.

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