Las huellas de los que “buscan” a los desaparecidos, de gira por Europa

PARÍS (apro).- La escena estremece. Amarrados por cordeles que bajan del altísimo techo, 40 pares de zapatos flotan extrañamente en una inmensa sala alumbrada por una cruda luz neón.

Cuelgan botas, botines, sandalias, tenis, huaraches, chanclas, chancletas, mocasines de hombres, mujeres y niños. Una gran fuerza emana de estos zapatos de cuero, tela o plástico, desgastados todos, pero “vivos” con sus suelas grabadas que lanzan mensajes terribles.

“Me llamo Mireya Villarreal, busco a mis hijos Luis Lauro y Jorge Arturo Cantú Villarreal, desparecidos el 15 de junio de 2010 en Torreón, Estado de Coahuila”, denuncian unas de estas suelas.

“Me llamo Marina, busco a mi hija Edith Marimar García Torres, desaparecida en Guadalupe, Estado de Zacatecas, el 4 de agosto de 2014”, claman otras.

Estos calzados pertenecen a familiares de desaparecidos. Sus dueños llevan años recorriendo todo México en busca de sus seres queridos que fuerzas policiacas, militares y del crimen organizado borraron del mapa.

Pero son también parte integrante del proyecto Huellas de la Memoria impulsado por Arturo López Casanova, escultor jalisciense que se define como “artivista”.

“La meta del colectivo Huellas de la Memoria es dar visibilidad a la problemática de los desaparecidos que flagela a México desde hace cuatro décadas y dignificar a sus familiares que enfrentan diariamente riesgos y amenazas para seguirlos buscando y exigir justicia”, explica López Casanova a la corresponsal.

El origen

Cuenta que fue el 10 de mayo de 2013, durante una marcha contra las desapariciones forzadas, que se dio cuenta del alto valor simbólico de estos zapatos “usados y polvorosos”.

Se puso a pensar en los millones de pasos que los familiares de desaparecidos habían dado con ellos y también en las huellas de estos pasos borradas para siempre. Le pareció imprescindible salvar del olvido tanto a los zapatos como a sus rastros.

“Fue así como nació nuestro colectivo Huellas de la Memoria –resume escuetamente el escultor–. Empezamos a pedir zapatos a familiares de desaparecidos. El primer par nos llegó de Monterrey con una carta breve que decía: ‘Me llamo Letty Hidalgo y busco a mi hijo Roy Rivera Hidalgo que fue detenido y desaparecido el 11 de enero de 2011 en San Nicolás de los Garza, Nuevo León’.

Sigue contando: “Grabamos con gubia ‘a la inversa’ los datos de Roy en la suela izquierda y en la derecha el mensaje de su madre. Luego cubrimos las dos suelas con tinta verde, color de la esperanza, y los imprimimos. Pegamos los dos grabados uno al lado del otro en la misma cartulina. Fue nuestro primer grabado y fueron las primeras huellas que rescatamos”.

Corrió la voz y poco a poco empezaron a llegar zapatos de familiares de desparecidos de toda la República, pero también de parientes de migrantes oriundos de Honduras, El Salvador, Guatemala y Colombia, cuyos rastros se perdieron en México.

Hoy el colectivo integrado por una decena de miembros permanentes y otra decena de colaboradores esporádicos cuenta con 170 pares de zapatos “intervenidos”y sus respectivas huellas grabadas.

En mayo del año pasado, 84 pares fueron presentados por primera vez al público en el Museo de la Memoria Indómita, creado a iniciativa del Comité Eureka en el centro histórico de la Ciudad de México.

Luego, estos zapatos se lanzaron de nuevo en un largo recorrido por todo el país, pero esta vez en calidad de voceros de las víctimas de las desapariciones forzadas y de testigos de la lucha de sus familiares.

Y hasta la fecha sigue la gira. Unos 50 pares de zapatos actualmente expuestos en la Universidad Iberoamericana de León saldrán próximamente para Puebla.

