Yarrington vivía rodeado de la mafia calabresa

El domingo 9 el cerco se cerró en torno a Tomás Yarrington. La policía italiana, en colaboración con la estadunidense, lo aprehendió en Florencia mientras paseaba por una plaza. “Parecía un don nadie”, dice a Proceso Luigi Rinella, quien coordinó la operación de localización y captura. El exgobernador había viajado a esa ciudad desde su casa en el lejano pueblo calabrés de Paula, corazón mismo de la temida organización criminal la ‘Ndrangheta. Este hecho lleva a pensar a los investigadores italianos en una probable relación o complicidad del tamaulipeco con esa mafia.

ROMA (Proceso).- La mañana del pasado domingo 9, el día que los policías que lo seguían iban a aprehenderlo, Tomás Yarrington estaba en la ciudad de Paula, en la sureña Calabria, una de las regiones más peligrosas de Italia y cuna del grupo criminal la ‘Ndrangheta calabresa.

Yarrington ocupaba una vivienda alquilada en la avenida Dei Giardini, a pocos metros de una comisaría de policía, en un barrio residencial de esta pequeña ciudad costera de poco más de 16 mil habitantes. En el primer piso de esta residencia el exgobernador de Tamaulipas se había instalado hacía pocos meses, revelan a Proceso fuentes cercanas al caso.

Allí Yarrington mantenía también algunas pertenencias que encontraron los policías en un allanamiento posterior a su detención: un pasaporte con su verdadero nombre, relojes de lujo y una computadora, entre otras cosas. “Parecía un don nadie. Iba bien vestido, se mostraba como un señor amable y discreto”, cuenta uno de los agentes consultados para este trabajo. “No hacía vida de fugitivo. Pasaba desapercibido, como un jubilado más”, precisa después Luigi Rinella, quien coordinó la operación de localización y captura del prófugo mexicano.

Tan tranquilo estaba Yarrington que incluso se había conseguido un perro. “Y no sólo eso, también frecuentaba un gimnasio”, puntualiza Arcangelo Badolati, un veterano periodista de la Gazzetta del Sud y quien ha estado detrás de las huellas de Yarrington desde que se conoció la noticia de su presencia en Italia.

Según la reconstrucción de Badolati, la vivienda en la que se refugiaba Yarrington en Paula había sido alquilada mediante una agencia inmobiliaria sobre la cual hay pesquisas en curso.

“No había mucho lujo”, dice otro policía que, sin embargo, no quiso precisar si la casa –ahora inaccesible– tenía cámaras de seguridad u otros mecanismos para agilizar una eventual fuga. Con toda probabilidad el alquiler no era alto, en una zona donde las rentas rondan los 300 euros mensuales.

La orden de localización y detención de Yarrington le llegó a la policía italiana en febrero por una alerta, emitida a través de la Interpol, del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos y en particular del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de ese país.

La alerta, transmitida a la División de Cooperación Internacional de la policía italiana, activó el trabajo de sus unidades móviles. La pista surgió de la esposa de Yarrington, María Antonieta Morales Loo. A ella, según el relato de los estadunidenses a la policía italiana, la habían localizado en Roma en una fecha no precisada del año pasado.

Además, el 26 de diciembre de 2016 Yarrington fue interceptado en Calabria en un control de tráfico de rutina de los carabineros, en el pueblo costero de Scalea, a pocos kilómetros de Paula. Fuentes policiacas confirman que viajaba en un automóvil Audi A5, cuyo propietario resultó ser un italiano cuyo hijo tiene una relación con una mexicana.

Interrogado en ese momento, Yarrington mostró a los carabineros una licencia de manejo. “José Ángel Márquez Pérez”, se leía en el documento. Los agentes introdujeron el permiso apócrifo en su base de datos. No apareció nada y el prófugo se libró de ser arrestado. “El hecho de que sólo necesitó presentar ese documento para engañarnos se debió a que en Italia nadie lo buscaba, pues nadie había emitido la alerta”, explica Rinella.

