¿Gonorrea o sífilis?

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A los franceses no les dio gonorrea sino sífilis. Perdió la elección presidencial la neofascista Marine Le Pen, pero ganó el banquero neoliberal Emmanuel Macron. Como un espejo de las elecciones presidenciales en Estados Unidos del año pasado, los franceses también fueron obligados a elegir entre dos representantes del viejo régimen. Así como Bernie Sanders fue derrotado por Hillary Clinton en las elecciones primarias del Partido Demócrata, el representante de las nuevas esperanzas ciudadanas en Francia, Jean Luc Mélenchon, también fue eliminado en la primera jornada de votaciones.

La buena noticia, sin embargo, es que en ambos países hubo un relevo importante respecto al liderazgo dentro de las fuerzas de izquierda. Específicamente la vieja “socialdemocracia” hipócrita y burocrática, representada por Clinton y Francois Hollande, sufrió una derrota histórica en ambos países.

En Francia, el candidato del partido político de Hollande, el llamado “Socialista”, recibió únicamente 6% de la votación en la primera ronda de la elección presidencial. Nunca antes en la historia reciente había recibido una votación tan baja el partido del presidente de la república en funciones. En contraste, Mélenchon recibió un histórico 20% de la votación en la primera vuelta y estuvo apenas a 500 mil votos de pasar a la segunda vuelta.

Macron es un político joven, de 39 años, pero con ideas antiguas y trasnochadas sobre los poderes mágicos del capital financiero y la supuesta superioridad de la “civilización europea”. Dos de sus propuestas más importantes, por ejemplo, son reducir drásticamente las prestaciones laborales de los trabajadores franceses y aumentar significativamente el gasto militar y de seguridad nacional.

La victoria de Macron en la segunda vuelta entonces no responde a que el joven “tecnócrata” cuente con un gran respaldo popular, sino sólo a que los franceses no son tan fácilmente engañados como los estadunidenses por las mentiras y los sofismos del neofascismo mundial representado por Donald Trump y Le Pen. La larga historia de luchas populares y el sólido compromiso de los franceses con el racionalismo funcionaron como antídotos efectivos contra el elitismo y el racismo de la hija de Jean-Marie Le Pen.

Afortunadamente el mandato de Macron no será fácil. El nuevo presidente no cuenta con un partido político propio que lo respalde y es muy probable que en las próximas elecciones para la Asamblea Nacional ganen importantes posiciones las fuerzas de la oposición, sobre todo de la nueva izquierda liderada ahora por Mélenchon.

Ahora bien, la coyuntura política en México se compara favorablemente con las situaciones en Francia y Estados Unidos.

Por un lado, de manera similar a Estados Unidos y Francia, los candidatos que representan el statu quo o el “sistema” muy probablemente también recibirán un fuerte voto de castigo en México. Así como los ciudadanos enviaron un mensaje de repudio a Clinton en 2016 y a Hollande en 2017, en México, en 2018, la coalición gobernante, el PRIAN, necesariamente también sufrirá un terrible revés en las urnas.

Por otro lado, en México no tendremos que conformarnos con una elección entre sífilis o gonorrea: entre Margarita y Osorio, o Anaya y Videgaray, por ejemplo. A diferencia de Francia y Estados Unidos, existe la certeza de que el equivalente mexicano a Sanders y Mélenchon, Andrés Manuel López Obrador, aparecerá en la boleta electoral para la votación final y definitiva que tendrá lugar el domingo 3 de junio de 2018. Ya no queda tiempo para legislar la “segunda vuelta”, al estilo francés, para las elecciones mexicanas y no hay necesidad alguna para celebrar elecciones “primarias”, al estilo estadunidense, para decidir quién sería el candidato presidencial del partido Morena.

Un motivo adicional para la esperanza es que la cultura política mexicana en el fondo se parece más a la francesa que a la estadunidense. Nosotros tampoco somos tan fácilmente engañados por demagogos de derecha. Siglos de luchas y de conquistas populares han sembrado una profunda dignidad republicana dentro de las conciencias de todos los mexicanos.

Ello es lo que explicaría el fracaso estrepitoso de los desesperados esfuerzos de parte de la oligarquía de fabricar una versión mexicana de Trump o Le Pen por medio de la figura de las “candidaturas independientes”. Ni Jaime Rodríguez ni Pedro Ferriz de Con ni Jorge Castañeda han generado el amplio apoyo ciudadano que se requeriría para ganar una elección presidencial. Y la patética nueva precandidatura de Armando Ríos Piter, miembro de la clase política más rancia de Guerrero, del clan vendepatrias de Luis Videgaray, no tendrá mejor suerte.

La única forma para imponer la peste en México en 2018 será entonces por medio de la comisión de uno de los fraudes más grandes de la historia. A los ciudadanos nos toca frenar el atraco.

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Twitter: @JohnMAckerman

Este análisis se publicó en la edición 2113 de la revista Proceso del 14 de mayo de 2017.

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