El periodista Franklin Leal y su litigio contra la multimillonaria Telemundo Austin

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El periodista regiomontano Franklin Leal, exproductor de Telemundo Austin, inició hace dos años una acción legal contra directivos de la empresa para que le restituya sus derechos laborales.

A inicios de 2015, afectado física y emocionalmente tras perder su empleo, Franklin Leal –egresado de la carrera de Comunicación por la Universidad Autónoma de Nuevo León– fue nominado al Emmy Lone Star por mejor noticiero. No ganó el premio.

Dos años después el periodista atrajo la atención de la prensa regiomontana al obtener el derecho a juicio contra el Grupo Sinclair Broadcast Inc. o Telemundo Austin.

En un documento federal –folio 1:16-cv-679-LY– con fecha 25 de abril de 2017, Leal narra una historia de abusos y discriminación laboral por parte de la corporación multimillonaria. Su capacidad para resistir el maltrato al que fue sometido lo ayudaron a librar un intento de suicidio y seguir adelante.

El caso de Leal contra Telemundo.

El caso de Leal contra Telemundo.

Actualmente el periodista latino radica en Austin, Texas, donde trabaja como recepcionista de un hotel.

En entrevista telefónica abunda sobre su caso y narra parte de su vida en Monterrey. Desde los 18 años, dice, compartió micrófonos con algunos de los comunicadores regiomontanos mejor posicionados, entre ellos Héctor Benavides, Martha Zamarripa, María Julia Lafuente, Héctor de Mendieta y Perla Cecilia Ayala.

Y sobre su trabajo en Grupo Sinclair Broadcast Inc. añade: “Mi equipo como productor de noticias en Telemundo Austin incluía a dos presentadores de noticias, una editora y una reportera bilingüe. Era agradable, a pesar de los técnicos mayormente gringos, que odian su trabajo por tener que hacerlo en español”.

En ese sitio, sostiene, completaba una trayectoria bicultural iniciada en 2004 como locutor en una estación de radio de Laredo, Texas, paralela a su trabajo como editor del Diario de Nuevo Laredo, donde permaneció hasta 2007.

Y relata que en diversas entrevistas conoció de cerca a George Busch Jr., mientras sorteaba balaceras entre narcos mexicanos durante sus cruces diarios hacia Tamaulipas.

“Mi mamá no me quería allí por el peligro, y un día hasta fui testigo del crimen de un hombre frente al palacio municipal de Laredo (…) Yo siempre he sido apasionado de mi profesión, y todo trabajo tiene su riesgo, aunque más éste, porque a casi todos en la frontera nos han amenazado; a mí me llegaron a decir: ‘ten cuidado con lo que publicas porque te lleva la chingada’, pero gracias a Dios nunca me pasó nada”.

Admite que no había querido moverse a Brownsville, donde radica su familia, porque pese a los riesgos quería seguir viajando a Monterrey, y lo hacía por carretera en su propio auto, prácticamente cada fin de semana.

En 2008 ganó una convocatoria de Univisión y Galavisión para trabajar como reportero en Miami durante un año, y al término se colocó en un periódico hispano de Arizona.

En 2010 regresó a Miami para reincorporarse como freelance a Univisión en la fuente de entretenimiento con “Premios Latino” y “Lo Nuestro”. Poco después se mudó a McAllen para trabajar como presentador del tiempo de Telemundo, cubriendo ambos lados de la frontera durante dos años.

Luego, en 2013, aceptó incorporarse a Telemundo Austin como conductor de noticieros de televisión.

Propiedad de republicanos tradicionalistas, el Grupo Sinclair –con 173 estaciones de TV en toda la Unión Americana–, mejor conocido como TVS Austin y Telemundo Austin, ha logrado tal influencia en la comunidad latina que bien podría considerarse el equivalente estadunidense de Televisa.

Para cumplir el reto que significaba laborar para esa empresa, Franklin amplió su horario de 12:00 a 23:00, limitó su hora de comida a 15 minutos y llevó el programa al primer lugar entre las preferencias del público, pese al escaso personal.

