Norberto Rivera defendió hasta el delirio al abusador Maciel

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En 1997, cuando los medios de comunicación empezaron a ventilar los abusos sexuales cometidos por Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, el cardenal Norberto Rivera Carrera encabezó de manera automática “la estrategia de protección y encubrimiento público” del implicado.

Las denuncias eran “totalmente falsas”; “inventos creados y pagados” para “golpear injustamente” a su amigo Maciel y se daban, dijo el cardenal, en el marco de un “gran complot para atacar a la misma Iglesia y al Papa Juan Pablo II”.

Así describe Alberto Athié la campaña del purpurado a favor de Maciel en el libro Norberto Rivera, el cardenal del poder, que editorial Grijalbo pondrá en circulación en los próximos días.

Ahí, en su colaboración titulada “Norberto Rivera o el tótem de la impunidad”, Athié agrega que, para defender a Maciel, el cardenal Rivera contó con el respaldo del mismo Juan Pablo II, del entonces nuncio apostólico Jerónimo Prigione, de poderosos empresarios mexicanos y hasta de la Presidencia de la República.

Eran los años en que un pequeño grupo de obispos aliados al poder político se aglutinaban en el llamado Club de Roma, liderado por el nuncio Prigione y del que Norberto era una de las cabezas más visibles.

Toda esa “maquinaria de protección” a favor del padre Maciel, prosigue Athié, se debía a que los Legionarios de Cristo tenían fuertes alianzas con la clase político empresarial mexicana y además aportaban fuertes sumas de dinero en el proyecto de Juan Pablo II para acabar con el comunismo soviético, sobre todo en su natal Polonia.

Athié detalla en el libro:

“Para liberar a Polonia… eran necesarios ingentes apoyos económicos y en ello, hoy sabemos, el padre Maciel fue uno de los que colaboraron más intensamente, con millones de dólares en efectivo: se trataba de la primera vez que lo veíamos emerger como un actor importante en el apoyo directo a la estrategia del Papa a favor de su amada Polonia”.

Por su lado, Maciel supo aprovechar muy bien la “personalidad mediática, carismática y autoritaria” de Wojtyla, quien implementó un “modelo de Iglesia autoritaria, clericalizada, protegida y hermética hacia adentro y valiente en contra de los enemigos de la fe hacia fuera”.

Fue Maciel “un personaje clave en toda la estrategia de expansión del modelo polaco del Papa Wojtyla”, la cual se dio en un “contexto de silenciamiento institucional de los miles de casos de pederastia clerical”.

De ahí que –refiere el libro–, durante el papado de Juan Pablo II la Legión fue la congregación con mayor crecimiento: contaba sólo con 100 sacerdotes cuando Wojtyla llegó al Vaticano, En 2005, cuando murió el polaco, ya tenía 800, más de 2 mil seminaristas repartidos en 124 casas de formación en todo el mundo, así como 20 mil empleados en su grupo económico Integer y activos valuados en 25 mil millones de euros.

Mientras tanto, en México era muy notoria “la mancuerna de poder entre el fundador de los legionarios, el cardenal Rivera y el nuncio Prigione”, al grado de que las visitas de Juan Pablo II a México eran “plenamente dominadas por Maciel”; él determinaba “quién asistía a sus actos privados”, o “quiénes se sentaban cerca o lejos del pontífice en los públicos”.

Sin embargo, tras la muerte de Juan Pablo II y ante las crecientes evidencias de los abusos sexuales de Maciel, “se empezó a derrumbar todo el edificio que habían venido construyendo desde Roma” para defender al pederasta.

En mayo de 2006, el Vaticano le ordenó llevar “una vida de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público”. Pese a que no le abrió un proceso judicial, como muchos pedían, finalmente lo condenó al ostracismo, lo cual se festejó en todo el mundo.

Pero Norberto Rivera seguía defendiendo a su amigo y argumentando ante los medios:

“Todo lo que dicen de que fue condenado, de que fue impedido, etcétera, es puro cuento porque el documento sólo dice que lo invita a retirarse a la vida privada”.

Muy ufano, el cardenal aseguraba que para los legionarios “el padre Maciel siempre será su fundador y siempre un motivo de alegría saber que el padre sigue adelante”.

Dos años después, en enero de 2008, Maciel murió en Naples, Florida; tenía 87 años. En Norberto Rivera, el cardenal del poder, escribe Athié, que “el de Marcial Maciel fue reconocido como uno de los peores casos de pederastia y enlodó a toda la Iglesia, comenzando por su cercanía con varios Papas, en particular Juan Pablo II, contribuyendo a la mayor crisis del catolicismo en toda su historia, como lo reconoció el mismo Benedicto XVI”.

Para el cardenal Rivera, sin embargo, Marcial Maciel fue un sacerdote ejemplar.

Texto publicado en la edición 2123 de la revista Proceso del 9 de julio de 2017.

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