El infierno en la carretera 236

Tras el reciente incendio forestal en Portugal –que consumió más de 40 mil hectáreas de bosque y provocó la muerte de 64 personas y lesiones a otras 204–, la fiscalía de ese país abrió una investigación para aclarar sus “causas y consecuencias”, al tiempo que arreciaron los cuestionamientos al gobierno del primer ministro Antonio Costa por su mala gestión para enfrentar este desastre natural, el peor en la historia contemporánea de la nación lusitana. En opinión del experto Paulo Alexander, “si las personas murieron es porque la respuesta de las autoridades no estuvo a la altura del incendio”.

MADRID (Proceso).- En la carretera nacional 236 –que une a los pueblos portugueses de Figueiró dos Vinhos y Castanheira de Péra– el escenario es apocalíptico: apilados, una docena de vehículos calcinados contienen en su interior los cuerpos carbonizados de unas 30 personas, muchos de ellos niños. La cinta asfáltica se encuentra fundida por el efecto del fuego. Troncos altos y grises, ya desramados, flanquean la tragedia.

Una de las víctimas es Rodrigo, de cuatro años, quien quedó atrapado con su tío Sidnel en el auto de éste, con quien pasaba unos días mientras sus padres estaban de luna de miel, según relató a la televisión portuguesa su abuelo, quien apenas podía articular las palabras.

Rodrigo y Sidnel están entre las primeras 24 víctimas identificadas por los incendios en Portugal, aunque hasta el jueves 22 la catástrofe había provocado la muerte de 64 personas (30 de ellas en la carretera 236) y lesiones a 204 más, algunas de ellas de gravedad.

La carretera 236 es estrecha, llena de curvas y desfiladeros. Atraviesa lo que eran bosques frondosos de verdes vibrantes, hoy convertidos en un escenario gris plomo por la densa capa de ceniza, el negro de los árboles reducidos a carbón y un penetrante olor a quemado.

Cuando las llamas empezaron a acercarse al pueblo de Nodeirinho, una aldea del municipio Pedrógao Grande, del distrito de Leiría, familias enteras decidieron subir a sus autos y salir a toda velocidad por ese camino convertido en una ratonera con las lenguas de fuego que los envolvieron en unos minutos por todos los flancos.

Los periodistas que visitaron Nodeirinho, que perdió a 11 de sus 50 habitantes –calcinados o asfixiados–, dicen que huele a tizne y a muerte.

“Las puertas están cerradas, en las calles sólo hay autos carbonizados y no hay un solo animal callejero”, relata un reportero de El País.

A las afueras del pueblo se encontró un vehículo donde las autoridades hallaron el cadáver de Bianca, una pequeña de cuatro años. Junto a ella se encontraban su abuela y su madre, Gina Antunes, a quien los servicios de emergencia encontraron con un hilo de vida. La trasladaron al hospital.

Tormenta de fuego

Todo comenzó la tarde del sábado 17 cuando la combinación de las altas temperaturas, un rayo provocado por una tormenta eléctrica y los fuertes vientos a­tlánticos desataron un fuego de una intensidad inimaginable en esta zona de Leiría, ya afectada por una intensa sequía.

El fuerte viento sirvió para crear lo que las autoridades llaman una “tormenta de fuego”, que se expandió con tal rapidez que sorprendió a todos los vecinos.

La pareja formada por Ligia Sousa y Sergio Machado, con sus pequeños hijos de dos y cuatro años, originarios del municipio de Secávem, habían decidido pasar el fin de semana en las ferias de Castanheira de Péra, aldea que también fue sorprendida por el fuego.

“Sabía que iba a recibir esta noticia, aunque aún guardaba la esperanza de que estuvieran vivos”, dijo Nino, hermano de Ligia, al diario digital CM.

Ellos intentaron alejarse de la tormenta de llamas, pero encontraron la muerte en la carretera 236. Lo mismo le sucedió a la pareja formada por Manuel Andréu Almeida, de Lisboa, de 62 años, y de María Cipriano, de 50 –ambos murieron en su auto después de una comida con amigos–; y a Diogo Carvalho, a Nelson y Cristina Damásio, a María Cristina y a la pareja que formaban Ana Henríquez y Ricardo Martins. Estos últimos viajaban en su vehículo con la madre de éste, Fátima Carvalho, y su padrastro, Jaime.

Miguel Costa, su esposa –Mafalda Lacerda– y sus dos hijos menores, oriundos de Póvoa de Santa Iria, sufrieron la misma suerte cuando intentaron huir por la carretera. Paradójicamente, su casa no se quemó.

