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El PRI “está muerto desde hace mucho tiempo”: Layda Sansores

CAMPECHE, Camp. (apro).- “¿Qué quién dijo qué?”, se preguntó, impávida, la senadora Layda Sansores cuando supo del desplegado que publicó el exgobernador Antonio González Curi, el pasado miércoles 12, donde alertó sobre la inminente caída del PRI si no ajustaba a fondo su directiva nacional.

“Me movió a la risa, a la carcajada ¡Pero si él ha sido lo mismo que critica! ¡Él es parte de toda la corrupción y de todo lo que ha llevado al PRI a esta degradación! ¿Con qué autoridad moral dice lo que dijo?”, señaló, y de inmediato cuestionó: “¿A qué grado ha llegado la crisis en el PRI, que ahora hasta el burro anda hablando de orejas?”.

En septiembre de 1997, con un presunto fraude, González Curi ganó la gubernatura a Sansores San Román, entonces candidata del PRD.

Y para Layda, hija de Carlos Sansores Pérez, uno de los priistas más poderosos y polémicos de su época, el PRI “está muerto desde hace mucho tiempo”, y vaticinó que el próximo año el mayor resquebrajamiento se verá en el Revolucionario Institucional, no en el PRD como muchos piensan.

“Creo que es un suicidio lo que se ha hecho el PRI, y el desplegado de Curi, quien no representa lo malo, sino lo más selecto de lo peor del PRI, es un indicativo más de las turbulencias que van a venirse en ese partido; no me cabe la menor duda de que habrá grandes desgajamientos”, sostuvo.

En opinión de la morenista, los priistas que sobrevivirán “serán los que a tiempo se decidan a inscribirse en el movimiento y proceso de transformación, y ahí lo saben”.

La expriista señaló que evidentemente hay una guerra interna en el PRI, “así es como empiezan a debilitarse los pueblos, no cuando te enfrentas a un adversario, sino cuando las luchas son intestinas. Y ya estamos viendo una ‘guerra civil’ en el PRI, que todavía en algunas partes apenas alcanzan a disimularla, y aún no ha llegado el tiempo de las candidaturas”.

Añadió: “Ahí ya no están por ideales, viven de la conveniencia, del cálculo, de la conveniencia del puesto, no les queda ya ninguna otra expectativa. Son parte de un juego en que la mayoría son guiñoles, los mueven por hilos y siguen obedeciendo los dictados de arriba”.

El PRI, agregó, “vive su peor momento, y el espionaje a sus adversarios, comunicadores y hasta defensores de los derechos humanos –apuntó– es otro elemento que desvela la debilidad y el nivel de podredumbre del sistema”.

Remató: “Ver la batalla interna que traen es novedoso porque no era lo común. Las batallas se daban debajo del agua, eran muy refinados para agredirse, nunca en voz alta, pero ya perdieron el rubor. Es la desesperación entre ellos y no saben a quién echarle la culpa”.

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