Exaltan trayectoria de la historiadora Teresa del Conde

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La comunidad artística y académica, así como familiares y amigos, recordaron a la investigadora, docente e historiadora del arte Teresa del Conde (1935-2017), quien falleció el pasado 16 de febrero, en el homenaje In memoriam, en el Museo de Arte Moderno (MAM).

Organizado por la UNAM, a través del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), la Academia de las Artes y el INBA, la sala Emilio Gamboa del MAM (recinto que dirigió Del Conde de 1991 a 2001) reunió a cerca de 160 personas la noche de ayer, entre ellas a Lidia Camacho, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes; Sylvia Navarrete, titular del MAM; Agustín Arteaga, director del Museo de Arte de Dallas, en Texas, y Graciela de la Torre, titular del MUAC.

Louise Noelle, miembro de la Academia de Artes; Renato González Mello, director del IIE de la UNAM, y el artista Manuel Marín, así como estudiantes, amigos y los cuatro hijos de Del Conde: Tessa, Carmen, Guillermo y Laura Corona del Conde.

Esta última, vía telefónica, comentó a Apro que le pareció un encuentro agradable aunque hubiera preferido que fuera en vida:

“Se estaba organizando uno en diciembre pasado, pero en esas fechas justamente empezó a estar delicada de salud, se cruzó lo del deceso del maestro Jorge Alberto Manríquez y se desanimó mucho, ya no se pudo, tampoco en la UNAM. Lo de ayer estuvo bonito, tanto la parte formal como emotiva”.

–¿Dejó alguna indicación sobre trabajos póstumos?

“No, hemos estado revisando, pero aún es muy reciente, sin duda hay cosas interesantes, mucho material, desde correspondencia con muchos artistas; no dejó nada inconcluso o pendiente porque cuando se trataba de publicaciones, siempre se apuraba mucho en su trabajo. Tampoco nos hemos acercado a alguna institución, pero quizás más adelante”.

Durante el velatorio de Del Conde, su nieto José Ignacio González Corona comentó que la colección de arte de la investigadora incluía pintura, escultura, grabado y dibujo, cerca de 75 piezas, y que su abuela (también amante de la música) tenía preferencia especial por una pintura de la serie de los Arnolfini, del pintor chihuahuense Benjamín Domínguez.

A lo largo del homenaje de ayer en el MAM se recordaron las diversas facetas de la historiadora ganadora de la Medalla Bellas Artes 2008: desde la de investigadora y estudiosa del arte, a la crítica, docente, autora (de más de 40 libros), funcionaria pública, sin dejar a un lado su generosidad en todo momento hacia las nuevas generaciones, así como anécdotas personales y de amistad.

A decir de Lidia Camacho, Del Conde “fue un espíritu inquisitivo, dotado de una inteligencia brillante, una sensibilidad exaltada y la visión aguda para el arte”, y destacó que, ante el fallecimiento de las tres figuras clave de la investigación y la crítica de arte: Raquel Tibol, Jorge Alberto Manrique y Del Conde, toca a las nuevas generaciones continuar con su legado:

“Las comunidades artísticas, académicas y las instituciones de cultura tenemos por delante el desafío de continuar su legado y de impulsar el desarrollo de las voces jóvenes que habrán de protagonizar las reflexiones y fundamentar los diálogos sobre los nuevos derroteros en el arte”.

Renato González Mello recordó a la historiadora al frente del IIE a la que ingresó en 1975, como parte de una generación a la cual no le interesó la división del arte moderno o contemporáneo.

“En esa época de transición –dijo–, fue una investigadora que dialogó con las nuevas ideas, se incorporó al debate sin cambiar su propia identidad intelectual. Una identidad plural, caleidoscópica pero muy coherente”.

Por su parte Sylvia Navarrete destacó sus contribuciones al incorporar el psicoanálisis, la filosofía, las ciencias y el cine en el arte:

“Estaba convencida de que la actitud interdisciplinaria es indispensable para quien esté inmiscuido en quehaceres culturales de cualquier índole. Fue la primera en proponer esas otras redes de relaciones interpretativas, con el fin de construir una nueva percepción acorde a la época. Calificada como reductiva, sin embargo, inauguró relaciones ignotas, un espacio de misterio entre el inconsciente y la creación”, explicó.

Según las palabras de los artistas Rina Lazo y Alberto Castro Leñero, entrevistados en febrero pasado en las exequias de Del Conde, junto a Raquel Tibol y Jorge Alberto Manrique, los tres últimos concluyeron una época de la crítica en el país de la segunda mitad del siglo XX, “pero los espacios también son buenos porque dan paso a las posibilidades y eso también crea ilusión y expectativa”, señaló Castro Leñero.

Acerca del autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (2005) con Diplomado en Relaciones Públicas (2014), habla inglés y francés, amante del cine y los idiomas. Se inició como reportera de deportes en su natal Veracruz, y luego en publicaciones de la Editorial Vía Satélite de la Ciudad de México. Forma parte de la Sección de Cultura y Espectáculos de Proceso desde 2007.

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