Fallece a los 75 años Susana Sierra; “una pintoraza”, la definió Tamayo

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La pintora Susana Sierra, discípula del pintor de origen suizo Roger von Gunten, falleció la madrugada del miércoles en Cuernavaca, Morelos, en donde residía desde hace tiempo.

Sierra nació en la Ciudad de México en 1942. Realizó estudios de Historia del Arte en Italia y Francia, entre 1964 y 1965, y posteriormente, de 1968 a 1970, Filosofía y Arte Prehispánico. Cursó la carrera en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, de la cual egresó en 1976. Fue becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y de la Fundación Pollock-Krasner de Nueva York.

Miembro de la generación de artistas como Ilse Gradwohl, Irma Palacios y Martha Palau, Sierra se expresó también a través de lenguajes abstractos.

Al reseñar la exposición Bienal de Febrero o Salón 1977-1978, en la cual se abordaban las nuevas tendencias artísticas y que se presentó en el Museo de Arte Moderno, la crítica de arte Raquel Tibol dijo en la revista Proceso acerca del trabajo de la artista plástica:

“De la pintura-pintura lo más suavecito que podemos decir es que está totalmente fuera de contexto, salvo, quizás, las dos estelas de Susana Sierra, de buenas texturas y acertada policromía”.

La desaparecida crítica incluyó a Sierra en su libro Mujeres en las artes visuales, dentro de un apartado acerca de 13 artistas en activo, entre las que también se encuentran Joy Laville, Helen Escobedo, Irma Palacios, Flor Minor y Nunik Sauret.

Y a propósito de la muestra Doce pinturas, expuesta en junio de 1993 en la Galería Lourdes Chumacero, Tibol estableció una relación entre el pintor oaxaqueño Rufino Tamayo y la pintora:

“Estas pinturas de su vigésimo segunda muestra individual han sido elaboradas con énfasis en la gestualidad, el color y la materia, y por ello se ubican con alta calidad dentro de un arte que, siendo abstracto, se acerca a ciertas maneras de Rufino Tamayo, quien gustaba de recordar una y otra vez que no había que catalogarlo como abstracto porque nunca había abandonado la figura o las formas derivadas o evocadoras de la realidad, aunque ésta fuera de dimensión cósmica.

“Como Tamayo, Susana Sierra usa polvos para engrosar la materia; como Tamayo, persigue que las superficies brillen lo menos posible, aunque ahora ha usado trazos en dorado o en blanco plateado, los cuales dan irisaciones más contundentes que los escondidos corpúsculos pétreos; como Tamayo, deja que los colores vayan haciendo lo suyo a medida que los mezcla y superpone en el soporte mismo (tela o papel), en un lírico juego de transparencias verdaderamente turbulento; como Tamayo, salpica, chorrea, raspa, frota, cambiando en el proceso la posición del cuadro para conseguir una indefinición de límites; como Tamayo, tiene una clara conciencia de los pesos y contrapesos que se establecen entre las zonas y las masas de color”.

Cuando en 1982 se llevó a cabo la Primera Bienal de Pintura Rufino Tamayo, el reportero Armando Ponce, también del semanario Proceso, tuvo oportunidad de visitar la exposición en el Palacio de Bellas Artes acompañado por el pintor oaxaqueño, quien apostó a que las nuevas generaciones derrotarían a los llamados “tres grandes del muralismo mexicano”.

Y durante ese diálogo exaltó la obra de Susana Sierra:

“–Hay buenas pintoras jóvenes, ¿verdad? –preguntó Ponce a Tamayo.

“Sí. Hay una muchacha que es una pintoraza, se llama Susana Sierra. Yo tengo un cuadrazo de este tamaño de ella, en mi casa”, compartió.

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