TLCAN: incertidumbre comercial

Alrededor de 5 millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio con México y miles de compañías de ese país aprovechan las ventajas que les ofrece el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Salirse de éste o imponer aranceles fronterizos –tal como ha amenazado el presidente Donald Trump– equivaldría a darse un balazo en el pie. Un ejemplo: Texas, estado en el que el republicano ganó en las elecciones presidenciales, podría entrar en recesión si se frena el intercambio comercial que mantiene con las entidades del norte de nuestro país.

EL PASO, Texas (Proceso).- El trabajo en Keats Southwest Manufacturing no se detiene un solo minuto durante los cinco días de la semana. El ruido incesante de las prensas y máquinas troqueladoras se materializa en millones de estampados metálicos, cables minúsculos, conexiones, piezas de acero y ensamblajes para las industrias automotriz, aeroespacial, médico militar y de electrodomésticos.

Cada día, decenas de clientes llegan a la planta de Keats, ubicada muy cerca del puente fronterizo, para recoger esos materiales y llevarlos a Ciudad Juárez, donde son incorporados a una gran variedad de productos en las plantas maquiladoras de la ciudad. Al cabo de un tiempo, esas mismas piezas vuelven a entrar a Estados Unidos convertidas en productos terminados. Es un ciclo de producción permanente que refleja la integración de las economías de México y Estados Unidos.

El “noventa por ciento de nuestros componentes producidos en Estados Unidos son exportados a México”, dice Brad Keats, gerente de ventas del grupo. “Nuestros clientes allá los usan en la producción de autos, puertas, sistemas eléctricos, switches para prender la luz o para encender el auto. Sin saberlo o no, muchas personas en Norteamérica usan nuestros componentes en su vida diaria”.

Keats Manufacturing, una empresa originaria de Chicago, abrió su planta en El Paso en 1994, el año en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Desde entonces, su operación creció de seis empleados y seis máquinas de producción a 70 empleados trabajando en tres turnos. En ese mismo lapso de tiempo, sus ingresos anuales pasaron de un millón a alrededor de 10 millones de dólares. La empresa adjudica el éxito de sus operaciones al libre flujo de mercancías que permitió ese acuerdo comercial.

Pero hoy, las certezas de Keats Southwest y de cientos de empresas manufactureras establecidas en Texas penden de un hilo. La causa: Donald Trump.

“No hay nada peor para los negocios que un clima de incertidumbre”, dice Keats. “Todo mundo está preocupado porque nunca sabes qué va a venir de esa oficina (del presidente Trump). Él dice lo que viene a su mente y eso está bien cuando eres estrella de un reality show, pero no cuando eres el presidente del país más poderoso del mundo”.

Vínculos indisolubles

A lo largo de su campaña, Trump prometió deshacerse del TLCAN, al cual siempre se refirió como “el peor acuerdo comercial que se haya firmado en el país y el causante de la pérdida de ‘millones de empleos estadunidenses’”.

Tres días después de la toma de posesión, Trump firmó una orden ejecutiva para sacar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y ese mismo día la Casa Blanca informó sobre las pretensiones del presidente de renegociar el TLCAN.

“El presidente Trump está comprometido a renegociar el TLCAN. Si nuestros socios rechazan una renegociación que dé a los trabajadores americanos un trato justo, entonces el presidente avisará su decisión de retirarse del acuerdo”, indicó el comunicado oficial.

El pasado 11 de abril, Trump se reunió con empresarios en la Casa Blanca y les anunció que tendrá “agradables sorpresas” relacionadas con el TLCAN, pero no precisó elaboró más.

En los días previos, el borrador de un documento del Departamento de Comercio que circuló entre los legisladores asentó que Estados Unidos intentará preservar los derechos y obligaciones que tiene bajo el tratadoTLC. Sin embargo, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, deslindó a la administración de ese documento y dijo que no era un reflejo objetivo de la posición del gobierno respecto al TLCAN.

