“No soy pitoniso, pero sé que el PAN no va a ganar en Coahuila”: Humberto Moreira

SALTILLO, Coah. (proceso).- El obispo Raúl Vera llegó puntual a la cita ataviado con su camisola que distingue a los sacerdotes, tan pulcra que dan ganas de preguntarle qué detergente utiliza para dejarla tan blanca.

Se formó en la pequeña fila donde otros electores esperaban que abriera la casilla instalada en la escuela Manuel Acuña del centro de Saltillo.

Vera se puso a bromear con los electores y reporteros que acudieron a registrar su voto.

Después de más de una  hora de retraso, los reporteros que tenían que cubrir el voto de los candidatos y el gobernador perdieron la paciencia y solicitaron al obispo que les adelantara la entrevista que tradicionalmente ofrece después de emitir su sufragio.

Los electores de esa casilla tuvieron que esperar media hora más para que se abriera la escuela elegida para recibir los votos. El motivo: la falta de alguno de los funcionarios.

El mismo fenómeno ocurrió masivamente en miles de casillas.

Para las 10 de la mañana únicamente había abierto el 33 por ciento, según reportaron las autoridades electorales.

Hacia las 11 de la mañana, en otra escuela del sur de la ciudad, se esperaba el arribo de un personaje que atrajo a más medios que los mismos candidatos a la gubernatura: Humberto Moreira Valdez, quien compitió por una diputación local por el Partido Joven.

En la escuela secundaria de la colonia donde vive Humberto Moreira se habían concentrado más de dos decenas de reporteros y fotógrafos para registrar el voto de El Profe.

Media hora después de la hora de la cita aparecieron cuatro mujeres en la entrada de la escuela lanzando porras al candidato, quien arribó en su camioneta blindada junto con su joven esposa y sus tres pequeños hijos. Además, otros tres hijos de su primer matrimonio, una menor y dos mayores, todos cuidados por dos fornidos escoltas.

“¡Te queremos Moreira, te queremos!”, gritaban las mujeres. A las porras se sumaron los miembros de su familia.

El Profe apenas puso los pies sobre la banqueta, cuando fue rodeado de un enjambre de camarógrafos y reporteros. Sobresalían entre el grupo los comunicadores que insistían en registrar sus impresiones y evitaban las preguntas incómodas para Moreira, lanzando otro cuestionamiento intrascendente.

“Si gana el PAN ¿abandonará el estado?”, le preguntó uno de los reporteros.

“No, porque el PAN no va a ganar en Coahuila”, contestó Moreira enfático, y siguió respondiendo a las trivialidades que le cuestionaban los comunicadores que “simpatizaban” con El Profe.

En un momento dado Moreira contestó una pregunta diciendo que no era “pitoniso”, lo que fue aprovechado por otro reportero para insistir: “¿Si usted no es pitoniso, cómo puede asegurar que el PAN no va a ganar la gubernatura del estado?”.

“Porque yo sí sé de elecciones. ¿Usted sabe de reglas de futbol americano?, le cuestiona al reportero, quien responde que no, lo que provocó las risas de los comunicadores simpatizantes de El Profe.

“No va a ganar al PAN. No soy pitoniso, pero conozco de elecciones, tengo 36 años participando en elecciones, he sido secretario de partido y operador político y de eso sí sé y no va a ganar el PAN”, enfatizó Moreira.

“El PRI tiene 88 años en el poder en Coahuila y va ganar”, agregó.

Tras terminar la improvisada rueda de prensa el candidato de Partido Joven se dirigió a sufragar en la casilla 997, la cual se partió en dos secciones. A Humberto Moreira le tocó la casilla 997 C, donde votaron los que tenían apellidos con la letra “m” y hasta la “última letra” del abecedario, la “z”, muy bien conocida por el candidato.

Tras abandonar la casilla, uno de los de los asistentes del candidato del Partido Joven les reclamó a las cuatro mujeres: “¡Griten, griten fuerte, que se sienta que comieron menudito!”.

Al notar que los reporteros escuchaban el reclamo, una de las mujeres respondió:

“No necesitamos menudito, la presencia del profesor nos anima”.

Al final del escrutinio los partidos Acción Nacional y el Revolucionario Institucional convocaron a ruedas de prensa para declararse ganadores de la elección, argumentado que los resultados de sus encuestas de salida les daban el “triunfo”.

