“Asatia”, cuando el futuro nunca llega

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Esas ganas de llegar a la cima, esas ansias por brillar en la profesión, esa hambre insaciable de reconocimiento y esa equívoca realidad que devuelve en el espejo un rostro angustiado al no encontrar lo que tanto se deseaba y aparece como inalcanzable.

Paula sufre su vocación. Pero al principio está llena de esperanzas porque la vida se le ofrece, aun antes de terminar su carrera artística. Domina el chello y forma parte de la Orquesta Sinfónica Nacional, pero ella quiere siempre más y cree que lo obtendrá. Posa sus ojos en los planes para alcanzar aquello que todavía está lejos, pero que con trabajo y esfuerzo obtendrá.

El futuro nunca llega y el presente es apenas un peldaño para lo que viene, así que la vida de Paula se le escapa entre sus dedos, lentamente, sin apenas darse cuenta. Porque la juventud lo domina todo; el mundo a sus pies como un espejismo maravilloso.

Asatia es la obra teatral donde compartimos el recorrido de Paula en busca de su realización. La acompaña el escritor que ha decidido contar su historia y se transforma en aquellos personajes que forman parte de su aventura: sus amigos, sus padres y su gran amor, porque sí; es una historia de amor atravesada por la búsqueda de la realización personal. La propuesta teatral es profunda y sencilla, de una honestidad que cala hondo y toca puntos esenciales del ser humano. No intenta instruir, pero el personaje reflexiona sobre lo que quiere, sobre sus sentimientos y dudas. Es dura consigo misma; crítica, perfeccionista e increíblemente vulnerable.

Asatia es un testimonio de vida que nos conecta con los corazones de sus personajes, desde su verdad. Teje con sutileza lo esencial y lo intrascendente, lo cotidiano y lo definitivo. Nos transmite la complejidad de las emociones y el misterio de la búsqueda por dar sentido al existir.

Asatia es una idea original del Colectivo Berenjena con la dramaturgia de Eduardo Orozco y las actuaciones de él y de Verónica Bravo. Los actores abordan su interpretación escénica desde la naturalidad. Decir mucho con poco, o mejor dicho, con muchos detalles de actitud, de miradas, de movimientos apenas perceptibles y de un desarrollo lento y suave del recorrido de la protagonista. La presencia escénica, parte de la relajación y el contacto con su yo interno, de la necesidad de encontrarse realmente con el otro, con el escucha, con el receptor que completa la historia.

La atmósfera está impregnada de melancolía, de una saudade que nos pone tristes y sonrientes a la vez (“asatia” es una palabra inventada que mezcla sensaciones de vacío y tristeza).Esta fue la obra elegida en la Primera convocatoria que lanzó Vaca 35 Teatro en Grupo para Colectivos de jóvenes, apoyándolos en la producción, junto con Teatro el Milagro, donde se presentan, por segunda ocasión, los martes y los miércoles hasta el 19 de julio.

Esta reseña se publicó en la edición 2122 de la revista Proceso del 2 de julio de 2017.

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