Por si eso fuera poco, a principios de marzo pasado, 80 pares más cruzaron el Atlántico. La mitad viajó a Gran Bretaña donde fueron expuestos en Gales y luego en Londres, bajo los auspicios de Amnistía Internacional.

Recorrido por Europa

La otra mitad llegó a París para ser exhibidos del 23 de marzo al 10 de abril en un centro cultural alternativo del este de la capital, antes de viajar a Niza donde fueron alcanzados por los zapatos expuestos en el Reino Unido. La muestra del sur de Francia duró del 8 al 15 de abril.

Después de Niza, los 80 pares de zapatos de los familiares de desaparecidos cruzarán la frontera con Italia, donde serán expuestos sucesivamente en Florencia, Roma, Verona, Padua y Turín.

Luego viajarán a Alemania, para ser exhibidos en Berlín y Núremberg antes de ir a Holanda y España, donde aún no están definidos los recorridos. Se habla de Suecia, pero aún no hay confirmación.

“Todo se va organizando sobre la marcha –recalca López Casanova –, y a medida que las redes sociales publican noticias sobre nuestra gira se van abriendo nuevas oportunidades. Sabemos que Huellas de la Memoria pasará por lo menos seis meses en Europa”.

El escultor acompañará la muestra junto con María de Jesús Tlatempa, madre de José Eduardo, uno de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, hasta la etapa de Florencia. Luego, ambos pasaran el relevo a otro compañero del colectivo Huellas de la Memoria y a Ana Enamorado, hondureña que busca a su hijo Oscar Antonio, desaparecido en Jalisco en 2010.

Organizada por el dinámico Colectivo Paris Ayotzinapa y patrocinada por Amnistía Internacional, la exhibición parisina fue muy concurrida y dio la oportunidad a López Casanova y a María de Jesús de explicar en forma detallada al público de la “Ciudad Luz” la problemática de las desapariciones forzadas en México.

Les permitió además entrevistarse con responsables políticos galos, entre los que destacan la diputada Marie Laure Fages, secretaria nacional de los Derechos Humanos del Partido Socialista, y François Croquette, embajador de los Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Finalmente, López Casanova y María de Jesús se relacionaron con Emmanuel Decaux, quien hasta el año pasada encabezaba el Comité sobre Desapariciones Forzadas del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, y quien sigue siendo un miembro influyente de dicho Comité.

Fue junto con él y con Anne Boucher, responsable del programa Américas de la Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura (ACAT), importante ONG francesa con ramificaciones internacionales, que la corresponsal visitó la muestra parisina de Huellas de la Memoria.

Viaje en el tiempo

Impresionados por la escenografía de la exposición, Decaux y Boucher siguieron durante más de una hora el recorrido cronológico de la exposición ideado por López Casanova.

“Empezamos en los años 70 con calzados de las dos fundadoras del Comité Eureka: las botas de Rosario Ibarra de Piedra, cuyo hijo Jesús fue detenido en Monterrey el 18 de abril de 1975 y nunca volvió a aparecer, y los zapatos de Celia Piedra Hernández, cuyo esposo, Jacobo Nájera Hernández, integrante del Movimiento Revolucionario del Magisterio, desapareció en Guerrero después de que la policía judicial lo detuvo el 2 de septiembre de 1974”, advierte el escultor antes de comentar:

“Trágicas son las vueltas que da la vida en México. El maestro Jacobo Nájera resulto ser exestudiante de la escuela normal rural de Ayotzinapa. 40 años han pasado y sigue la misma abominación”.

López Casanova se detiene un momento ante las huellas de los zapatos de Juan Chávez Hoyos y describe su caso: “El 28 de agosto de 1978, Celia y Rosario iniciaron una huelga de hambre afuera de la Catedral de México, en el corazón histórico de la capital, para exigir la presentación de sus desaparecidos.

