Heberto Castillo: El hombre que quiso unificar a la izquierda

Dirigente del movimiento estudiantil de 1968, perseguido y encarcelado por el régimen diazordacista, inventor de la tridilosa –una revolución en la industria de la construcción–, líder de un partido de izquierda, colaborador de este semanario e incluso candidato presidencial –posición que declinó en favor de Cuauhtémoc Cárdenas–, fue uno de esos luchadores que no abundan. Su misión de vida: unificar a todas las fuerzas de izquierda del país enarbolando la bandera del nacionalismo. Ahora, a 20 años de su muerte –la efemérides se cumplió el miércoles 5–, Proceso recuerda al ingeniero Heberto Castillo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Ese día no alcanzó a saltar las bardas que rodeaban la casa de Reforma 9, en el centro de Coyoacán. Los policías se abalanzaron para detenerlo; estaba acusado de sedición por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Pocos días antes, su hija Laura Itzel había salido a la calle cuando escuchó las campanas del paletero que, extrañamente, era el mismo que deambulaba por su antiguo domicilio en la colonia Romero de Terreros.

Ese paletero pudo haber sido quien señalara la casa donde el ingeniero Heberto Castillo se escondió medio año. A él siempre le gustaron los helados y las paletas de hielo; quizá esa fue su perdición en 1969, cuando fue llevado a la prisión de Lecumberri, donde estuvo dos años.

Así lo recuerda el propio Heberto Castillo en su libro Si te agarran te van a matar:

“Fui aprehendido con lujo de fuerza, como si mis armas fueran otras que la Constitución. Tratando de escapar salté bardas y alarmé vecinos inútilmente, para quedar al fin a merced de las armas cortas y largas que desde múltiples vehículos surgieron empuñadas por ‘celosos guardianes del orden’. Las amenazas de tormento o de muerte cesaron cuando ellos comprendieron la firmeza de mi decisión. Las armas de que hice acopio durante los meses de mi persecución quedaron en mi último refugio de Coyoacán: la Constitución General de la República Mexicana, sin lomos que destruyó la lluvia que cayó durante las noches que pasé en los pedregales de la Ciudad Universitaria cuando en septiembre la mancilló el ejército; los planes políticos de México, algunos libros sobre la reforma agraria y sobre Emiliano Zapata, y un libro que me gusta leer y releer: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Se me informó que dichas armas fueron anexadas a mi expediente como pruebas en mi contra.”

Los 10 delitos que se le imputaron a Heberto Castillo fueron: incitación a la rebelión, sedición, asociación delictuosa, daños a las vías generales de comunicación, daños en propiedad ajena, robo de uso, despojo, acopio de armas, lesiones a agentes de la autoridad y homicidio.

Laura Itzel Castillo recuerda de pronto la historia del paletero y la aprehensión de su padre como si apenas hubiera pasado. “Es algo que mi padre no contó y yo tampoco lo había dicho”, dice en entrevista la directora general de la Red de Transporte de Pasajeros de la Ciudad de México.

“Me parece que mi papá es un personaje muy importante en la izquierda mexicana y que participó en la segunda mitad del siglo XX de manera fundamental en la formación y unificación de las distintas corrientes y grupos izquierdistas.

“El trabajo que hizo se centró de manera fundamental en la unificación de la izquierda, en tomar en consideración la importancia que existía en el país de recuperar esos valores mexicanos, que esos valores fueran el referente, empezando con lo revolucionario, cuando en el país la izquierda lo que debatía era si tenía que ser trosquista, maoísta o de otras corrientes. Lo que mi padre consideraba era retomar las banderas de Zapata, Villa, Cárdenas y por eso era muy criticado.”

Retomando el contexto de los setenta, cuando las corrientes de la izquierda mexicana no lograban unificarse –algunos estaban en la lucha clandestina, otras en la vía legal–, la tarea unificadora de Heberto Castillo y, sobre todo su espíritu nacionalista, se veía casi imposible.

Laura Itzel rememora esa tarea de su padre y las burlas de que fue objeto cuando propuso que el nopal fuera parte del emblema del Partido Socialista Unificado de México. Todos querían la hoz y el martillo.

“Creo que una parte que ahora pareciera no muy lógica es que cuando se va dando el proceso de consolidación del Partido Socialista Unificado de México, que es la primera parte donde hay un proceso para la fusión y de donde sale como candidato a la Presidencia de la República Arnoldo Martínez Verdugo, en esa etapa mi padre consideraba que el símbolo del partido no tuviera la hoz y el martillo, tampoco el apellido de socialista ni comunista, porque decía que era necesario llegar a la gente con un discurso que pudiera atraerle, tomando en consideración saber la problemática de la población.