El PRI convocó a la conferencia de prensa en el auditorio de su sede. Minutos después de las 18:00 horas, escasos fotógrafos se encontraban sentados en las butacas del centro para alcanzar mejores lugares para la foto.

En la primera fila había dos reporteros sin identificar con el gafete que entregaban a todos los periodistas, debido a que no entraron por la puerta principal: uno de Aristegui Noticias y otro de Proceso.

Cerca de ellos, dos organizadores preparaban el contenido de la presentación de su candidato Miguel Riquelme.

Ambos revisaban constantemente su teléfono móvil ya que les mandaban la información con los resultados de sus encuestas.

“Nos vamos a quedar abajo cuatro puntos”, le dice uno de los organizadores a su compañero, sin reparar en la presencia de los dos extraños.

“Tenemos otras encuestas que nos dan el triunfo”, como la de Mitofsky, le revira su interlocutor.

En ese momento arriba una alterada mujer que les dice en voz baja que una encuesta los pone abajo, al menos dos puntos, frente a Guillermo Anaya, el candidato del PAN.

“No te preocupes, esa es una encuestadora patito”, y reitera que el sondeo de Mitofsky les da el triunfo.

Para las 3 de la madrugada del lunes 5 de julio, Gabriela León Farías, presidenta del Instituto Electoral de Coahuila (IEC), anunció que las actas seleccionadas para su conteo rápido arrojaron que el ganador para la elección a gobernador era el candidato del PAN, Guillermo Anaya Llamas, con un dos por ciento sobre su rival Miguel Riquelme.

Sin embargo, para las 10:00 horas del lunes el Programa de Resultados Preliminares mostraba que con “el 85% de las casillas” computadas, Riquelme obtenía un 38.3 por ciento de los votos contra un 36.8 del candidato de PAN.

Con esas cifras, Miguel Riquelme se proclamó ganador de la contienda electoral para la gubernatura de Coahuila.

Era la primera ocasión en la historia reciente de la endeble y cuestionada “democracia mexicana” en que las cifras del PREP y del conteo rápido no coincidían.

Como consecuencia de los conteos preliminares de IEC, ahora existían dos contendientes que se declararon ganadores en la elección para gobernador, Riquelme y Anaya, quienes respaldaron con datos oficiales su “triunfo”.

Horas después, la presidenta del IEC informaba que en realidad faltaron por computar un 28 por ciento de las actas debido a que tenían inconsistencias o porque quedaron en el interior de los paquetes electorales.

La inédita cifra de actas sin contabilizar abrió el espacio para que que la oposición reprobara la actuación del árbitro electoral y lo tachara como “el brazo armado” del gobernador Rubén Moreira.

La “primavera” que sacó de Nuevo León y Tamaulipas al PRI, se frenaba en Coahuila.

Los tres estados compartieron durante varios años la misma situación de violencia e inseguridad provocada por la complicidad entre autoridades y cárteles.

Además, sufrieron una descarada corrupción por sus últimos gobernadores que provocó un hartazgo de la población con el partido tricolor.

Así que se preveía que el cambio que inició El Bronco y que continuó Cabeza de Vaca se expresara en la tierra de los Moreira.

Esa “primavera” se frenó echando por tierra 30 años de reformas democráticas, ya que la oposición presentó evidencias que muestran que el PRI regresó a la “vieja escuela”: modificar los resultados en las urnas, las cuales estuvieron  “resguardadas” por la policía estatal.

Otro candidato que no alcanzó los suficientes votos para contar con una curul plurinominal en el Congreso local también alegaba que Rubén Moreira, su hermano, había impedido su triunfo.

“Nos robaron la elección de la manera más burda. Estamos pensando en hacer una gran concentración, pero gran, gran concentración, nunca vista en todo el estado. Lo que te hicieron a ti nos lo hicieron a nosotros en todo el estado”, dijo en tono molesto Humberto Moreira.

La gran concentración “nunca vista en el estado” pronosticada por El Profe ocurrió.

Unas 60 mil personas se concentraron en Saltillo y otras marchas con miles de manifestantes ocurrieron en ciudades como Torreón, Piedras Negras, Monclova, entre otras.

Los ciudadanos salieron a las calles para defender su voto, pero eran encabezados por Guillermo Anaya, del PAN; Armando Guadiana, de Morena y todos los candidatos de oposición, un hecho que no tiene precedente en las elecciones recientes.

 

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