El Brexit reaviva la disputa por Gibraltar

LONDRES (apro).- El futuro del Peñón de Gibraltar podría cambiar radicalmente en virtud de las negociaciones de salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), tras un inesperado pedido de España para vetar cualquier posible acuerdo comercial entre Londres y la UE.

Luego de que se anunció el inicio del llamado Brexit, España confirmó de inmediato que pedirá a Bruselas un poder especial de veto durante las negociaciones entre ambas partes para hacer valer su reclamo de soberanía del peñón.

Gibraltar, habitada por aproximadamente 32 mil personas y de dominio británico desde 1704, rechazó en un referéndum en 2002, por 99% de los votos, la posibilidad de una soberanía compartida con España.

La situación es de por sí muy compleja, ya que unas 10 mil personas entran diariamente a trabajar al peñón, que depende de su pequeña frontera terrestre con España para comerciar y recibir visitantes y trabajadores.

Las tensiones diplomáticas entre Londres y Madrid crecieron en los últimos días desde que se dio a conocer el potencial poder de veto de España, como parte de los lineamientos europeos en vistas a la negociación por el “divorcio” británico de la UE.

El bloque europeo divulgó el pasado 31 de marzo las líneas de negociación. Entre ellas figura una relativa a Gibraltar: una vez que el Reino Unido abandone el bloque comunitario, ningún acuerdo podrá aplicarse en Gibraltar si no hay antes un entendimiento entre los gobiernos británico y español.

En respuesta a ese lineamiento, el exjefe de los conservadores Michael Howard encendió la mecha al sugerir que May no dudará en imitar a su predecesora Margaret Thatcher cuando esta última “defendió” a las Islas Malvinas del “ataque” militar argentino en 1982, indicando así la posibilidad de un conflicto bélico con España por Gibraltar.

“Esta semana se cumplen 35 años en que otra mujer primera ministra envió una fuerza naval al otro lado del mundo para defender la libertad de otro grupo pequeño de británicos contra otro país hispanohablante, y estoy totalmente seguro de que nuestra actual primera ministra mostrará la misma resolución en defender al pueblo de Gibraltar”, declaró Howard, veterano político del ala más derechista de su partido.

En un tono menos beligerante, pero desde la misma óptica, el ministro de Defensa, Michael Fallon, prometió “proteger Gibraltar hasta el final”.

Fallon, que cuenta con un gran apoyo dentro de la agrupación oficialista, advirtió además que la soberanía del peñón no puede sufrir cambios “sin el consentimiento de los gibraltareños”.

De inmediato, la primera ministra británica Theresa May indicó que no cederá “nunca” la soberanía sobre Gibraltar sin el acuerdo de la población de este territorio en el sur de España, pero descartó cualquier intervención militar en el proceso de negociación.

Tras reunirse en su residencia oficial de Downing Street, en Londres, con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, May ratificó que Gran Bretaña no negociará el futuro del peñón.

La mandataria británica confirmó a Tusk que la posición del Reino Unido no cambia a pesar de saber que España contará con un poder especial de veto durante las negociaciones por el Brexit.

La situación diplomática empeoró incluso más cuando a principios de abril la Marina británica “invitó” a un buque de guerra español a “dejar de inmediato las aguas británicas” del peñón.

Tusk pidió a Londres “reducir las tensiones” sobre temas espinosos como el de Gibraltar, tras una reunión bilateral a puertas cerradas con May que calificó como “buena y amigable”. También las autoridades británicas indicaron que esa reunión fue “positiva” y agregaron que ambas partes acordaron seguir en contacto permanente sobre el tema para evitar un potencial enfrentamiento con España.

De todos modos, el vocero de la Primera Ministra dijo que May “dejó en claro que sobre el tema de Gibraltar, la posición del Reino Unido no ha cambiado en absoluto”.

“Gran Bretaña buscará el mejor acuerdo posible para Gibraltar cuando negocie la salida de la UE, y no habrá negociaciones sobre la soberanía del peñón sin el consentimiento de su población”, subrayó el portavoz oficial.

Desde Madrid, el gobierno español se manifestó sorprendido por el “tono tajante” empleado por May y sus políticos.

“En ese tema la tradicional flema británica brilla un poco por su ausencia”, opinó el ministro de Exteriores de España, Alfonso Dastis, en referencia al tradicional carácter apacible del Reino Unido.

En todo caso, los últimos sondeos de opinión indican que la gran mayoría de los gibraltareños quiere seguir siendo parte del Reino Unido, a pesar de que 96% de ellos votó por la permanencia dentro de la UE en el referéndum de junio pasado.

En su mensaje a Tusk, May destacó el deseo británico de seguir manteniendo una relación “profunda y especial” con el bloque comunitario tras el Brexit, y subrayó el aspecto “constructivo” de los lineamientos dados a conocer por la UE para el cronograma de negociaciones.