“Cuando posteriormente se forma el partido, su propuesta para el emblema decía que tenía que ser un nopal. Para entonces había un logotipo del Partido Mexicano de los Trabajadores que es un ‘ollin’, que significa unión y movimiento, pero también había otro con un puño y detrás un machete y un mazo, que mi padre decía que eran los instrumentos que la gente reconocía en el trabajo, más que la hoz y el martillo.

“Cuando se va dando el proceso para la constitución de lo que fue el Partido Socialista Unificado de México, donde finalmente no se incorpora (el logo sugerido por él), se burlaban mucho por sus propuestas. Ahora nos puede parecer extraño, pero en ese momento a la izquierda mexicana le parecía ridículo poner un símbolo nacionalista, como el nopal, que ya aparece en la bandera.”

Su candidatura

Luego, al formarse el Partido Mexicano Socialista (PMS) que ya era una fusión de organizaciones de izquierda que empiezan a avanzar en la unificación, es cuando se da por primera vez el proceso de elección interna para candidato presidencial y Heberto Castillo es electo.

“El partido dura muy poco tiempo porque a los dos años se incorpora al Frente Democrático Nacional encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, tomando en consideración lo que significaba, por un lado la mística revolucionaria de la izquierda, y por el otro, la capacidad de acceder al poder y llegar a gobernar.

“Estas dos cuestiones se juntaron y, para él ceder era muy lógico y congruente, porque el Frente Democrático Nacional representaba lo que siempre había planteado: que la lucha de la izquierda fuera el rescate de los valores nacionales en defensa de la soberanía y que tenía que haber un lenguaje más directo con la gente para que pudiera atraerla”, precisa Laura Itzel.

En este sentido señala que cuando se constituye el PMS lo que su padre decía era que había que explicar el socialismo a la gente para que entendiera de qué se hablaba, porque con la represión y la propaganda anticomunista era más difícil entenderlo.

“Lo que él decía era que se tenía que conformar un partido de masas, de auténtica oposición, frente a los partidos de cuadros y de clase que son los que se constituyen desde la izquierda o desde las mismas organizaciones clandestinas que trabajan durante un largo periodo y que sufren la represión muy directa.

“Lo que él proponía era que se hiciera un trabajo abierto y creo que esa es una parte fundamental, porque una vez que sale de la cárcel, junto con Demetrio Vallejo, lo que hacen es tomar las plazas. Antes no se podía hacer eso, no se podía salir a tomar las plazas públicas a manifestarse y hacer las marchas. Esa es una parte muy valiosa que se inicia en esta etapa en la que conforman el Comité Nacional de Organizaciones y que fue el inicio para un nuevo partido con bases sociales.”

Eso fue lo que empezó a hacer Heberto Castillo al salir de la cárcel: recorrer todo el país para constituir los comités de base, un trabajo arduo y muy apasionado que hizo de una forma muy austera porque, junto con otros compañeros, tenía que dormir en las terminales de autobuses.

Aun así, se necesitaban recursos y esos llegaron de parte del ingenio de Heberto Castillo, de su invento que revolucionó la industria de la construcción: la tridilosa.

Su invento

La tridilosa fue una aportación a la ingeniería mexicana que en 1964 desarrolló el ingeniero Heberto Castillo. Lo que logró fue un sistema estructural tridimensional mixto de acero y concreto, que aprovecha con éxito las características de estabilidad de los tetraedros, con el cual la techumbre también sirve como piso y que permite ahorrar 60% en cemento y en acero.

Con esto se construyeron, entre otras cosas, el Hotel de México (actual World Trade Center); la presa La Villita, en Michoacán; el Teatro Morelos, en Toluca; la planta DINA Renault en Ciudad Sahagún, Hidalgo; el Palacio de los Deportes de Cunduacán y el Parque de Beisbol de Macuspana, Tabasco; los puentes Puxmetacán y la Pochora, en Veracruz; el desarrollo urbano Tabasco 2000 en Villahermosa; el edificio de oficinas y auditorio del Sindicato de Trabajadores de la Industria Nuclear, en la Ciudad de México.

Y durante 30 años Heberto Castillo fue asesor de cálculo y diseño estructural con tridilosa en decenas de grandes obras en todo el país.

