Al “Gato” González sólo le queda una vida

Ningún boxeador, ni los accidentes ni las agresiones callejeras que ha enfrentado en su azarosa vida, han calado tanto a Rodolfo El Gato González como las golpizas de sus carceleros en el penal de alta seguridad Cevasep II. La esposa de quien fuera ídolo del boxeo mexicano en la década de los ochenta relata a este semanario las agresiones y las amenazas que pesan sobre la familia a raíz de que decidieron denunciar esas infrahumanas condiciones de reclusión.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En cuclillas y con la mirada clavada al piso de su celda del Centro Varonil de Seguridad Penitenciaria (Cevasep) II, el jueves 19 Rodolfo González soportó la voz estruendosa del comandante:

“¡Calla a tus perros o te voy a matar! ¿Quién te viene a ver? ¿Con quién hablas? Ya te dije: ¡aquí eres uno más! ¡Te vas a morir, Gato! ¡Te voy a matar a golpes y nadie va a decir nada!”

Vencido por el maltrato físico y psicológico, por las amenazas de muerte, miró de reojo a su agresor, siempre acompañado por media docena de custodios. Éstos esposaron al preso y se turnaron para golpearlo.

Entonces escuchó por primera vez la identidad de su torturador, el jefe de seguridad: le dijeron “comandante Chivardi”.

En los años ochenta, Rodolfo El Gato González Martínez ganó dinero y popularidad en el boxeo profesional, donde dispu­tó dos veces el campeonato mundial ligero y una el superligero. Sin embargo, una serie de accidentes graves lo pusieron en riesgo de perder la vida y su carrera declinó.

La madrugada del 5 de octubre de 2007, una voz anónima avisó a la policía que había una riña en una casa de la calle Electricistas, colonia 20 de Noviembre. Cuando los elementos de la Unidad de Protección Ciudadana Moctezuma llegaron a la vivienda, que pertenecía al Gato González, encontraron a tres individuos ensangrentados. Uno mostraba los efectos de una salvaje golpiza, otro fue declarado en estado crítico (falleció en el hospital) y el tercero ya estaba muerto.

Después de andar prófugo cinco meses, el exboxeador fue aprehendido el 15 de abril de 2008 en las inmediaciones de su domicilio.

Según la prensa de aquel tiempo, El Gato fue acusado de matar a golpes a dos sujetos. Aunque nunca quedó clara su participación en los violentos sucesos, la autoridad lo sentenció como único culpable a 30 años de prisión.

Ocho años y medio después de permanecer encarcelado en el Reclusorio Varonil Oriente, donde era respetado y enseñaba boxeo a sus compañeros reclusos, el 24 de abril pasado fue trasladado al Cevasep II, que entró en funciones en septiembre de 2015.

Graciela Zambrano, esposa del exboxeador, se enteró de las agresiones al Gato cuatro días después, durante sus visitas de los martes. González, nervioso, le contó que, violando los protocolos de la prisión, se atrevió a mirar de frente a su agresor y le pudo ver el rostro perfectamente.

Le dijo a su mujer que teme por la vida de los suyos: “No permitiré que se metan con mi familia. Es momento de alzar la voz”, le enfatizó.

Enseguida se levantó la ropa frente a ella para que viera las heridas de las torturas. En voz baja, González le contó que el viernes anterior (el jueves 19 de mayo) apenas colgó el teléfono con ella se presentó el comandante Chivardi a su celda con los seis custodios y lo amenazó: “¿Quién te viene a ver? Si abres la boca, te mato y tu familia pagará las consecuencias”.

Eso fue lo que decidió al Gato González a pedirle a su esposa que denunciara estos hechos entre sus conocidos del medio boxístico e interpusiera una queja en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).

La esposa preguntó:

–¿Te volvió a pegar el tal comandante Chivardi?

–Así es. Me golpeó, me maltrató junto con otros custodios. Esto no debe seguir, tienes que hablarle a…

–¡Esto se acaba –lo interrumpió Graciela–; acudiré a Derechos Humanos, a la Judicatura, a tus amigos!

La familia del expugilista demandará por tortura física y psicológica al comandante Chivardi, al director del Cevasep II y quienes resulten responsables “al no aplicar manos firmes y permitir que se violenten las garantías individuales” en ese penal.

La esposa del Gato no descarta que sus auriculares hayan sido intervenidos por el personal del Cevasep, pues de otra manera no se explica que minutos después de su llamada telefónica se haya presentado el comandante a amenazarlo: “¡Calla a tus perros…!”