Sin embargo, sostener ese horario de trabajo era imposible. Greg Turchetta, director de noticias, confesó a Franklin, poco antes de que fuera despedido, que sus solicitudes de apoyo nunca serían atendidas porque justamente la política del Grupo Sinclair era explotar minorías.

“De hecho, había notas que nos imponían desde la dirección, en las que pintaban a los inmigrantes como criminales, las cuales no gustábamos de transmitir”, añade Franklin.

A inicios de 2015, el nuevo director de noticias, Robert Cartwright, mandó llamar de Telemundo Los Ángeles a la periodista Ana María Lamas, de origen peruano, para que se incorporara a Telemundo Austin como productora ejecutiva.

Conocida por su estilo rudo, Lamas inició una supervisión rigurosa. En respuesta, la conductora Wendolyne Morales y la reportera Kiana Ríos interpusieron una queja en su contra ante la Comisión de Empleo de Texas, por censura.

Ante estas acciones y con algún tiempo de diferencia entre ambas, la presentadora y la reportera concluyeron sus respectivos contratos sin que la empresa se los renovara.

En el equipo se quedó el chileno Daniel Morales, conductor principal y para entonces room mate de Lamas; el presentador de deportes y una reportera de medio tiempo, y Franklin Leal como productor de dos noticieros, a cuyas responsabilidades Lamas sumó la creación de gráficas para ilustrar las noticias.

El 11 de agosto de ese año, a sólo dos meses de terminar su contrato y renovar el siguiente, Franklin grabó el segundo noticiero una hora antes, debido a que en la empresa sólo se dispone de un estudio.

Por la premura, un video se repitió accidentalmente y Daniel Morales, el conductor, inició una discusión con Leal, tras lo cual éste escribió un mensaje electrónico al director del departamento regional de Recursos Humanos de la empresa.

Ya en su casa, casi a medianoche, intuyendo su despido y con un cansancio físico extremo, Franklin enfermó. Un amigo lo llevó al hospital en tal estado de agitación que los médicos lo conminaron a internarse por varios días.

Al día siguiente Amy Villarreal, de origen mexicano-estadunidense y gerente general de la empresa, confirmó la recepción del correo y solicitó sacar a Grupo Sinclair del escenario de la discusión. La psiquiatra a cargo de Franklin no le permitió verlo.

Sedado, con antidepresivos y medicamentos para dormir, Franklin permaneció en el hospital hasta el 20 de agosto, sólo con la compañía de su madre y visitas eventuales, y por pocos minutos de sus excompañeras de trabajo Kiana y Wendolyn.

Al salir llevó a su trabajo una incapacidad médica que cubría hasta el 3 de septiembre. Días después la gerente Villarreal le llamó para decirle que la empresa le pagaría los meses restantes de su contrato, pero no se lo renovaría.

Abrumado por la noticia, el 27 de agosto publicó en su perfil de Facebook: “ser periodista no es fácil, mucho menos cuando sufres acoso laboral”.

En menos de una hora su casa fue rodeada por agentes especiales de Swat (Special Weapons And Tactics, ‘Armas y Tácticas Especiales’), quienes sin orden de cateo pretendieron allanarla. En el interior del domicilio, Franklin estaba tirado en el piso, aterrorizado, mientras su madre intentaba llamar a la policía.

Los agentes policiacos le explicaron más tarde que Telemundo denunció una amenaza, situación enmarcada en el episodio entonces reciente del reportero que acribilló en vivo a un camarógrafo y a una presentadora de televisión.

Sin visos de que las cosas mejoraran, el 1 de septiembre Franklin intentó recoger algunas cosas personales de la estación, pero un guardia le advirtió que no se acercara porque lo tenían en boletín como persona de alta peligrosidad.

Más tarde, Leal solicitó una explicación a Villarreal por correo electrónico. Al no obtener respuesta, el 11 de septiembre interpuso su propia queja ante la Comisión de Igualdad y Empleo de Texas.