Se desconoce si Yarrington siguió usando ese vehículo, aunque algunas fuentes apuntan a que sí, que el automóvil había sido comprado pocos meses antes y que incluso lo habría usado para desplazarse, recorriendo la autopista de Salerno-Reggio Calabria, hasta la región italiana de Campania, hogar de otra mafia, la Camorra Napolitana.

Tampoco hay certeza de cómo y cuándo Yarrington llegó a Italia, ni qué hizo mientras estuvo aquí. Las autoridades italianas afirman no tener registro de que ingresara por una de sus fronteras, lo que sugiere que ya estaba en Europa y se desplazó al país aprovechando el Acuerdo de Schengen, que permite el libre movimiento de los ciudadanos en el territorio de la Unión Europea.

Estaba en EU

Según el profesor Luca Marafioti, un conocido abogado romano que empezó a defenderlo dos días después de su detención, Yarrington salió de Estados Unidos en 2012, después de que su visa se venciera y no se la renovaran. Su destino fue Europa.

“No se fugó de Estados Unidos; se fue porque no se podía quedar. Esto tiene que quedar claro. Esa información es parte de las declaraciones de Yarrington”, puntualiza Marafioti en entrevista.

“También hay registro de su presencia en España y él mismo dijo que vivió en la provincia de Grosseto, en Toscana, y en Roma. No aclaró bien las fechas de cada estancia, pero dijo que, durante este tiempo y dado que él es licenciado en economía, se ocupó de los asuntos de la familia”, precisa el letrado.

Sólo después de febrero, con el empuje de la información que iba llegando desde Washington, se puso en marcha el operativo en Italia. En ese contexto, los agentes italianos, que nunca entraron en contacto con sus colegas mexicanos, poco a poco fueron estrechando el cerco.

Las pistas acumuladas –algunas operaciones electrónicas, pagos mediante tarjetas de crédito y la interceptación de un Iphone 6 con línea de una telefónica italiana–, lo colocaron en tres regiones: Lacio, Toscana y Calabria. En poco tiempo, un mes antes de su arresto, su casa en Paula ya estaba bajo vigilancia. Así fue que el domingo 9, temprano, la policía italiana emitió una alerta. Su captura estaba en marcha.

Ese domingo Yarrington salió de su casa y se dirigió a la estación de trenes de Paula. Abordó uno a Roma. Los policías decidieron seguirlo. El pasajero iba solo y a mediodía llegó a la capital italiana, donde tomó otro tren, esta vez rumbo a Florencia. Allí se instaló en un alojamiento bed and breakfast junto a la Plaza Cesare Beccaria, a 15 minutos a pie de la catedral, en una zona donde todos los días pasan centenares de viajeros.

“Eligió una habitación y otra la asignaron a otra persona, de nacionalidad polaca, que iba con él”, cuenta Amadore Agostini, periodista del diario La Nazione. Luego los dos se fueron a cenar a un restaurante de la Plaza de la Señoría, la principal de Florencia. Otros testigos también han hablado de un encuentro que tuvieron los dos con una pareja de italianos, aunque no hay pruebas de ello.

Los policías italianos los detectaron, esperaron la llegada de sus colegas estadunidenses y hacia las nueve de la noche, varios vehículos policiales lo bloquearon en la Plaza Beccaria, a pocas cuadras de donde había cenado.

“¿Puede identificarse?”, le preguntaron los agentes. Yarrington volvió a entregar el permiso de conducir apócrifo usado durante el control de los carabineros en Scalea. Pero esta vez el final fue diferente. La captura puso fin a una larga e intensa búsqueda que se había acelerado en esas últimas horas.

Lo llevaron a la comisaría, le tomaron las huellas digitales y, tras verificar que era él, le comunicaron formalmente que estaba bajo detención.

–¿Quiere ponerse en contacto con su embajada? –le preguntaron.