Algunos cuerpos fueron encontrados dentro del bosque. Estas personas lograron abandonar sus autos, pero las llamas las alcanzaron. Otras murieron en sus casas. Fue el caso de la mujer invidente Didia Augusto, quien no pudo salir de su vivienda cuando ésta era arrasada por las llamas. Los medios portugueses refieren la muerte de nueve personas de una misma familia dentro de su casa, aunque hasta ahora no las identifican.

En la aldea Figueiró do Vinhos fueron encontrados los restos de Sara Antunes, de 33 años y natural de Sesimbra, cuyo cuerpo estaba al lado del de su madre, en el jardín de una vivienda.

En el cementerio de Castanheira de Péra fueron descubiertas tres víctimas que lograron llegar ahí antes de perecer por inhalación de humo.

Uno de los 2 mil 200 bomberos que intentaban apagar el fuego, Gonçalo Conceiçao, de 40 años, sufrió quemaduras de tercer grado. Aunque recibió atención médica, no logró resistir. Deja a su esposa y a su hijo. Fue despedido en un funeral con todos los honores.

Las autoridades lusas dicen que 64 personas fallecieron y otras 204 resultaron heridas, pero creen que esta cifra aumentará conforme pasen los días y los bomberos y cuerpos de emergencia puedan acceder a zonas a las que ha sido imposible llegar: el fuego y la densa humareda no permiten acceder ni actuar a los aviones antiincendios enviados desde España, Francia e Italia.

María do Céu logró salvar a 12 personas, varios de ellos ancianos y niños, al introducirlos en un enorme tanque de agua que tenía en su casa. Cuando el pueblo estaba rodeado por las llamas, María y su marido intentaron huir en su vehículo con la madre de ella, de 85 años, pero la escasa movilidad de la madre se los impidió.

“Mi esposo me pidió que la metiera (a su madre) en la camioneta, pero ella no podía entrar por sí misma y me dijo: ‘Déjame morir en el suelo’”, contó María al diario Correio da Manha. “Con la ayuda de mi hijo logramos llevarla al tanque, igual a mi padre de 81 años y a algunos vecinos. Mientras nos metíamos, los vientos eran tan fuertes y el fuego estaba tan cerca, que los techos se desprendieron de las casas. Fue como una película de terror.”

El incendio de Pedrogáo Grande se extendió por otras zonas boscosas de los distritos de Leiria, de Castelo Branco y de Coimbra, siendo en esta última región donde prendió el incendio en Góis –a 20 kilómetros de Pedrogáo Grande–, donde se consumieron otras 20 mil hectáreas que se sumarían a las 40 mil devastadas en el primer incendio.

El miércoles 22, Carlos Tavares, comandante de Protección Civil de Portugal, anunció que el principal incendio en Pedrógao Grande y el de Góis estaban controlados y que los mil 200 bomberos desplegados, incluidos españoles, ya habían comenzado con los trabajos para prevenir reactivaciones del fuego.

“Dinámica circular”

La ola de calor de los días precedentes había dejado en la zona unos registros de temperatura anormalmente elevados: más de nueve grados por encima de la media. A ello se sumó la ausencia de precipitaciones, explicó Ana Casals, de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) del gobierno español, a El País.

Esto creó un ambiente propicio para las tormentas, peligrosas para las zonas boscosas previamente muy secas.

Sostiene que el contraste térmico entre el aire caliente de la superficie y el aire frío de altura, provoca cumulonimbos (las nubes responsables de las tormentas de verano, que suelen generar cargas eléctricas con rayos que impactan en la masa forestal), a lo que se suma el viento cálido de verano.

Cuando un rayo impacta en la masa forestal y produce fuego, añade Casals, “el aire de las llamas asciende bruscamente en vertical y es reemplazado por el aire circundante” más frío, que aporta oxígeno y por tanto comburente extra para el fuego, lo que produjo que el incendio se expandiera por todo Pedrógao Grande.

Asegura que esta “dinámica circular” derivó en formación de “violentos vórtices o remolinos de fuego en movimiento que hicieron imposible predecir la evolución de las llamas” y que probablemente explique la muerte de varios bomberos sorprendidos por el avance de éstas.

Los delegados portugueses de la Federación Europea de Sistemas Agroforestales sostienen que en el incendio de Pedrogáo Grande se combinó la “matorralización” de amplias zonas boscosas debido a la actividad agrícola con la llamada “regla de los tres treinta”, la cual consiste en tener una temperatura superior a 30 grados, humedad por debajo de 30% y vientos de más de 30 kilómetros por hora que producen las llamadas “tormentas de fuego”, según publica el diario digital CM.

