La dura carta de la FIP a Peña Nieto por la violencia contra periodistas

BRUSELAS (apro).- Muy dura fue la carta que envió el pasado 30 de junio el secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), el francés Anthony Bellanger, al presidente Enrique Peña Nieto.

No sólo expresa desde el primer párrafo de esa larga comunicación, a nombre de la FIP, su “consternación e indignación por la alarmante violencia e impunidad que sufren los y las periodistas en México”.

El secretario general de la FIP -la organización gremial más grande del mundo que representa a 600 mil trabajadores de la prensa de 140 países- también le dice a Peña Nieto que “es realmente preocupante la escasez de respuestas que, debido a la debilidad de sus partidas presupuestarias y la falta de voluntad política, viene destinando su gobierno tanto al Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas (…) como a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la libertad de Expresión (FEADLE)”.

No sólo consideró “aberrante” que este año no les haya asignado recursos a ambas instancias, sino que además lamentó “que en el curso de su mandato, lejos de resolverse, el escenario haya empeorado notablemente”.

El exhorto de la FIP es terminante: “Lo conminamos, respetuosamente, a que antes de que concluya su sexenio haga explícito su compromiso de resolver los 34 crímenes y tres desapariciones de periodistas perpetrados desde finales de 2012, y se haga justicia enjuiciando a los autores materiales e intelectuales de los mismos”.

Pero la carta de Bellanger no fue la única que en esa fecha transmitió la FIP al gobierno mexicano. El organismo dirigió otra al procurador general de la República, Raúl Cervantes, la cual está firmada por el presidente de la FIP, el veterano periodista belga Philippe Leruth.
Como la del secretario general, la misiva de Leruth destaca igualmente por su severidad.

En una parte reconoce que “México no es el único país en el que los periodistas pagan con su vida su voluntad de cumplir con su deber de informar”. Pone como ejemplo los casos de dos periodistas franceses y uno iraquí que murieron recientemente en las calles de Mosul, donde seguían los avances de las tropas iraquíes contra el grupo terrorista Estado Islámico.

“Tales muertes, aunque son intolerables, se pueden entender en el contexto de un país en guerra”, le escribe Leruth al procurador Cervantes, para después aclararle que, “las muertes de los colegas mexicanos, sin embargo, son doblemente intolerables, no sólo porque México no es un país en guerra, sino también porque sus asesinos quedan impunes en más de un 90% de los casos”.

El presidente de la FIP le restriega al funcionario mexicano que México, según cifras de su organización, detenta en este momento, con ocho periodistas asesinados en lo que va de 2017 (contando a Salvador Adame) “el triste título de país más mortífero para los periodistas en el mundo”.

El año pasado México cayó del séptimo al tercer puesto como país más peligroso, sólo después de Siria y Afganistán. Pasó del séptimo al terrible primer sitio en tan sólo dos años durante el gobierno peñanietista.

Leruth cuestiona la actitud de las altas autoridades mexicanas: “Para luchar de manera efectiva contra la impunidad, es necesario que la justicia mexicana la considere como un asunto de máxima prioridad”, como, señaló a manera de comparación, prometió hacerlo en Colombia el fiscal general de ese país, Néstor Humberto Martínez, durante una reunión que sostuvo con él hace unas semanas.

Procuradores especializados

El 4 de julio, este columnista charló brevemente con Leruth en las oficinas centrales de la FIP en esta capital belga. Estuvieron presentes el secretario general adjunto, Jeremy Dear, y la responsable de comunicación y campañas, Estíbaliz Ortiz.

De entrada, Leruth comenta que la cuestión no es constatar la gravedad del problema en México, sino conocer la razón de los asesinatos que, para él, son cometidos por el narcotráfico y no por las autoridades.

Señala: “Visto desde aquí, y aclaro que no conozco el contexto político mexicano, yo no creo que pueda incriminarse a las autoridades políticas o regionales, salvo si en ciertas regiones están ligadas a actividades ilícitas”.

Con las cartas descritas, la FIP lanzó una campaña internacional en favor de la seguridad de los periodistas mexicanos, en colaboración con el Sindicato Nacional de Redactores de Prensa (SNRP), su afiliado en el país.

La FIP ha dado seguimiento a la situación mexicana desde hace tiempo: el país –recuerda Estíbaliz Ortiz– fue uno de los cuatro casos que la FIP eligió en 2015 y 2016 en el marco de la conmemoración del Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas, el 2 de noviembre.

A finales del año pasado, por otro lado, la FIP y el SNRP organizaron una conferencia internacional en la Ciudad de México, la cual incluyó talleres sobre seguridad y derechos laborales que ayudó a impartir Dear.

Leruth comenta: “Si la justicia no da prioridad a un tipo de crímenes particulares, como el de periodistas, las tasas de impunidad no disminuirán. Los crímenes contra periodistas son considerados del derecho común y no ataques a la libertad de prensa. Lo que reclamamos es que haya procuradores especializados que traten de oficio estos crímenes”.

El organismo periodístico también busca “reforzar” su presencia en México: “Tenemos colegas muy comprometidos en el SNRP. Pero queremos ayudarlos a expandirse o convencer a otros sindicatos de que se adhieran a la FIP”, narra Leruth.

Por lo pronto, la organización continuará denunciando lo que sucede en México en instancias internacionales como la ONU y la Unión Europea (UE). Sus sindicatos afiliados en todo el mundo planean también solicitar a las embajadas mexicanas informes sobre las acciones que realiza el gobierno de Peña Nieto para brindar seguridad a los periodistas del país. La FIP igualmente está analizando una selección de tres “casos clave” de crímenes contra periodistas que puedan ser sometidos a investigaciones y posteriormente llevados ante tribunales.

Leruth, sin embargo, reconoce los límites de la presión exterior: “Nosotros podemos apoyar a los periodistas mexicanos, pero ocasionalmente; corresponde principalmente a ellos defenderse”.

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