“Lear 3001”: hipocresía, ambición y una tragedia llamada vejez

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La tragedia de El Rey Lear de William Shakespeare es siempre una fuente de inspiración. Su impresionante actualidad nos devela un drama que nos hace reflexionar sobre los lazos familiares, la hipocresía y la ambición, pero sobre todo aborda la tragedia de la vejez en una sociedad donde hacerse viejo más que un símbolo de sabiduría, como en las culturas ancestrales, pareciera un estorbo, un deshecho o una carga. El concepto mercadológico de los productos caducos impiden considerar el valor de la persona por lo que es, por lo que hizo, por lo que se le debe, por lo que contribuyó en esta célula familiar en la que todos hemos vivido, y en lo que, tarde o temprano, nosotros también nos convertiremos.

Felio Eliel hace una paráfrasis de esta obra magistral y se convierte en el protagonista, de la mano del director Rafael Pimentel y la actriz Gabriela Betancourt. Lear 3001 condensa la esencia de la tragedia. Sorprende la síntesis que realizan Felio y Pimentel, dando como resultado una propuesta entrañable y de gran fuerza emotiva.

Lear 3001 pone en primer plano la relación de las tres hijas con el padre. Elige las escenas claves como la repartición del reino entre Goneril y Regan, expulsando a Cordelia por no haber recibido las palabras amorosas que él esperaba de ella; el rechazo de las beneficiadas despojando a Lear de sus vidas y el reencuentro con Cordelia, ahora reina de Francia; la pérdida de la guerra y la caída en desgracia del padre y la hija reconciliados. Suprime la historia del conde de Gloucester y sus hijos, que corre paralela a la de Lear y realza, en apenas una hora, el doloroso periplo del rey de Bretania.

Con dos actores, Pimentel hace maravillas. Podríamos decir que es uno de los mejores trabajos de Felio Eliel, logrando encarnar a un rey que transita del poder a la furia, al odio, al dolor, y finalmente a la locura. Gabriela Betancourt interpreta a las tres hermanas con exactitud y congruencia, dando un carácter distinto a cada una de ellas a través de la gestualidad y la voz, además de dos personajes masculinos como Kent y el rey de Francia, y de una manera menos afortunada al personaje del bufón. La caracterización de los personajes va acompañada de una ubicación específica en el espacio, lo cual facilita los tránsitos.

El trazo escénico es limpio, y la ambientación sonora fundamental para crear espacios emocionales. El vestuario de Cristina Sauza es eficaz y su sencillez proporciona elementos que dan significados, como lo es la túnica azul de Cordelia que al final se convierte en su cuerpo lánguido al que llora el padre.

El título de Lear 3001 remite a la convención que propone Pimentel de ubicar la historia en el futuro, donde se recrea el teatro como reliquia, con ayuda de un ser biónico que puede transformarse en diferentes personajes.

Lear 3001 es una obra que duele al vivir el desprecio y el abandono hacia los viejos; donde se siente a la locura como la situación extrema de un cuerpo y una mente que han empezado a perder sus facultades prácticas y no las esenciales. Se presenta los jueves en la sala Julián Carrillo de la UNAM, y sábados y domingos en el Salón de Teatro y Danza del Centro Nacional de las Artes durante el mes de mayo.

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