Si a eso se añade la abundante presencia de eucalipto en amplias zonas de los bosques portugueses del centro del país, la deflagración es aún mayor. Ésta no es una especie nativa de Portugal, sino original del sureste de Australia y Tasmania, que fue introducida en Europa en el siglo XVIII por botánicos ingleses y franceses para sanear zonas pantanosas y controlar enfermedades transmitidas por mosquitos. El último inventario es de 2013 y registra 812 mil hectáreas, alrededor de 26% de la superficie forestal total.

Por todas estas razones, el Instituto Portugués del Mar y la Atmósfera (IPMA) emitió un aviso meteorológico sobre el riesgo muy elevado de incendio forestal para la zona de Pedrógao Grande varios días antes del trágico fuego que comenzó el sábado 17.

La alerta fue lanzada debido a las altas temperaturas y los bajos niveles de humedad previstos para esta región, conclusión en la que coincidieron otros especialistas que monitorean la región y que advirtieron que habría al menos 300 descargas eléctricas a causa de las condiciones atmosféricas.

Estallido político

La gestión de la tragedia por parte del primer ministro luso, Antonio Costa, provocó duras críticas, las cuales crecieron al mismo ritmo que la tormenta de fuego.

El presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa, del Partido Socialdemócrata, apeló desde el centro de operaciones en la localidad de Avelar a concentrar todos los esfuerzos en combatir el fuego, en vez de discutir las causas y posibles responsabilidades por el drama.

Al decretar tres días de luto nacional, señaló que “la prioridad ahora es el combate al incendio y el apoyo a las víctimas y a las familias. Después tendremos todo el tiempo para debatir sobre el resto de asuntos del incendio”.

El líder de la oposición, el exprimer ministro conservador Pedro Passos Coelho, exigió explicaciones políticas a la catástrofe tras reunirse con Protección Civil.

Por lo pronto la fiscalía portuguesa abrió una investigación para aclarar “las causas y consecuencias del incendio”, reportó la agencia EFE.

El Ministerio Público confirmó a esta agencia de noticias que la apertura del proceso se encuentra “bajo secreto” judicial y busca aportar luz a las circunstancias de la tragedia.

Una de las dudas es que la Policía Judicial anunció menos de 24 horas después de iniciado el incendio que habían encontrado el árbol seco donde cayó un rayo que provocó el incendio. Pero este supuesto ha sido cuestionado por el presidente de la Liga de Bomberos de Portugal, Jaime Marta Soares, quien se mostró escéptico por la celeridad con la que se ofreció esa explicación. Además, dijo a la cadena de televisión lusa SIC que tenía el convencimiento de que el incendio pudo haber sido provocado.

En Portugal sólo 10% de los bomberos es profesional y 90% es voluntario.

En Portugal se van generalizando las dudas sobre la actuación del Instituto Portugués de Mar y Atmósfera, de la Guardia Nacional Republicana, que actuó demasiado tarde, y de Protección Civil.

Paulo Alexander, experto en incendios que pertenece al Centro de Investigación y de Tecnologías Agroambientales y Biológicas de Portugal, dijo a la cadena de radio española Cadena Ser que la violencia con la que el fuego avanzó fue “minusvalorada” por los bomberos.

“No se tuvo la percepción del rápido avance del fuego, si las personas murieron es porque la respuesta no estuvo a la altura del incendio”, dijo.

Criticó la actuación de Protección Civil, razón por la cual “las personas huyeron al ver que no tenían ayuda, que no había bomberos y nadie les daba indicaciones”.

Alexander explicó que año tras año aumenta el gasto en extinción de incendios, pero sólo 5% o 10% se destina a prevención, cuando lo recomendable sería destinar 30%.

El fuego llegó cuando el Partido Socialista portugués del primer ministro Costa se encuentra en plena tramitación parlamentaria de la llamada Ley de Eucalipto, que propone cancelar hasta 2030 el cultivo de este tipo de árbol, cuyas ramas secas son especialmente inflamables.

Y es que tras la Revolución de los Claveles en 1974 la mayoría de los bosques nacionales fueron privatizados, sólo 5% de los parques forestales son públicos. Muchos han sido replantados con árboles de eucalipto y los bosques en manos privadas no tienen las medidas adecuadas para mantenerlos limpios.

Este reportaje se publicó en la edición 2121 de la revista Proceso 25 de junio de 2017.

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