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Unas notas sobre Bob Dylan

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A finales de los cincuenta, el cantante Elston Gunn se iba abriendo camino, actuando en pequeños locales cerca del pequeño pueblo de Hibbing, Minnesota. Nadie lo conocía, pero ya había acompañado alguna vez en el piano al también joven cantante Bobby Vee y estaba por ingresar a la universidad de ese estado.

Elston Gunn era en realidad el nombre artístico de Robert Allen Zimmerman, aspirante a cantante de folk nacido el 24 de mayo de 1941 en Duluth, en la misma demarcación.

–¿Quién es Elston Gunn? –le preguntó su prima Reenie, quien solía acompañarlo a sus presentaciones–. Ése no eres tú, ¿no?

–Ah, ya verás –respondió Robert.

Él tenía un plan, todo perfectamente calculado. En cuanto se mudara de casa de sus padres cambiaría finalmente su nombre a Robert Allen, así sería conocido por el mundo entero. Ése nombre sonaba respetable, como el de un rey escocés, pensaba el muchacho.

Un día encontró un artículo en la revista de jazz Downbeat sobre el saxofonista David Allyn que lo puso a reflexionar: “Tal vez el músico cambió su apellido y agregado la ‘y’ para hacerlo más exótico y diferente.” En ese momento decidió que probablemente Robert Allen no era la mejor opción, seguramente Robert Allyn era el nombre indicado.

Era 1959 y recientemente había leído algunos poemas escritos por Dylan Thomas. “Eh, ese es un buen nombre”, se dijo, pero Robert Dylan no sonaba bien. Tal vez Bobby Dylan, pues al fin y al cabo siempre le habían dicho Robert o Bobby.

No, Bobby sonaba peor, frívolo. Sólo quedaba una opción; así, en su primera actuación en un café de Minneapolis, se presentó como Bob Dylan.

Dos años después dejó la universidad y se mudó a Nueva York, pues estaba decidido a grabar un disco; entonces los cantantes de folk no sacaban “sencillos” de 45 revoluciones, ésos se perdían en una colección por carecer de importancia. No, los verdaderos cantantes de folk grababan álbumes. Sólo tenía un pequeño problema: no había escrito más de dos temas.

Hasta ese momento cantaba las canciones de sus ídolos como Woody Guthrie o Pete Seeger, y estaba buscando la inspiración para componer sus propias letras y melodías.

Sabía que las palabras llegarían, pero mientras eso sucedía, seguía tocando en pequeños cafés del Greenwich Village y conocía a los principales exponentes del folk en Nueva York. Todos sabían que lo lograría, sabían que tenía talento, pero faltaba que se hiciera presente en sus canciones.

Finalmente la inspiración llegó, las palabras bajaron al papel y los acordes retumbaron enérgicos enfatizando la voz tan particular del cantante.

Inmediatamente se le consideró la voz de su generación, incluso fue presentado alguna vez como “la auténtica expresión de la perturbada y preocupada conciencia de la juventud americana”.

Esto aterrorizó al compositor, su única aspiración era escribir letras sinceras y no ser el líder intelectual de los jóvenes de su país.

Al finalizar los sesenta, el idealismo se quebró y Bob Dylan pudo proseguir con su música y sus poemas. Nacido hace 76 años, ha grabado más de 50 discos y publicado varios libros de poesía, así como un primer volumen de su autobiografía titulada Crónicas 1, publicado en 2004. En octubre pasado se hizo acreedor al Premio Nobel de Literatura.

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