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Recordando a Gilberto Bosques

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Las embajadas francesa y alemana en México crearon en 2013 un premio de derechos humanos que lleva el nombre del diplomático mexicano Gilberto Bosques. ¿Quién fue este personaje y por qué un premio franco-alemán lleva su nombre?

Gilberto Bosques Saldívar fue un político nacido en Puebla que dedicó su vida a las mejores causas. Profesor, periodista, diputado y diplomático, su actividad cubrió varios campos, desde una participación determinante en la reforma al artículo tercero constitucional para incluir la laicidad y la gratuidad en la educación pública hasta una valiente labor como cónsul general en Francia, donde logró salvar a 40 mil refugiados tanto de la dictadura franquista como de la persecución nazi.

Hombre de izquierda, cuando fue diputado Bosques respondió al primer informe de gobierno del general Lázaro Cárdenas, y poco después, en 1937, cuando la República Española cayó, luchó por abrir las puertas de México a los republicanos de aquel país. En 1939 Cárdenas lo nombró cónsul general en París, ciudad de la que salió cuando estaba a punto de ser tomada por los alemanes. Bosques trasladó el Consulado primero a Bayona pero, luego, cuando los alemanes ocuparon la zona, se mudó a Marsella, en la zona del gobierno francés de Vichy.

Aunque su función era defender a los mexicanos residentes en Francia, muy pronto se dedicó a proteger a refugiados que huían de los nazis y del régimen franquista. Bosques alquiló dos castillos (el de Reynarde y el de Montgrand) para convertirlos en centros de asilo mientras arreglaba su salida hacia México.

El documental Visa al paraíso, de Lillian Liberman, cineasta mexicana, recoge escenas conmovedoras de los niños, mujeres y hombres alojados en los castillos. Poco a poco fueron saliendo los refugiados, a los cuales el gobierno mexicano les ofreció no sólo la visa sino también la nacionalidad mexicana si así lo deseaban. Bosques también abrió un servicio jurídico para defender ante los tribunales a los republicanos españoles, pues el franquismo exigía su extradición al gobierno de Pétain.

Por toda esa labor, Bosques, su familia y el equipo del Consulado fueron hostigados por las autoridades francesas proalemanas. También fueron espiados, tanto por la Gestapo como por el gobierno de Francisco Franco. Sin embargo, la legación mexicana fue el refugio de miles de personas que huían del nazismo y el fascismo.

Cuando México rompió las relaciones diplomáticas con el gobierno de Vichy, el Consulado fue tomado por tropas de la Gestapo. Bosques, su familia (su esposa, María Luisa Manjarrez, y sus tres hijos) y el personal de esa representación diplomática (43 personas en total) fueron trasladados a Alemania, donde se les recluyó en un “hotel prisión” en Bad Godesberg.

Bosques mantuvo en alto el espíritu del grupo, organizó encuentros e incluso llevó a cabo una ceremonia del Grito de Independencia. Después de poco más de un año, los mexicanos fueron canjeados por prisioneros alemanes.

En un discurso, Bosques declaró: “Hice la política de mi país, de ayuda, de apoyo material y moral a los heroicos defensores de la República española, a los esforzados paladines de la lucha contra Hitler y contra Mussolini y contra Franco, y contra Petain y Laval. Si en la interpretación de la actitud gallarda y trascendente de México me excedí en mis atribuciones reglamentarias, estoy dispuesto a arrostrar las consecuencias y la sanción que proceda”.

Cuando regresó a México en abril de 1944, miles de refugiados españoles y judíos lo esperaban en la estación de ferrocarril de la capital para recibirlo.

Tras la guerra, continuó su carrera diplomática como embajador de México en Portugal, Finlandia, Suecia y Cuba, y tuvo una larga vida, pues murió en 1995 a los 102 años de edad.

Varios honores y reconocimientos se han hecho a su persona. En México, el Centro de Estudios Internacionales del Senado de la República lleva el nombre de Gilberto Bosques; en Puebla, su nombre está grabado en los muros del recinto del Congreso; en Austria, una de las calles en Viena es el Paseo Gilberto Bosques, en homenaje por haber salvado también a muchos austriacos de los nazis.

Desde hace tres años los representantes diplomáticos de Francia y Alemania se unieron para otorgar el Premio de Derechos Humanos Gilberto Bosques. Este año la distinción fue otorgada a GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida), con dos menciones honoríficas: una a Tlachinollan y otra al Instituto Simone de Beauvoir.

En la ceremonia de entrega, el pasado 29 de marzo, Regina Tamés, la directora de GIRE, pronunció un breve y emotivo discurso en el que, además de agradecer el inmenso honor, recordó que GIRE cumple 25 años “demostrando el valor del feminismo”. Tamés, la joven abogada que construyó un gran equipo con el que ha logrado varias victorias jurídicas, señaló que GIRE no “defiende cosas de mujeres, sino causas cruciales para lograr el avance de los derechos humanos en México y para el desarrollo de todo el país”.

El Premio Gilberto Bosques nos impulsa, como el poema “1936” de Luis Cernuda, a recordar, cuando estemos “asqueados de la bajeza humana, iracundos de la dureza humana”, que el ser humano es noble, “nada importa qué tan pocos lo sean, uno, uno tan sólo basta como testigo irrefutable de toda la nobleza humana”.

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