Un penal cuestionado

El martes 23 Graciela Zambrano, en entrevista con Proceso, reveló que la supuesta causa del traslado de González al Cevasep II fue que, según la dirección del Reclusorio Oriente, el preso abrió una cuenta en Facebook e intercambió insultos con el también exboxeador Jorge Travieso Arce.

Sin embargo, ella alega que en el reclusorio no se permite el uso de celular, aunque hay internos que los rentan. “Mi esposo sólo se comunicaba por teléfono cada viernes, durante un máximo de cinco minutos, lo que tenía autorizado, y lo hacía a través de la caseta telefónica del penal”.

De hecho, Rodolfo González solicitó protección de la justicia federal ante el Juzgado de Distrito de Amparo en Materia Penal en Turno en la Ciudad de México, contra su traslado al Cevasep II.

La querella está dirigida contra las siguientes autoridades responsables ordenadoras: comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado, Prevención y Readaptación Social dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública Federal; coordinador general de Centros Federales del Órgano Administrativo Prevención y Readaptación Social.

De igual forma, se señala a las autoridades ejecutoras: director del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente; director del Centro Varonil de Seguridad Penitenciaria II (Cevasep) y jefe de la Unidad de Apoyo Jurídico del Centro Varonil de Seguridad Penitenciaria II.

Los Cevasep I y II fueron construidos en la delegación Gustavo A. Madero para albergar a los sentenciados de los reclusorios capitalinos a quienes se considera de alto riesgo.

En septiembre de 2015, el subsecretario de Sistema Penitenciario de la Ciudad de México, Hazael Ruiz, detalló que los perfiles de los reos del Cevasep serían seleccionados mediante un minucioso análisis elaborado por un grupo de expertos penitenciarios de diversas áreas.

Añadió que la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México dio instrucciones de notificar a los familiares de los internos del cambio de centro y de “garantizar siempre el respeto a sus derechos humanos”.

Sin embargo, el periódico Reforma detalló el 14 de enero de 2016 que a siete meses de su inauguración, la torre 2 del Cevasep registró sus primeros disturbios: “Internos de la planta baja y alta decidieron manifestarse desde sus celdas para exigir que los dejen salir más tiempo al patio, ya que sólo tienen permiso de hacerlo una hora y el resto del tiempo permanecen encerrados”.

Según el diario, los custodios relataron que los internos arrojaron objetos y gritaron consignas. Después “un recluso intentó prender fuego a su colchón, pero el incendio fue sofocado enseguida por los técnicos de seguridad, que no permitieron que se propagaran las llamas. Los custodios no pudieron calmar la situación, lo que orilló a la Subsecretaría del Sistema Penitenciario, que encabeza Hazael Ruiz, a solicitar el apoyo de personal del Reclusorio Norte”.

Pese a todo, este Cevasep recibió en enero de 2016 la certificación oficial de la Asociación de Correccionales Americana (ACA), con sede en la ciudad estadunidense de Nueva Orleáns, Luisiana. Hazael Ruiz se ufanó: “La certificación es un reconocimiento de alta calidad y ratifica el compromiso para mejorar el trato y tratamiento a las personas privadas de su libertad que cumplen una sentencia en los centros de reclusión de la ciudad”.

Hace siete años salió a la luz pública la historia de un reo que extorsiona por medio del celular, se toma fotos con ese equipo y se las envía por mensaje a su novia y amigos. Además, paga una “celda de lujo” con puertas corredizas y cortinas.

En diciembre de 2010 el diario La Razón ofreció pormenores del caso: la Procuraduría capitalina lo tiene identificado como líder de una banda de extorsionadores telefónicos. Su exjefe y dos de sus cobradoras ya fueron descubiertos. “Aun así, el reo Jaime Méndez González continúa llamando y ganando para pagar una celda de lujo. Todo dentro de la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla”.

Prosigue La Razón: “En este penal, el jefe de Seguridad es el comandante Silverio Martínez Chivardi, quien es señalado por los mismos internos como el encargado de establecer las cuotas para permitirles usar teléfonos y tener los lujos extra”.

La queja en Derechos Humanos

“Mi esposo teme por su vida y por la de nosotros”, repite desesperada Graciela Zambrano, quien pide que se investigue a las autoridades involucradas antes de que la situación pase a mayores: “Hay que detener estas agresiones. En un día le llegaron a pegar hasta en seis ocasiones. Lo insultan, le pegan, lo lastiman con más ganas y con burlas haciendo referencias a su pasado: ‘¿El campeón de boxeo?’.