–No –respondió, y agregó que sólo quería comunicarse con su esposa. Les entregó entonces un número telefónico con prefijo estadunidense.

Después lo trasladaron a la cárcel de Sollicciano, en las afueras de Florencia.

El problema de la extradición

El miércoles 12 tuvo lugar el primer interrogatorio, que duró una hora y se llevó a cabo en la misma prisión de Sollicciano. Tras verificar rápidamente sus datos personales, la juez del Tribunal de Apelaciones, Grazia D’Onofrio, le preguntó si consentía ser extraditado, a lo que el exgobernador se negó.

“Si hubiera dicho que sí, eso habría facilitado todo”, indicó entonces el procurador general de Florencia, Marcello Viola.

“Uno de los aspectos que subrayó Yarrington durante la primera audiencia es que no fue informado formalmente de las acusaciones en su contra, ni por parte de Estados Unidos ni por México. Supo de todo a través de la prensa, que martilló con el tema durante mucho tiempo”, dice Marafioti. “Habrá que evaluar si elementos de naturaleza política, y en qué medida, afectan la cuestión judicial”, añade.

En tanto, en las salas de los tribunales de Florencia la tensión se disparó y, con ella, el hermetismo informativo sobre la pugna entre Estados Unidos y México por convencer a Italia de la entrega de Yarrington. “Nunca los vi tan nerviosos y silenciosos”, comenta Agostini, conocedor de los despachos judiciales
florentinos.

Otro testigo relata que el Ministerio de Exteriores de Italia llamó a ese tribunal para pedir que el caso se maneje con discreción, algo inusual en este país. Al mismo tiempo, una delegación de la embajada de México, encabezada por el embajador Juan José Guerra Abud, viajó en secreto hasta la ciudad para reunirse con autoridades locales.

De la reunión no se supo nada hasta que, desde México, la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Procuraduría General de la República dieron noticia de la misma, mediante una escueta nota pública difundida el miércoles 12. En la misma, ambas instancias recordaron la existencia de un acuerdo bilateral con Roma, el Tratado de Extradición entre el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y el Gobierno de la República Italiana, firmado en 2011 y ratificado en 2015.

En los artículos 11, 12, 13, 14, 15 y 16 de dicho documento se lee la jurisprudencia sobre el tema en cuestión y se detallan las seis circunstancias a considerar en los casos de extradición de personas reclamadas por varios Estados, entre ellas la nacionalidad del acusado, la existencia de un tratado y el tiempo y el lugar de la comisión de los delitos.

Otro elemento es que México ha extraditado recientemente al menos a dos delincuentes italianos. El pasado 11 de marzo llegó a Italia, procedente de México, el mafioso Giulio Perrone; el 16 de marzo tocó el turno a Iván Fornari, quien había sido localizado en Playa del Carmen.

No obstante, Estados Unidos también tiene un tratado de extradición con Italia, es un aliado histórico de este país y además participó en la localización y detención de Yarrington, algo que, en opinión de algunos observadores, apunta a que la resolución del caso llegará, en gran parte, por la vía diplomática.

Los tiempos también son una incógnita. “México tiene 60 días para entregar toda la documentación, mientras que Estados Unidos tiene 45 días. Después de que llegue la información, se fijará la siguiente audiencia. Por ello es difícil hacer previsiones”, detalla Marafioti. “No se pueden hacer hipótesis”, dijo Viola.

Pero la policía italiana no ha dejado de investigar pues el caso Yarrington desató todo tipo de preguntas entre los investigadores: ¿por qué eligió Italia y, precisamente Calabria, tierra de la ‘Ndrangheta?, ¿tuvo cómplices?, ¿hay nexos con las mafias italianas?, ¿cómo pudo vivir tanto tiempo en Europa sin que nadie se percatara?

(Este reportaje se publicó en la edición 2111 de la revista Proceso del 16 de abril de 2017)

Comentarios