“Fue una iniciativa sumamente arriesgada. Juan, entonces joven estudiante de preparatoria, se les acercó y les preguntó si las podía ayudar en algo. Les trajo agua y cada día pasaba un ratito con ellas. El 8 de septiembre lo desparecieron en el Eje Central…”

Silencio atento de Emmanuel Decaux y de Anne Boucher.

“Ahora –dice López Casanova– vamos a ver la secuencia dedicada a los desaparecidos de Guatemala. Avanzamos en el tiempo, ya estamos en los años 80”.

Señala las huellas delgadas de unos zapatos en los que se lee: “Me llamo María Elisa, busco a mi papá Gustavo Adolfo Meza Soberanis, desaparecido el 7 de septiembre de 1983. Militaba en la ORPA (Organización Revolucionaria de los Pueblos en Armas). Mataron a mi mamá cuatro años más tarde…”

Insiste el escultor: “En los últimos 30 años la desaparición de centroamericanos en México aumentó en forma exponencial. Se maneja la cifra de 80 mil migrantes desaparecidos. Son víctimas que siguen siendo invisibles.

“En numerosos casos son los mismos agentes mexicanos de migración quienes los entregan a los traficantes. Fue gracias a la sección mexicana del movimiento H.I.J.O.S (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) que pudimos establecer contactos con sus familiares”.

En “la guerra sucia” de Calderón

Decaux asiente. Se nota que conoce la situación. Sigue el recorrido y ya estamos en el año 2005.

“Todo se acelera con la guerra sucia de Calderón contra el narcotráfico”, enfatiza el vocero de Huellas de la Memoria.

Decaux y Boucher se desplazan entre huaraches oriundos de Oaxaca e Iguala, tenis de Mexicali, Saltillo y Celaya, botines de Monterrey, mocasines de Poza Rica, sandalias de Anáhuac, hasta llegar a zapatos de Ayotzinapa.

El escultor se detiene un segundo. Con amplios gestos de los brazos abarca todo el conjunto de calzados que cuelgan del techo.

“Pues, tienen frente a ustedes el mapa completo de México. No falta un solo Estado. Las desapariciones forzadas azotan a todo el país”, dice y agrega:

“Nos importa sobre manera mapear cuidadosamente todas estas desapariciones, además de recopilar y sistematizar los datos sobre las víctimas que nos mandan sus familiares junto con los zapatos. Queremos subirlos a la web, pero sobre todo aspiramos a crear un banco de datos en colaboración con otras organizaciones que trabajan sobre desapariciones forzadas.

“Ese banco de datos será una fuente de información capital para una futura Comisión de la Verdad que algún día se creará en nuestro país y que arrojará luz sobre todos los crímenes perpetrados desde hace más de cuatro décadas”.

Después de unos segundos de reflexión, el escultor confía que el colectivo Huellas de Memoria está sumamente preocupado por el número muy reducido de mujeres desparecidas buscados por sus familiares.

“En esa muestra sólo tenemos a tres casos de desaparecidas –subraya–. Eso no es normal. Desaparecen tantas mujeres como hombres y sin embargo a ellas se les busca con mucho menos frecuencia”.

Boucher reacciona de inmediato. Quiere saber por qué ocurre semejante fenómeno.

“No tenemos explicaciones satisfactorias –responde Casanova–. Esta situación tendría que ser investigada a fondo por expertos. Sólo tenemos pistas de reflexión. Una de ellas es la actitud del Ministerio Público que nunca toma en serio las denuncias de desapariciones de jovencitas y de mujeres.

“Los policías hablan de fugas con novios o amantes, de ganas de dinero fácil que incita las mujeres a trabajar en bares y cantinas. Humillan tanto a los familiares de las víctimas que muchos renuncian a denunciar su desaparición e inclusive a buscarlas”.

Emmanuel Decaux y Anne Boucher toman apuntes.

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