“Lo que mi padre hizo fue trabajar en los procesos constructivos desde la parte de la consultoría, es decir desde el diseño, y no como empresario, que no era lo suyo. Patentó la estructura tridilosa; producto de eso y de su explotación es que cuando anda a salto de mata, escondiéndose, y luego en los dos años que estuvo preso, fue como nos pudimos mantener como familia.

“En ese momento uno de los alumnos de mi papá, el ingeniero Manuel Díaz, construyó las casas en la colonia Romero de Terreros, muy cerca de la UNAM. Ese alumno fue el que empezó a construir con la tridilosa y con las regalías de la patente es como nos mantuvimos esos años en los que mi padre estaba prófugo y luego en la cárcel.

–Ahora que la izquierda está muy dividida, el trabajo de tu papá resulta ser muy importante.

–Bueno, siempre ha sido una característica de la izquierda que ha estado atomizada. El esfuerzo ha sido el de unificarla, pero hay una gran cantidad de pensamientos tan diversos que la mantienen separada. Creo que por eso es vigente el valor del pensamiento de Heberto Castillo, porque fue un proceso unificador, de ver cuáles eran las coincidencias y establecer el rumbo.

“En un congreso mi papá dijo que no había que ver de dónde veníamos sino poner como punto fundamental hacia dónde vamos. Creo que en ese sentido la situación actual de la izquierda tiene que ver con esos procesos que se repiten.

“El aporte del pensamiento de mi papá fue la unificación de la izquierda y la generosidad de poner siempre por delante la situación del país y no su posición particular de liderazgo. Si bien históricamente se considera como algo muy importante que marca su carácter de candidato, por otro lado vemos que a nivel de autoestima, cuando cedió, lo que hizo fue ganar a pesar de perder la candidatura.”

–¿No se movía por protagonismo, como se hace ahora, sino un proyecto colectivo?

–Así es. Él puso por delante el proyecto de nación por el que se tenía que luchar y por el que tantos años había trabajado. Además la situación en ese momento era muy compleja, porque estaba en la campaña electoral y lo que se veía venir en todos los estados. Había mucha expectativa, pero finalmente cuando en 1988 se da este desprendimiento de Cuauhtémoc Cárdenas del PRI, se abre un parteaguas en la historia y mi papá vio hacia adelante.

Chiapas y la Cocopa

En 1994 Heberto Castillo apoyó al EZLN y reconoció su lucha, pese a que ésta generaba incertidumbre. Así, se integró a la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa).

Jaime Martínez Veloz y Juan Guerra –exintegrantes de la Cocopa– recuerdan en entrevista el papel de Heberto en esos años, en los que la estabilidad del país pendía de alfileres por la crisis económica, los asesinatos políticos y la incursión militar de febrero de 1995 a Chiapas con la intención de aprehender al subcomandante Marcos.

“Su larga y fecunda trayectoria política ayudó en forma significativa a que esta instancia política, expresión plural del Poder Legislativo, adquiriera rápidamente peso y dimensión mayor en el complejo escenario del problema chiapaneco. Fue sólo una de las muchas y valiosas contribuciones que Heberto Castillo hizo a una lucha que no se centra sólo en Chiapas y cuyo fin está mucho más lejano que la sola solución del conflicto en esa entidad”, señala Martínez Veloz recordando un escrito que redactó un año después de la muerte de Heberto Castillo.

La del ingeniero Castillo fue en Chiapas una voz respetada por todas las partes, señala Juan Guerra, al recordar los encuentros que tuvieron con los representantes del gobierno de Ernesto Zedillo, los militares, con el obispo Samuel Ruiz y con los zapatistas.

“Su sabiduría, experiencia y capacidad, permitió empujar a la Cocopa a ir a Chiapas para sacar al Ejército de las comunidades indígenas en febrero de 1995, cuando entran a detener a la dirigencia zapatista, principalmente a Marcos. Dijo que había que hablar con el presidente Zedillo y si no aceptaba el repliegue, entonces tendríamos que renunciar todos a la Comisión legislativa. Así era Heberto”, destaca Guerra.

Teresa Juárez, viuda de Heberto, resaltó la importancia del personaje que, siendo un hombre de izquierda, la entendía “no como una filosofía, una religión ni un dogma, sino como una actitud ante la injusticia, la desigualdad social y la acumulación de riqueza”.

Y ante la lucha armada, dice que nunca estuvo a su favor porque “como matemático que era, sabía que los guerrilleros llevaban las de perder y por ello siempre peleó a favor de la justicia social, con la Constitución en la mano”, declaró
recientemente.

Este texto se publicó en la edición 2110 de la revista Proceso del 9 de abril de 2017.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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