Esa misma noche Villarreal le notificó por correo postal urgente que debido a una violación de su contrato (haberlos llamado “cobardes”), éste se cancelaba sin el pago pendiente.

“¿Cómo ves?… esos canijos casi me matan, me mandan al Swatt a mi casa recién salido del hospital, me despiden estando incapacitado, me dejan sin dinero, sin reputación, diciendo que soy peligroso, y cuando pongo mi queja formal me vuelven a despedir dejándome sin seguro médico ni pago por desempleo”, señala.

“Quedé inundado en deudas, jodido emocionalmente, con depresión y ansiedad mayor, estrés postraumático y con pensamientos suicidas, porque casi me quito la vida. Tuve que ir al Condado para seguir mi tratamiento médico donde van los indigentes. Tuve que mudarme a una cochera porque no tenía a dónde ir. Vendí mis cosas casi por nada. Y así de mal debí seguir el proceso legal y el proceso de recuperación médica, sin dinero ni seguro”.

Por falta de recursos para su atención médica, Franklin perdió una muela y se contagió de un herpes que lo llevó dos veces al hospital, donde le suministraron morfina contra el dolor. En el proceso perdió alrededor de nueve kilos y no pudo caminar por una semana, mientras todo el mundo le daba la espalda “porque nadie quiere comprometerse”, dice.

Señala que para “compensar daños”, Telemundo ofreció una quincena de pago, cuando él casi pierde su casa y su camioneta, sin mencionar el retiro prematuro de sus ahorros.

De 2015 a la fecha trabaja como mesero, en la construcción o en trabajos temporales para sobrevivir.

En su calidad de residente, Leal acudió a la procuraduría del Estado, visitó congresistas y la barra de abogados, pero inicialmente nadie quiso ayudarle.

“Orillado por el desastre me convertí en activista: mis compañeras y yo fuimos a protestar afuera del Capitolio en Austin”, porque “lo único que busco es justicia. Esto ha marcado mi vida y no hay compensación para el daño, las lágrimas, el dolor de mi mama y mi familia. Sólo quiero limpiar mi nombre, pues a pesar de la paliza Dios me dio también fuerzas para seguir buscando justicia, porque no estoy solo, hay otros mexicanos igual o peor que por temor al sistema de este país no luchan”.

Agrega: “En dos años el equipo legal de Telemundo ha gastado tentativamente 600 mil dólares con tal de escarmentarme, en cambio, mis abogados Dolores Zárate y Albert Rodríguez Lucio no han cobrado un solo centavo”.

Uno de los abogados de Sinclair dijo a los litigantes mexicanos: “Su cliente jamás va a volver a trabajar en el medio y estamos seguros de ganarle el caso”. Pero Zárate y Rodríguez siguieron adelante, y semanas atrás les confirmaron que un juez federal negó a la empresa estadunidense la petición de impugnación.

“Lee Yeakel, el magistrado o juez que estará a cargo del juicio, advirtió con multarlos si seguían abusando del sistema judicial, aunque por ley ellos lograron bajar de la demanda a Amy Villarreal, Ana María Lamas, Daniel Morales y Robert Cartwright”, comenta el quejoso.

Sin embargo, todos ellos podrían ser llamados a juicio como testigos, ya que las acciones cometidas en contra de Franklin Leal fueron hechas a nombre de la empresa.

Por ejemplo, el falso reporte de la policía provocó el allanamiento del Swatt en los departamentos habitacionales, y el boletín sobre la supuesta peligrosidad de Franklin pudo haberle ocasionado algún accidente, incluso mortal.

“Ahora las dos partes sólo están acordando fechas para que inicien las audiencias de juicio, según me dijo mi abogada Dolores Zarate”, precisa Franklin, “Y pues ya pasé lo peor: si no me rendí cuando estaba en el piso, mucho menos me daré por vencido ahora. Creo en la justicia de las autoridades estadunidenses, pero creo aún más en la justicia de Dios y sé que Él me permitirá verla”, concluye.

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