Las palabras y decisiones de Trump no sólo han generado nerviosismo. También han provocado el aplazamiento de proyectos de inversión.

“El impacto inmediato de las discusiones sobre si revocar o no el TLC, o imponer aranceles e impuestos fronterizos, fue detener abruptamente los planes de expansión de algunas compañías o de trasladar plantas a México”, dice Mike Wills, director ejecutivo de la Asociación de la Industria Manufacturera del Sur de Texas, que agrupa a unas 150 empresas.

“Incluso –añadió– compañías que consideraban abrir plantas en Estados Unidos para servir a la industria maquiladora detuvieron sus planes debido a la incertidumbre. No hay forma de hacer un plan de negocios o anticipar costos en un ambiente como el que tenemos ahora.”

Texas tiene una fuerte dependencia de sus exportaciones hacia México. Según datos de la Administración Internacional de Comercio (ITA) el 37% de sus ventas externas tuvieron como destino México. Desde el 2005, las exportaciones del estado a países con acuerdos de libre comercio aumentaron 89% y México acaparó la mayor parte de ese crecimiento

Una eventual ruptura del TLC, acompañada de la imposición de tarifas arancelarias por parte de Estados Unidos, tendría un efecto catastrófico para Texas.

“La economía del estado entraría definitivamente en recesión”, dice Tom Fullerton, profesor de economía en la Universidad de Texas en El Paso. Y puntualiza: “Dañaría a la industria electrónica manufacturera en Austin y San Antonio, a la petroquímica en Houston y a la industria de transportación y de telecomunicaciones en Dallas. Además las ciudades fronterizas de El Paso, Laredo, McAllen y Brownsville sufrirían mucho daño”.

El escenario para México no sería distinto:

“Si el TLC es revocado y en su lugar se imponen barreras arancelarias, el resultado sería una recesión severa en México, pues la economía mexicana enfrenta más riesgos asociados con esto que la economía estadounidense”, agrega Fullerton. Sin embargo, agrega, “en Estados Unidos este tipo de escenario causaría estanflación, una situación en la que habría exceso de capacidad industrial, incremento de desempleo acompañado de altos precios e inflación… Posiblemente también causaría recesión”.

No obstante, Fullerton considera que este escenario tiene una probabilidad de suceder de entre uno y cinco. Es probable, dice, que las cosas se encaminen más hacia una revisión y una expansión del acuerdo comercial que a su revocación.

Agrega: “Hay gente en la administración que está hablando de extender el acuerdo para incluir temas como el energético porque México tiene ahora reglas que no existían en 1994… Pero hay otras personas dentro de la misma administración que no ven las cosas de la misma manera y no es claro que grupo será el que ejerza mayor influencia en las decisiones”.

Sin bola de cristal

Nadie parece saber qué hará la administración de Trump en relación con el TLC, pero empresarios y analistas están convencidos de que no se puede culpar al acuerdo de la pérdida de empleos en Estados Unidos. Ellos coinciden también en que las tarifas arancelarias o su eventual revocación pondrían en riesgo millones de empleos en el país.

“En la renegociación del TLC los grupos manufactureros tienen un claro mensaje para el equipo de Trump: no dañen las exportaciones estadunidenses. Hay dos millones de trabajos en la industria manufacturera que dependen de nuestra relación con Canadá y México’, le dijo Linda Dempsey, vicepresidente de Asuntos Internacionales de la Asociación Nacional de la Industria Manufacturera a la revista Forbes. “No queremos poner esos trabajos en riesgo”.

Un estudio elaborado por el Instituto México del Woodrow Wilson Center ubicó en casi 5 millones el número de empleos estadunidenses directos e indirectos que dependen del comercio con México. El estudio señala que si el comercio entre ambas naciones se detuviera, 4.9 millones de personas se quedarían sin trabajo.

