“Orozco y los Teules, 1947”, en el Museo Carrillo Gil

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El Museo de Arte Álvar T. Carrillo Gil presenta una extraordinaria muestra bajo el título Orozco y los Teules. 1947.

Conformada por 43 obras de las 60 de la serie, esta selección abarca desde pintura de gran formato hasta acuarelas y dibujos, provenientes de varias colecciones, así como del acervo del propio museo.

Propuesta cuyo hilo conductor, “La Conquista”, fue pintada por el muralista en la década de los años veinte y que forma parte de su obra pública, como los murales de la Escuela Nacional Preparatoria (Antiguo Colegio de San Ildefonso, así como Épica de la Civilización Americana, 1932-1934, que se encuentra en el Dartmouth College de New Hampshire, y las pinturas del Hospicio Cabañas de Guadalajara).

Los “teules” es el nombre que utilizaron los indígenas para referirse a los conquistadores españoles. Su origen náhuatl, “teotl”, significa dioses, pero en la Historia verdadera de Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo –base de esta serie–, también significa demonios o dioses malignos.

La curaduría de Dafne Cruz Porchini logra, a partir de una profunda investigación, ofrecer una lectura que dé fe de la tesis para confirmar la desmitificación realizada por Orozco sobre la forma de contar la historia de la Conquista:

“Siempre hizo severas críticas a la concepción heroica de la resistencia indígena y cuestionó en buena medida la percepción académica.”

También confirma lo que en su tiempo escribió el historiador del arte Justino Fernández con respecto a esta serie con la cual, en 1947, Orozco recibió su membresía en El Colegio Nacional:

“Me dieron la impresión del inmenso dolor humano pues, en efecto, es el dolor, es el horror de un lado y del otro sin politiquerías. Nunca se había pintado o hablado así de la Conquista (…).”

La exposición consigue conmover de manera sorprendente el enfrentamiento violento entre dos culturas. Su iconografía representa ante todo escenas de guerra, donde aparecen fragmentos humanos, ríos de sangre, matanzas, sacrificios, así como los rituales utilizados por los guerreros indígenas, etcétera.

Provisto de una característica pincelada vigorosa, la personal paleta de Orozco, sus empastes y la manera de ocupar todo el plano se concretan en sus composiciones audaces, donde aparece la geometría como recurso formal para acentuar, de manera contundente, la velocidad y el dinamismo de trazos dramáticos que caracterizan su lenguaje.

Podemos reconocer las investigaciones técnicas que utilizó el artista a partir de lacas de nitrato de celulosa o piroxilina, que brindan un registro amplio.

Esta serie puede de algún modo resumir la postura de rechazo que Orozco tomó frente a las reconstrucciones históricas que caracterizaban sus contemporáneos para abordar, desde una propuesta pictórica, temas locales que cobran una dimensión universal. Retrata no sólo el salvajismo de los españoles sino que recrea, también, actos de antropofagia que resultan sumamente inquietantes y subrayan la tragedia de los enfrentamientos.

No deja de sorprender el trabajo en la gestualidad y fuerza expresionista, llegando en muchos casos a lindar con la abstracción. Trasmite un latir que va más allá de los hechos. La historia lo ha colocado dentro de una modernidad que hasta nuestras fechas sigue vigente.

La muestra cuenta con un pequeño catálogo que permite al visitante complementar de manera sustancial su visita, gracias a la investigación de la curadora, así como el texto de Itzel A. Rodríguez Mortellaro.

Asimismo, se ofrece un programa público, una serie de conversatorios para entablar diálogos sobre los siguientes temas:

–La vigencia de los teules con respecto del post-colonialismo.

–Discusiones y análisis sobre la pintura de Orozco, abarcando preguntas de carácter estético, social y cultural.

–Deconstrucción de la visión eurocéntrica de la Conquista.

Además habrá recorridos especiales, talleres y visitas escolares. La exposición permanecerá abierta al público hasta al 6 de agosto del presente año. El museo se encuentra ubicado en Av. Revolución 1608, Col. San Ángel, Ciudad de México.

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