“Mi esposo ya no es el mismo. Al margen de lo que me confió, siento que no me ha dicho toda la verdad. No sé qué más le hayan hecho. Tampoco sé si le están poniendo algo en la comida, porque ha estado como atontado, como si lo tuvieran controlado, amenazado, independientemente de las lesiones que trae.

“Conozco muy bien a mi marido y sé cuando algo no está bien. Está sufriendo un daño psicológico y constantemente le bajan su autoestima. No sé qué está pasando en ese penal, por eso pedimos a las autoridades y al jefe de Gobierno de la Ciudad de México que se encarguen del asunto. Hago este llamado urgente por la vida de mi marido, pero hay otras familias y mujeres que tienen a sus hijos, esposos y hermanos ahí y son víctimas de la misma situación.”

A decir de Zambrano, México no está preparado para operar este tipo de penales de máxima seguridad: “A los presos los meten en un cuarto en el que están totalmente aislados. ¿Quién vive así? ¡No al maltrato, no a las ofensas, no a las amenazas, no a la violación de las garantías individuales! Nunca, en ningún lugar, habían lastimado tanto a mi esposo como lo he visto”.

–¿Sospecha que a su marido le están dando algo en los alimentos?

–Seguramente. Conozco a mi marido y desde que fue trasladado al Cevasep su mirada y su comportamiento no son los mismos. Hoy (martes 23) le he visto sus ojeras muy pronunciadas. Algo le pasó allá. Hay algo que le están haciendo y no quiere decirme. Según las autoridades del penal, ahí no hay vicios… pero ellos le dan de comer. A nosotros no nos permiten más que llevar una tortita para que se la coma al instante; si no se la acaba, la tiran a la basura. Ellos controlan su alimentación y el agua que toma.

Por ese motivo la señora Zambrano solicitó a la CDHDF que se realice un estudio minucioso de la salud física y mental de Rodolfo González con especialistas ajenos al reclusorio a fin de conocer el alcance de los daños que sufrió. “Esto no puede ni debe quedar impune, no sólo por mi marido, sino por tantos jóvenes que también son víctimas de violencia.

“Rodolfo entró ahí en perfectas condiciones: caminando y sano. Ha bajado mucho de peso. Como deportista y medallista en los Juegos Centroamericanos mi esposo hizo grandes cosas por el país. No merece ser tratado así por el comandante Chivardi.”

Reitera que la familia no se va a callar:

“Se están encajando con él, pero no lo vamos a permitir. Si la demás gente no habla, nosotros sí lo haremos. Si el día de mañana se les llega a pasar un golpe, ¿cómo les digo a mis dos hijos que a su papá lo mataron los custodios? ¿Cómo les digo las cosas tan crueles que su padre está sufriendo y que a partir de su llegada a ese penal sólo ha recibido golpiza tras golpiza?”

El día de la entrevista, martes 23, Zambrano visitó a su esposo y observó cuando uno de los dos custodios lo llevaban a un cubículo le dio un golpe en las costillas. El agresor nunca supo que ahí estaba la mujer del preso.

Un día antes, el lunes 22, el visitador de la CDHDF, Felipe Valerio, acudió al Cevasep II para comprobar si el boxeador fue agredido y pidió asistencia médica. Por primera vez desde que está en prisión El Gato González tuvo contacto con un médico.

Desde que la comisión atiende el caso de Rodolfo González, no se tienen noticias de que el comandante Chivardi haya vuelto a agredirlo, al menos hasta el cierre de la presente edición.

También el lunes 22, el exboxeador Juan Manuel Guazón Vega encabezó con familiares y amigos del Gato González una marcha para pedirle justicia al Gobierno de la Ciudad de México.

“Rodolfo González está pagando una pena por un delito que cometió, pero no tuvo una buena defensa; eso es punto aparte. No se vale que lo hayan lesionado de tal manera. Hay una total indignación por parte de la familia boxística por la tortura de la que está siendo objeto. Le colocaron unas esposas con las manos hacia la espalda para poder agredirlo a placer”, denuncia El Guazón Vega.

Las personas que integran el grupo La Familia del Boxeo en Apoyo al Gato González convocaron a una conferencia de prensa que ofrecerán el lunes 29 en la plancha del Zócalo capitalino.

Este reportaje se publicó en la edición 2117 de la revista Proceso del 28 de mayo de 2017.

Acerca del autor

Reportero con 30 años de experiencia en temas deportivos, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha cubierto Copas del Mundo de Futbol, Gran Premio de Fórmula Uno, peleas de boxeo de título mundial, mundiales de ciclismo, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.

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