En este sentido, los analistas coinciden en que no hay un solo indicador que sustente la idea de que la renegociación del TLC restauraría los miles de trabajos que se han perdido en Estados Unidos en los últimos años y que Trump ha prometido recuperar.

“El trabajo manufacturero en los Estados Unidos ha decrecido en los últimos 50 años, pero no por el comercio internacional sino por los procesos de innovación tecnológica”, dice Jim Peach, profesor de economía en la Universidad Estatal de Nuevo México. “La idea de que Donald Trump va a regresar esos trabajos es absurda”.

Explica: Hace 50 años, Estados Unidos importaba unos cuantos automóviles pues General Motors y Chrysler producían totalmente los de consumo nacional. Eventualmente entraron los japoneses, luego los alemanes y los coreanos. “Ahora, los automóviles tienen el volante producido en un país, la máquina en otro, ciertas piezas en otro… El sistema internacional de producción no va a cambiar porque Donald Trump quiere hacerlo”.

“El problema es que (Trump) no tiene la información correcta, especialmente en comercio internacional. “Una cosa es hacer promesas de campaña y otra enfrentarse a la realidad”, aclara Peach.

Un error pelear con México

Unos 25 kilómetros separan el puente Las Américas de El Paso, del Puente Santa Teresa en Nuevo Mexico, que conecta el parque industrial del mismo nombre con el nororiente de Ciudad Juárez.

En los últimos 26 años, Jerry Pacheco, un consultor internacional de negocios, ha trabajado intensamente para lograr que decenas de empresas estadunidenses, principalmente del medio oeste, se establezcan en el área para abastecer a sus clientes mexicanos.

Sus esfuerzos han rendido fruto: Entre 1993 y 2016, el valor total de la mercancía exportada desde este parque industrial hacia México pasó de mil millones de dólares a 26 mil millones de dólares por año. Ese crecimiento fue aparejado a la creación de cerca de 4 mil empleos directos.

Pacheco expone: “No hay ningún estado que se haya beneficiado tanto de NAFTA como Nuevo México en términos de crecimiento de comercio. Algo que la administración de Trump no entiende es que muchos de los empleos que se perdieron en Ohio, Michigan y Kentucky no se fueron para México, sino que se mudaron a Santa Teresa o al El Paso para hacer más eficiente la producción y la cadena de abasto. Un estudiante de preparatoria lo entendería una vez que se lo explicas”.

Pacheco añade que el clima de incertidumbre creado por la administración Trump ha detenido la expansión de los negocios en el área o la mudanza de compañías a este parque industrial.

“Los inversionistas están en una actitud de mirar y esperar. Tienen temor a lo que pueda pasar y no quieren arriesgar su dinero”, apunta. “Eso cancela la creación de empleos, exactamente lo opuesto a lo que dice que quiere hacer”.

Pacheco califica como absurda la idea de imponer tarifas arancelarias a los bienes procedentes de México porque sería el consumidor estadunidense quien al final pagaría ese impuesto. Además asegura que las empresas de Estados Unidos no aceptarán la idea de una revocación del TLC o de una guerra comercial ligada a los aranceles.

“No creo que las compañías americanas van a decir ‘esta bien, vamos a cancelar el TLC’… No van a aplaudir una medida así, ni se van a quedar quietos. Van a levantarse, a protestar y regresar las cosas a la normalidad.”

Pacheco advierte que el gobierno de Trump comete un error al querer pelear con México, quien ha sido un excelente aliado para Estados Unidos.

“México es nuestro vecino, no nuestro enemigo. Tú no le haces algo así a un país con la estatura de México. Si pones las cosas en perspectiva, el tamaño de la economía de México es un dieciseisavo de la de Estados Unidos; la población aquí es de 350 millones de personas y en México de 107 millones. Somos un gigante y estamos usando a un pequeño país como chivo expiatorio. ¡Qué idiotez. Nunca había conocido a una persona que fuera tan perturbadora!”

Este reportaje se publicó en la edición 2111 de la revista Proceso del 16 de abril de 2017.

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