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“Me sale bien estar triste”, historias de amor y desamor

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En una cafetería tres jóvenes nos cuentan sus historias de amor y desamor. Con café en mano y en una mesa compartida por otros tantos espectadores, nos hablan como si fuéramos sus amigos, sus conocidos o desconocidos, a los que pueden decirles por qué están tristes o plantearles las preguntas que se hacen sobre su más reciente experiencia. Los escuchas también tomamos café solo o café con leche o simplemente un té, y según sea el gusto de la elección, es la mesa que te corresponde.

Jimena Eme Vázquez es la autora y la directora de esta ingeniosa propuesta teatral que se presenta los martes de junio en la cafetería de Un Teatro en la Condesa. La acompañan en la aventura Talía Yael, quien interpreta a Emma, Alejandra Reyes que es Elizabeth y Daniel H. Gómez como Eduardo. Ellos son otros, pero también son ellos mismos contando su historia con la naturalidad y la intimidad necesaria para sentirnos cómplices o críticos, comprensivos o extrañados. La directora y los actores consiguen una frescura interpretativa y textual fabulosa, aunque los textos en muchas ocasiones son débiles y llegan a cansar al espectador porque, precisamente, escuchamos algo simple y a veces banal, aunque sea tan importante para los personajes.

Me sale bien estar triste es una propuesta con un formato que nos atrapa. La autora y directora ideó un mecanismo lleno de sorpresas y variantes. Combina el amor con el café a través de analogías y juegos de palabras, y establece una dinámica clara: son cuatro mesas en las que cada personaje se sienta a contarnos su historia. Transitan de una mesa a otra y el cuarto elemento es una caja con cartas y objetos que hablan de amor y contienen recuerdos. Son tres personajes con caracteres completamente distintos, que nos hacen ver diferentes perspectivas de vivir el amor.

Está Eduardo tan melancólico e indeciso, que ama aunque ya no lo amen, y dejó de amar a la que lo ama. Elizabeth, que vive las contradicciones de amar a alguien comprometido, pero también está dispuesta amar a otros a la vez. Y está Emma entre su novio y su amiga del alma, entre viajar con ella o con él, vivir los celos de ambos y encontrarse en una encrucijada. Las historias de los personajes están inacabadas y varias de ellas terminan con una pregunta o una decisión. El juego se amplía a otras versiones de cada historia, si es que asistes por segunda o tercera vez a tomar café con ellos. La caja con correspondencia es bastante insulsa, con recuerdos y revistas femeninas. Al ojearlas se reproducen en nuestra mente tantas cartas que escribimos y recibimos, cartas de amor, de distancia y cercanía, de antiguos amantes, de jóvenes que antes de empezar ya han terminado. Imposible no identificarse con ese anhelo juvenil de los personajes, con ese estar tristes o decepcionados, en una disyuntiva o al inicio de algo.

En cuatro tiempos circulan por nuestra mesa cuatro universos, y en cada entretiempo los personajes se dirigen directamente al espectador; hablan del café, que hay que beberlo pronto antes de que se enfríe, o de la incertidumbre del último trago que queda en la taza y ya no se quiere beber, o de las frases para romper una relación o los lugares tan inapropiados en los que ocurre. Son divertidos los entretiempos y las analogías que la autora hace entre el amor y el café, que nos provoca una sonrisa para luego apurar otro trago de café.

Me sale bien estar triste está inscrita dentro de “Los martes de Dramaturgia mexicana” que tienen como haschtag #SiHayTeatroenUnTeatro.

Esta reseña se publicó en la edición 2120 de la revista Proceso del 18 de junio de 2017.

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