“Cordero de Dios”: pecados de guerra

MONTERREY, NL (apro).- Cordero de Dios (Les Innocentes, 2016) revela uno de los numerosos episodios olvidados de la Segunda Guerra Mundial.

En esa época, una de las más aciagas en la historia de la humanidad, no solamente murieron millones en el campo de batalla. Hubo otros tantos afectados colateralmente por la atmósfera de sevicia que generaba la escalada de crueldad, forzada por las partes en conflicto.

En 1945, escasos meses después de que se firmara la paz, Europa se encontraba en ruinas. Polonia era de los países más lastimados. En ese sitio, una enfermera francesa, joven y novata, debe ayudar a sus compatriotas combatientes a sanar para que regresen a casa. Casi por accidente se entera de la existencia de un convento, a donde tiene que acudir para prestar sus servicios.

Nada la prepara para asimilar el secreto que se guarda en el claustro.

Basada en hechos reales, la cinta escrita y dirigida por Anne Fontaine tiene un título original muy preciso. Las religiosas, en ese convento, son todas inocentes pero, además, ingenuas. Muchas de ellas no saben nada de la vida. Remitidas durante años a las celdas monacales, desconocen los elementales procesos reproductivos de la naturaleza. Su vida es la oración y la confianza en La Providencia que, confían, les resuelva sus problemas espirituales.

¿Cómo deben reaccionar cuando un pelotón de soldados invade el convento y las ultraja? ¿Qué hacer ante los embarazos que resultan? En la locura generada por la reconstrucción material y espiritual del país, observan cómo los violadores son guerreros de Rusia, que llegaron a liberarlas del yugo alemán. Sus amigos son sus victimarios.

Fontaine se apiada de todas ellas al ingresar a la casona, exponer su tragedia al mundo y darles voz, aunque sea para que lloren de desolación. Pero no es fácil tocar este tema que es, al mismo tiempo, emocionalmente complejo y extremadamente desolador. La realizadora trata con delicadeza la angustia que vivieron las mujeres consagradas al servicio de la fe católica, pero que fueron abandonadas, sin misericordia, por el mismo Dios al que adoraban y que daba sentido a sus existencias.

Mathilde (Lou de Laage) es una enfermera valiente y de carácter fuerte, que entra a un ambiente gobernado por una absurda confianza en el poder divino. Ella, como mujer de ciencia, debe remar en contra de los prejuicios, e imponer la ley de la realidad. Se convierte, de inmediato, en la voz fáctica que se instala en la conciencia colectiva. Sin atención médica las personas mueren. Ningún ángel acudirá a inyectar penicilina, las convence.

La sensación es de claustrofobia, en un entorno en el que predominan las paredes. Aunque la acción sale del retiro, el centro del drama está adentro, donde las mujeres guardan en la garganta sus gritos de desesperación. Además de haber sido despojadas de su dignidad, mediante la acción alevosa de militares que las usaron y las tiraron, están obligadas a callar, por exasperantes votos de obediencia de una superiora (Agata Kulesza) que, igual a ellas, es ignorante y supersticiosa.

En su reducida visión del mundo, sostiene que los atropellos de los que fueron objetos las religiosas deben ser callados. Está dispuesta a llegar al crimen más aborrecible para mantener intacto el nombre del convento. Es mejor eso a que entre el desdoro y el morbo a su casa.

Cordero de Dios es un duro cuestionamiento a la fe católica y a la manipulación de los seres humanos, que los líderes hacen en el nombre de la divinidad. Más allá de sumarse al reproche universal que existe hacia los conflictos bélicos, Fontaine llama a la solidaridad para auxiliar a los desprotegidos, que sufren sin deber culpas.

Pero también exhorta a estar alerta sobre los horrores que pueden surgir en cualquier rincón del mundo. La preceptora del convento tuvo que enfrentar una crisis ocasionada por la guerra para la que no estaba preparada. En lo que sí fue responsable es en las soluciones a las que recurrió por su limitada visión del problema. No debió buscar reparación dejando todo en manos de Dios, como tontamente lo hizo.

Es una cinta densa y estrujante. Excelente cine europeo de clase mundial.

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