Peñalta expone sus obras en el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo de Oaxaca

OAXACA, Oax. (apro).- Las manos del artista Peñalta trajeron al Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo, en esta ciudad, el fenómeno de la pareidolia (visión de rostros en nubes, piedras, montes o autos).

Pinturas de rostros humanos y de animales en alguna superficie, con manchas o formas abstractas en piedras de ónix, mármoles y otros minerales pueden ser admiradas en la exposición “Piedra Adentro”.

La muestra inaugurada el sábado 10, cuya curaduría estuvo a cargo de Fernando Gálvez de Aguinaga, consta de más de 30 obras, donde el artista –nacido en la Ciudad de México– presenta una serie inédita e innovadora

La trayectoria artística de Peñalta ha sido tan intensa como oculta. Un andar en solitario, lento, pausado, totalmente entregado a una búsqueda de muchos años y en la más absoluta de las libertades.

Alejado hasta ahora de las exposiciones y convencido de que a ellas sólo se debe llegar cuando se ha hecho un descubrimiento importante, Peñalta trabaja ahora en ónix y mármoles, acidulando la piedra para después poder aplicar el óleo sobre ella.

En los mármoles encuentra con su afilada vista un sinfín de composiciones habitadas por seres que van surgiendo entre las vetas.

La apuesta por innovar a través de la técnica, sumada a la posición conceptual ante el trabajo de dibujo y pintura virtuosa que despliega el artista en las piezas, hacen que el Museo Tamayo encuentre en su obra la calidad y la importancia que el maestro Rufino Tamayo buscaba legar con ese recinto donde alojó sus obras prehispánicas.

Los formatos en lajas dialogan con las estelas y monumentos de roca rectangulares que se multiplican por el patio y las salas del recinto y que podrán ser admiradas hasta el próximo 10 de agosto.

Autodidacta, desde niño Peñalta ha tenido una relación íntima con la actividad artística.

Salvo su asistencia al taller del maestro Gilberto Aceves Navarro, sus estudios formales de pintura son tan básicos como los realizados por quienes pintaban en las cuevas de Altamira, Lascaux o Mulegé. Sin embargo, circunstancias de la vida impidieron que pudiera realizar estudios relacionados con el arte de la pintura y terminó graduándose en la Escuela Libre de Derecho.

Esa lejanía con las exploraciones de pintura le generó desde entonces un profundo deseo de aprender, practicar y estudiar esa rama del arte, y lo ha hecho de propia iniciativa con encendida pasión.

Desde que tuvo el primer lápiz en la mano no ha dejado de dibujar. Luego fueron los pinceles. Por ello no existe una línea que separe sus estudios de arte con el desarrollo profesional como artista. Unos y otro se entremezclan y confunden de la misma forma que lo hacen las vetas y tonos de una placa de piedra. Y de manera simultánea ha recurrido siempre al estudio y lectura de libros relacionados con el arte.

Su condición de autodidacta lo puede hacer elemental, tanto como una pieza de piedra. Por eso festeja y, al mismo tiempo, lamenta profundamente que sus estudios de arte se hayan quedado fuera de las instituciones de enseñanza. Esa es quizá la veta que cruza su desarrollo como artista y sobre la cual ha tenido que trabajar arduamente.

Peñalta se entregó a una intensa búsqueda que comenzó a disfrutar casi tanto como lo que se puede gozar con el propio descubrimiento. En su caso, el proceso creativo per se le resulta un éxtasis. Y a eso se debe quizá que haya transcurrido tanto tiempo internado en las ocultas excavaciones de su propia búsqueda.

Hace algunos años, cuando esa paciente búsqueda se había convertido casi en una forma de vida, comenzó de pronto a descubrir con sus pinceles, con el mismo cuidado de un arqueólogo, los antiquísimos rostros y seres que viven en las piedras. A partir de ese momento se avocó a trabajar sobre este descubrimiento.

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