Andy Warhol en el Museo Jumex

CIUDAD DE MÉXICO, (Proceso).- No es la primera vez que la obra del famoso, controvertido y relevante artista norteamericano Andy Warhol (1928-1987) se presenta en la Ciudad de México.

En 1999, en el Museo del Palacio de Bellas Artes, su entonces director Agustín Arteaga organizó y curó una excelente retrospectiva que no sólo exhibió las esculturas estereotípicas que reproducen los empaques para mercancías de uso doméstico –como las Cajas Brillo– y las reinterpretaciones serigráficas de imágenes masivas de Marilyn Monroe o Elvis Presley, sino que  también incluyó piezas más extravagantes como las reinterpretaciones de La última cena de Leonardo Da Vinci, y más íntimas como las imágenes de gatos que se basan en los que compartían la habitación con el artista y su madre.

Pero ahí no se acaba la historia de Warhol en la CDMX: En 2012, el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Antiguo Palacio del Arzobispado, expuso bajo la coordinación de su subdirector Rafael Pérez y Pérez una selección de reproducciones litográficas de las ilustraciones que hizo el artista para la revista Bazaar de 1951 a 1964. Además de exhibir las revistas de esos dibujos que posteriormente se convirtieron en reproducciones múltiples, la muestra sobresalió por la inclusión de las famosas representaciones publicitarias de zapatos de Warhol.

Similares en su contenido con la exposición que presenta el Museo Jumex bajo el título Andy Warhol. Estrella oscura, las dos primeras muestras difieren porque, centradas en el acontecimiento artístico y no en el espectáculo de lujo y distinción social, no tuvieron la necesidad de incluir en sus salas cuerpos de seguridad armados y protegidos con chalecos antibalas. Contratada para apoyar la seguridad por el exceso de público –según informa el departamento de prensa del recinto–, la policía bancaria instalada en las salas evidencia la desconfianza y menosprecio que tiene el Museo Jumex por el público popular y masivo: Si se generara una circunstancia de conflicto, ¿dispararían los policías a pesar de la presencia del público?

Perteneciente a la élite artística que cotiza en ocho dígitos de dólares, Andy Warhol es un autor sumamente relevante y emblemático para la historia reciente del arte contemporáneo. Insolente en el diseño del yo como una celebridad que sustituye a la obra de arte, Warhol desarrolló un tipo de apropiacionismo y reinterpretación de la imagen de consumo masivo que se sostiene por su contundente impacto visual, afectivo y formal.

Integrada en su mayoría con piezas que corresponden al periodo más valorado de Warhol –los años sesenta–, la exposición, además de reinterpretaciones emblemáticas  de imágenes mediáticas de Elvis, Jacqueline Kennedy, Marilyn, la silla eléctrica y sus típicas flores, incluye los referentes icónicos de algunas  reinterpretaciones que se exhiben en las salas. Interesantes porque permiten comprobar la audacia creativa del artista, estos referentes demuestran que Andy Warhol fue mucho más que una simple y mercadológica celebridad.

Creador de la idea de reinterpretaciones serigráficas y pictóricas de imágenes masivas y afectivas, Warhol es pionero y líder de los paradigmas del arte contemporáneo. Interesante por los vínculos que se perciben entre el mexicano Gabriel Orozco y el famoso norteamericano –como los billetes de un dólar–, la muestra sería mucho más placentera sin tanta pistola.

Esta reseña se publicó en la edición 2122 de la revista Proceso del 2 de julio de 2017.

Comentarios