El tema de Gibraltar fue tratado al comienzo de abril por el Parlamento Europeo, cuando un gran número de europarlamentarios se mostró a favor de “negociaciones duras” con el Reino Unido.

Durante ese debate, varios europarlamentarios dijeron que la primera ministra trató de sobornar a la UE al amenazar con reducir la cooperación británica en temas de seguridad y defensa en caso de que se paralicen las negociaciones por acuerdos comerciales.

También mencionaron los dichos del lord Howard sugiriendo que el Reino Unido está preparado para lanzar una guerra contra España por el tema de Gibraltar.

La moción del Parlamento Europeo apoyó además hacer que la Corte Europea de Justicia sea responsable para determinar cualquier causa legal durante el período de transición, oponiéndose a cualquier acuerdo especial para la City de Londres.

La carta de notificación que May entregó a Tusk el pasado 29 de marzo para informarle de la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, mencionaba específicamente negociaciones paralelas de comercio, una posición que la primera ministra ha mantenido en los últimos días.

Sin embargo, el principal negociador de la UE para el Brexit, Michel Barnier, dijo que es una condición esencial para un acuerdo exitoso cerrar primero el asunto del dinero que Londres deberá pagar a la Unión por compromisos financieros ya adquiridos, como pensiones a funcionarios europeos, deudas pendientes, etcétera.

Esta semana, Nicky Morgan, exministra conservadora de Educación, encabezó una campaña para impedir que Gran Bretaña termine dependiendo de los aranceles comerciales impuestos por la Organización Mundial del Trabajo (OMT) tras abandonar la UE.

Dicha campaña, que cuenta con el apoyo del grupo Open Britain (Gran Bretaña abierta), había sido lanzada inicialmente para lograr que el país no abandonara el mercado común europeo, algo que May ya ha descartado.

Morgan dijo que, junto con otros parlamentarios de distintos partidos, está muy preocupada de “que se esté hablando de un ‘Brexit extremo’ a la hora de favorecerse una ruptura total con Europa”.

Según May, el gobierno británico “podrá hacer frente” a la posibilidad de que no se alcance ningún acuerdo comercial con Europa, en tanto que el canciller británico, Boris Johnson, dijo que el país “estará perfectamente bien” en caso de tener que negociar acuerdos a través de la OMT.

Pero en un informe dado a conocer por Open Britain, varios economistas y abogados dejaron en claro graves consecuencias negativas si Londres no llega a ningún acuerdo con Bruselas.

“Es necesario que estas consecuencias, que son muy reales y peligrosas, sean entendidas por el gobierno. Este será un camino extremadamente riesgoso para nuestra economía. Salir de la UE sin plan alguno no debería ser una opción que esté considerando nuestro gobierno”, afirmaron los expertos.

Entre los especialistas destaca el economista Alan Winters, profesor emérito de la Universidad de Sussex, quien afirmó que abandonar la UE sin acuerdo alguno “hará que cerca de la mitad de todas las exportaciones británicas queden sujetas a aranceles, algo que será muy problemático para sectores como el automovilístico o el de productos agrícolas”.

Añadió: “Aquellos que celebran la opción de que el Reino Unido recaude más a través de ingresos por tarifas, no entienden la cuestión central: los aranceles son impuestos a la importación, aumentarán los precios para los consumidores y harán que los mercados sean menos competitivos. Estos problemas se agravarán aún más por complicaciones surgidas de regulaciones arancelarias y diferencias en estándares”.

Winters también expresó preocupación por los efectos que tenga el Brexit en el futuro de Gibraltar, cuya particular y estratégica ubicación geográfica hacen que el peñón sea de mucho interés tanto para Londres como para Madrid.

Ese territorio depende en gran medida del sector de servicios, que conforma la principal actividad económica. También son importantes allí los sectores naval, financiero y turístico, los cuales dan empleo a la población.

Las beneficiosas condiciones fiscales de Gibraltar, que incluyen impuestos mucho más bajos que en España y que no graba el IVA, lo han convertido además en la sede de numerosas e importantes casas de apuestas online, debido a que los impuestos que habrían de abonar en el Reino Unido serían muy superiores.

Aprovechando su privilegiada posición estratégica, el peñón cuenta con una base aeronaval de las Fuerzas Armadas británicas. Esa guarnición militar es proporcionada por el Regimiento Real de Gibraltar, originalmente una fuerza de reservistas a tiempo parcial que pasó a ser parte del ejército británico en 1990.

El regimiento incluye cientos de soldados a tiempo completo y parcial reclutados en Gibraltar, así como soldados profesionales británicos trasladados desde otros regimientos.

El peñón es también un puesto de escucha de las telecomunicaciones a través del norte de África, y debido a su localización todavía sigue siendo una base clave de la OTAN. Naves británicas y estadunidenses visitan con frecuencia su puerto, lo que incluye también submarinos de propulsión nuclear, situación que ha generado graves preocupaciones por parte de España.

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