Porkycracia expansiva: de Calderón a Perelló

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Una auténtica onda expansiva de indignación se generó desde finales de marzo cuando el juez tercero de distrito de Veracruz, Anuar González Hamadi, otorgó un amparo a Diego Cruz, uno de los cuatro jóvenes conocidos como Los Porkys, “niños bien” de la era de la decadencia del duartismo, acusados de abusar y violar a compañera y menor de edad.

El amparo provocó una serie de protestas en las calles, en las redes sociales y en las tribunas legislativas que orillaron a que el Consejo de la Judicatura Federal suspendiera al juez y ordenara el inicio de una investigación para deslindar responsabilidades.

Más que el amparo fueron los argumentos del juez, basados en un formalismo legal inaudito, lo que alentó esta oleada de indignación que llegó hasta un pronunciamiento del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Según el criterio del juez González Hamadi no hubo intención “lasciva” ni intención de “copular” del joven acusado, por tanto, la violencia de género contra Daphne no era equiparable a un acto sexual, sino simplemente a un “roce o frotamiento incidental”.

El Inmujeres consideró que el fallo del juez “constituye una franca violación a la garantía de seguridad jurídica para la víctima” y Ana Güemes, representante de la ONU Mujeres en México, expresó también su preocupación porque el caso de Los Porkys y la valentía de la joven para denunciarlos se convirtieran en un “caso emblemático”.

En redes sociales, especialmente en Twitter y Facebook, el amparo a Diego Cruz destapó un auténtico tsunami: “Basta de violencia machista”, #YoConDaphne, #JuezPorky y #En los juzgados, en la cama y en la calle feminismo necesario y #JusticiaParaDaphne”, fueron algunos de los mensajes más viralizados.

Mal le fue a algunos expertos en derecho o comentaristas que intentaban “explicar” que el fallo del juez se basó en su peculiar criterio de “lascivia”. La vergüenza para el Poder Judicial ha ido más allá de lo imaginable porque el caso de Los Porkys se transformó en un grotesco retrato de lo que ocurre en esta era de mirreyes que se sienten impunes, de contraofensiva machista contra las jóvenes que se niegan a ser objetos sexuales y contra esta mezcla de corrupción y violencia de género que se potenció en Veracruz, como antes sucedió en Juárez, Chihuahua con las mujeres asesinadas, o recientemente en Mérida, Yucatán.

En la capital yucateca también se registraron protestas la semana pasada por la decisión de un juez al no considerar el artero homicidio de Ema Gabriela Molina Canto como feminicidio. Treinta y cuatro puñaladas de sus asesinos materiales y la historia previa de acoso y secuestro de sus propios hijos, en una mezcla también de corrupción y violencia, no fueron suficientes para que este caso se considerara feminicidio.

El contexto nacional es muy preocupante frente al incremento de la violencia de género. Los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación revelan que hay un incremento de 8.19% en los casos de delitos sexuales entre el primer bimestre de 2017 respecto de 2016: pasaron de 4 mil 62 a 4 mil 395, unos 333 casos más, según las cifras oficiales.

Más allá esta estadística, lo que el caso de Los Porkys ha demostrado es que es más perniciosa e indignante la violencia verbal, simbólica y visual contra las mujeres porque antecede a las agresiones sexuales y a la estigmatización que ya no pasan desapercibidas por una nueva generación de jóvenes con visibilidad y capacidad de argumentación en las redes sociales.

La mezquindad de los varones, de los jueces, de los comentaristas y de los políticos –prácticamente todos hombres– sólo es comparable con esta indignación que alcanzó en esta semana a dos personajes tan diferentes ideológicamente, pero tan similares en su perspectiva de género: el expresidente panista Felipe Calderón y el excomentarista de Radio UNAM, Marcelino Perelló.

A Calderón Hinojosa se le hizo gracioso redactar la semana pasada un tuit para burlarse de Delfina Gómez, candidata de Morena a la gubernatura en el Estado de México:

“¿Delfina es nombre propio? ¿O así le dicen por cómo la trata quien la nombró y es su jefe?”.

Le llovieron oleadas de críticas al exmandatario panista. En su burla estaba la propia trampa: ¿así califica también Calderón a su esposa Margarita Zavala que busca la candidatura presidencial del PAN? ¿Y qué piensa, en realidad, de Josefina Vázquez Mota, es “delfina” de alguien? ¿Por qué no mencionó también como “delfín” a Alfredo del Mazo, nieto, hijo y primo de gobernadores y del actual presidente de la República que forman parte de una larga dinastía en el poder priista mexiquense?

Calderón borró su tuit y quiso transformar el episodio en un caso de disputa con los lopezobradoristas:

“Ya serénense #pejechairos, están leyendo muchas encuestas. Están nerviosos y agresivos, más que de costumbre”.

Como es su costumbre, Calderón se autodescribe cuando agrede, pero el mote de “misógino” no se le quitó desde ese momento.

Cuando ya había bajado la protesta por el caso del #JuezPorky –así bautizado en Twitter–, se dio a conocer una grabación de Marcelino Perelló en su programa Sentido Contrario de Radio UNAM para justificar el amparo al joven Porky.

Sumido en las tinieblas de su propia egolatría, Perelló ha vivido desde ese momento sus quince minutos de infamia. El periodista Jorge Meléndez lo describió muy bien al advertir que Perelló “hace tiempo decía las mayores incoherencias, utilizando un lenguaje que aceptarían y reivindicarían Renato Leduc y Nikito Nipongo”.

Malú Huacuja nos recordó en su cuenta de Facebook que Marcelino Perelló defendió a Nazar Haro, a Marcial Maciel y denigró a los padres que buscaban justicia por sus hijos muertos en la guardería ABC de Hermosillo, Sonora.

La indignación prendió en la pradera porque Marcelino decidió meterse la escoba por la mente y defender explícitamente a Los Porkys con una violencia verbal inusitada. Lejos de disculparse, reiteró sus palabras, porque para Perelló la violación a una persona sólo se consuma si hay penetración del órgano sexual.

Perelló puede ser el retrato de un provocador de quienes todos se habían olvidado, pero la reacción “golpe por golpe” a cada expresión de violencia de género que circula en los medios electrónicos, en las redes y en los videos es quizá una de las lecciones más importantes de estos días de abril.

El video subido por la actriz Regina Blandón, confundida en un portal informativo con una modelo porno, se ha viralizado de una forma extraordinaria porque precisamente explica con claridad lo que estos tiempos de Porkycracia muchos han olvidado o minimizado:

“Esto no se trata sólo de mí. A ustedes hombres, ¿les gustaría que a las mujeres que son parte de su vida les pasara algo así?”.

Comentarios: www.homozapping.com.mx

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