La hegemonía estadunidense se fortalece

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En los días previos a la Semana Santa dos grandes temas capturaban la atención de los interesados en la situación internacional: el encuentro del líder chino Xi Jinping con Donald Trump, en Florida, y el ataque con armas químicas a la población siria, atribuido a las fuerzas del presidente Bashar al Assad. El lanzamiento sobre Afganistán de “la madre de todas las bombas”, el dispositivo de mayor poder destructivo sin ser una bomba nuclear, confirma la decisión de hacer sentir el poder militar de los Estados Unidos y la voluntad de usarlo.

Lo primero permitía abrir el diálogo entre las dos mayores potencias del mundo sobre dos asuntos de enorme trascendencia: el comercio chino-estadunidense, considerado por Trump injusto para Estados Unidos, y las presiones que pueden ejercerse sobre Corea del Norte para poner fin a sus provocaciones en materia de desarrollo de misiles y bombas nucleares. Lo segundo obligaba a reflexionar sobre cómo reaccionar a las atrocidades en Siria teniendo en mente los resultados fallidos de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas que, en junio de 2014, declaró que tales armas se habían eliminado de ese país.

De manera sorpresiva, Trump modificó los parámetros para cualquier análisis. Tomó la decisión más importante en materia de política exterior de los primeros 70 días de su gobierno y, en general, de la acción del Ejecutivo en los últimos 14 años, ordenando el bombardeo –con 59 misiles Tomahawk– de la base aérea siria desde la que, supuestamente, salió la agresión con armas químicas. Fue una decisión que sienta las líneas sobre las que Trump desea mantener la superioridad de Estados Unidos en asuntos internacionales relacionados con la paz y la seguridad.

Ese bombardeo fue muestra de la velocidad, fiereza e impunidad con la que puede hacer uso de la fuerza el presidente de Estados Unidos. Fueron ignoradas las bases legales establecidas en la Constitución estadunidense y el derecho internacional contemporáneo para llevar a cabo una acción de ese tipo. En efecto, se trata de una acción militar en contra de otro Estado que requiere la aprobación del Congreso y, sobre todo, está prohibida de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas.

Uno de los grandes adelantos del derecho internacional establecido con la creación de la ONU en 1945 es la prohibición de usar la fuerza en las relaciones internacionales sin la autorización del Consejo de Seguridad de dicha organización. La única excepción contemplada es la legítima defensa individual y colectiva en caso de sufrir un ataque armado, y eso sólo mientras el Consejo de Seguridad toma las medidas pertinentes. Por horrible que resulte un ataque con armas químicas a la población siria, no era una agresión armada contra Estados Unidos.

A pesar de la ilegalidad dentro de la cual se actuó, la acción militar fue un éxito para la popularidad interna de Trump. En el Congreso, ambos partidos –el Republicano y el Demócrata– apoyaron la decisión. Hubo señalamientos críticos respecto de la ausencia de un plan de largo plazo, la incertidumbre sobre las consecuencias, así como en torno a la necesidad de consultar al Congreso en el futuro. Pero tales señalamientos, expresados de manera cautelosa, no ocultan el júbilo que provocó la decisión rápida y sin titubeos que, según las élites políticas y simpatizantes de Trump, devuelve el prestigio a Estados Unidos y lo hace ver comprometido con los asuntos mundiales.

El tema ha dado un duro golpe a la herencia histórica de Obama que aparece, en comparación, como débil e ingenuamente confiado en los compromisos de Al Assad y Putin. Personalidades de gran prestigio académico, como Anne Marie Slaugther, que abandonó temporalmente su puesto en la Universidad de Princeton para ser jefa de Planeación de Política Exterior de Obama, no vaciló en aplaudir la acción de Trump exclamando: “al fin se va más allá de las palabras” (The New York Times 07/04/2017). En la misma línea se pronunciaron varios exasesores del otrora mandatario y ven como una de sus fallas no haber actuado militarmente en Siria en 2013.

Así, después de numerosos errores que permitieron especular sobre un presidente que no terminaría su periodo, Trump reapareció ante numerosos estadunidenses como el hombre que tiene la rapidez y el instinto para ser el presidente esperado en materia de política exterior.

El malestar se ha expresado en otros ámbitos, donde hay interés por preservar la acción colectiva e incluyente que forma parte de la razón de ser de los foros multilaterales. Sin duda es el momento de defender a la ONU. El secretario general de la Organización, consciente de una escalada de tensiones con probables desenlaces muy peligrosos, se empeñó en recuperar el papel de la ONU señalando que la rendición de cuentas por crímenes cometidos con armas químicas debe hacerse de acuerdo con las normas internacionales y las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Mención especial merecen los países latinoamericanos. Los actuales miembros no permanentes de la región en el Consejo de Seguridad –Bolivia y Uruguay– rechazaron el uso de la fuerza de manera unilateral por parte de Estados Unidos. A su vez, los cancilleres de Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay, que se encontraban en Buenos Aires celebrando una reunión de países del Mercosur y la Alianza del Pacífico, emitieron un comunicado conjunto. Después de condenar vivamente el uso de armas químicas, enfatizaron que la acción para combatirlas debe ser respaldada por toda la comunidad internacional, de conformidad con las normas de derecho internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas.

El precedente de recurrir a la acción militar por parte del gobierno de Trump no puede tomarse a la ligera. Decidir apretar un botón para lanzar casi 60 misiles sin explicar las acciones a seguir para buscar la paz en el atribulado Medio Oriente incrementa la incertidumbre y los riesgos de la grave situación que allí se vive.

Una pregunta acrecienta ahora los temores. ¿Será suficiente la irresponsabilidad del régimen de para que Trump decida sorpresivamente enviar a Corea del Norte algunos misiles a ese país y desencadenar un enfrentamiento nuclear? Opacado totalmente por el bombardeo en Siria, el encuentro con Xi Jinping no dejó resultados visibles sobre acuerdos para detener a Corea del Norte. En cambio, lo que se impuso a los ojos de la opinión pública internacional fue la soberbia del presidente Trump para fortalecer la hegemonía de Estados Unidos en el mundo.

Este análisis se publicó en la edición 2111 de la revista Proceso del 16 de abril de 2017.

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