Los primeros cien días de Trump

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Es una costumbre en la vida política de los Estados Unidos ver los primeros cien días de un presidente como un momento significativo para evaluar los éxitos de una nueva administración. Esta vez, la mayoría de medios de comunicación en ese país coinciden en ver a Trump como el presidente menos exitoso desde que ese punto de referencia se impuso en los años treinta del siglo pasado, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt.

Se considera que en esos cien días un presidente se encuentra en los momentos de mayor influencia para que se apruebe la legislación que convierta en realidad sus promesas de campaña; también es el momento en que en las filas de su partido existe mayor voluntad para fortalecer al nuevo habitante de la Casa Blanca; finalmente, es el momento en que su popularidad se mantiene, al menos, al nivel de la existente al momento de ganar la elección. Contrariamente a esas expectativas, Trump ha tenido pocos éxitos en el Congreso, ha producido fisuras en el campo republicano y es el primer presidente cuya popularidad, de acuerdo con las encuestas, es sólo de 41%, mientras que los presidentes anteriores no han bajado de 53%.

Desde el punto de vista de las acciones que requieren aprobación del Congreso, Trump ha tenido fracasos evidentes. Cierto que logró la aprobación de un juez de la Suprema Corte que durante las próximas décadas dejará allí su huella conservadora. Sin embargo, en parte por la batalla dada por los representantes demócratas y en parte por lo altamente polémico de sus nombramientos, la ratificación del equipo de trabajo ha sido enormemente lenta. Queda un 90 % de funcionarios de alto nivel que aún requieren ratificación.

Adentrándose en sus promesas de campaña más conocidas, dos han sido sus fracasos más rotundos: la imposibilidad de revertir el programa de salud creado por Obama, el famoso Obamacare que Trump desea sustituir por un sistema que dejaría sin protección a varios millones de estadunidenses. De otra parte, la no aprobación del financiamiento para su famoso Muro en la frontera con México. Esto último, por su interés para nuestro país, merece una consideración más detallada.

La idea del Muro levantó grandes aplausos de las multitudes enloquecidas que acudían a los mítines de Trump y coreaban “lo pagará México”. Sin embargo, el financiamiento de un proyecto con un costo de 21 mil millones de dólares, de utilidad muy dudosa para, según Trump, detener la entrada de inmigrantes y droga provenientes de México a Estados Unidos, ha levantado fuerte oposición, desde luego en las filas demócratas, pero también de buen número de republicanos, entre ellos los provenientes de estados fronterizos. Es un compromiso de campaña que Trump aseguraba se cumpliría en los primeros cien días; la realidad política y económica del descabellado proyecto es muy distinta.

En los grupos republicanos que tienen intereses directos en los estados fronterizos el proyecto tiene costos demasiado altos en materia ambiental, atropellamiento de territorios que son propiedad privada y características del terreno que hacen imposible su construcción. No es extraño que John Kelly, director de la Agencia de Seguridad Nacional, haya ido personalmente sobre el terreno para evaluar las condiciones y concluir que sólo es viable construirlo parcialmente.

Desde el punto de vista financiero, es obvio que el gobierno mexicano no considera la posibilidad de pagarlo. Por lo tanto, han surgido diversas propuestas, cada una más desafortunada que la otra, como son la retención de remesas provenientes de los trabajadores mexicanos, un impuesto fronterizo especial, o incluso la posibilidad de que sea pagado con la confiscación de bienes de narcotraficantes mexicanos, como El Chapo Guzmán. Ninguna de esas propuestas, cuya implementación supone medidas legales muy complicadas, puede tomarse en serio.

A pesar de haber llegado a amenazar con cerrar el funcionamiento del gobierno si el presupuesto que debe aprobarse los próximos días no contemplaba el financiamiento del Muro, el hecho es que Trump ha retrocedido. Lo más probable, entonces, es la construcción de algún pedazo de Muro que con seguridad no cruzará de un lado a otro de la frontera y sólo quedará como símbolo reprobable de un proyecto aislacionista, racista, que será una espina permanente para las buenas relaciones México-Estados Unidos.

Ahora bien, más allá de percepciones sobre la debilidad interna de Trump, los primeros cien días dejan varias señales, algunas positivas, otras aterradoras. Dentro de las positivas se encuentran los pesos y contrapesos institucionales que están funcionando. Tanto el poder legislativo como el poder judicial tienen una dinámica independiente que acota y restringe la acción del ejecutivo. Asimismo, la sociedad civil estadunidense de corte liberal ha dado señales de una gran vitalidad: desde la grandiosa manifestación de las mujeres hasta las marchas por la ciencia y contra el calentamiento de la tierra que han tenido lugar en diversas localidades en fechas recientes.

Dentro de lo aterrador se encuentra la acción militar en el exterior. Trump ha tomado decisiones como los bombardeos en Siria y Afganistán, el movimiento de fuerzas militares hacia Asia Pacífico, y el enfrentamiento verbal ambivalente con Rusiay China, que producen justificadas inquietudes. Estas acciones se inscriben dentro de la exaltación de la supremacía militar de ese país que ha influido para decidir guerras cuyas secuelas se resienten muy negativamente en la actualidad, como fue la guerra de Irak.

El ámbito militar es donde el poder del ejecutivo es omnipresente. Baste recordar que sólo él, sin ninguna forma de control, tiene la capacidad de decidir el uso de una bomba nuclear. En los primeros cien días el presidente ha tomado decisiones que obligan a estar en guardia y albergar temores. La situación tan delicada que prevalece en países como Corea del Norte o en la región del Medio Orienten puede dar lugar a reacciones violentas si Trump procede con provocaciones en su estilo impredecible y sin experiencia. En resumen, cien días en los que el miedo se ha hecho sentir.

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