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El presidente de España al banquillo

MADRID (apro).— El presidente español, Mariano Rajoy Brey, tendrá que sentarse en el banquillo del tribunal de la Audiencia Nacional para comparecer como testigo en el caso Gürtel, la mayor trama de corrupción política que envuelve al Partido Popular (PP).

La cita será el miércoles 26, a las 9:30 horas, y por más que el tribunal trató de suavizar el impacto de la decisión argumentando que no comparece como presidente sino como “ciudadano español”, se trata solo de una extravagancia retórica de los magistrados, porque es bien sabido que no le pueden separar de la condición de presidente.

Mariano Rajoy es presidente 24 horas al día, hasta cuando duerme o está de asueto. No se puede desprender de esa condición una vez que se sometió a las urnas y al proceso constitucional y legal para acceder a ese cargo.

Ahora bien, que los delitos que están siendo juzgados en esta etapa del mega-juicio se cometieron en época en la que él no era presidente, porque van de 1999 a 2005, pues es muy mala suerte, porque el caso tiene desahogo justo ahora cuando él es presidente, por tanto, la imagen de Rajoy entrando a las instalaciones de la Audiencia Nacional y sentado en el banquillo, en calidad de testigo, será impactante y seguro dará vuelta al mundo.

Al menos será una imagen que ese día competirá en los Trending Topic de Twitter o en otras redes sociales, porque el presidente de un país como España teniendo que dar cuenta de las corruptelas de su partido político, no es imagen habitual. Brasil hoy está dando cuenta de ello.

Además, lo será porque es el primero de los presidentes del actual período democrático español que se tiene que sentar a declarar por un proceso de estas características.

Cuando el tribunal de la Audiencia Nacional estaba por decidir la comparecencia de Rajoy, desde el PP y el Palacio de la Moncloa, la sede del Poder ejecutivo español, presionaron para que el presidente compareciera a través de videoconferencia, excepción que la ley permite para altos cargos de responsabilidad pública, como él o miembros de la Familia Real.

Argumentaron que era por “medidas de seguridad”, absurdo si se tiene en cuenta que la Audiencia Nacional tiene sus propios mecanismos de seguridad; o que era para evitar el uso de “muchos recursos públicos”, cuando en otras cosas se dilapida y mucho más, cuando lo evidente era su pretensión de librar a Rajoy de declarar por un caso de corrupción, aunque con ello caigan en obstruir a la justicia.

El tribunal lo encabeza el magistrado Ángel Hurtado, ultraconservador y afín al PP, quien perdió la votación, porque él en la misma línea del PP y de La Moncloa, se negaba a que Rajoy declarara o en dado caso lo hiciera por videoconferencia.

A final de cuentas se ordenó su comparecencia física en el tribunal, aunque la posibilidad de la video-conferencia ya había dado mucho juego para el humor y la sátira política, porque a Rajoy se le conoce como el `presidente del plasma`, porque cuando quiere evitar preguntas incómodas obliga a que los periodistas que cubren sus actividades lo vean a través de una televisión de plasma.

Ensimismado el PP por la corrupción, los afines a Rajoy lo defienden diciendo que no es un corrupto y que, incluso, pierde dinero al haber abandonado su cargo público como registrador de la propiedad para dedicarse a la política. Por si mismo no es un argumento, haber entrado en la política es una decisión personal de Rajoy, en la que se entiende no fue obligado.

Sin embargo, lo que sí es un hecho es que el nombre de Rajoy aparece en los llamados “Papeles de Bárcenas”, que son los apuntes personales de la caja B que hizo el que fuera gerente y tesorero del PP, es decir, los apuntes del manejo de dinero sucio que entraba principalmente desde los bolsillos de grandes constructoras que por lustros se beneficiaron de la reciprocidad de los gobiernos (estatal, autonómicos o municipales) emanados del PP.

Los papeles de Bárcenas son solo uno de las cinco piezas separadas en las que está dividida la trama Gürtel y ahí hay otro ingrediente quizá más comprometedor para el presidente español.

El miércoles próximo Rajoy comparece en la segunda, que es de 1999 a 2005. Hasta hoy se desconoce si tendrá que volver a comparecer en alguna otra de las piezas separadas de este entramado de corrupción.

Lo que sí se sabe es que la ley le prohíbe tajantemente mentir en su declaración como testigo de un posible delito, como tampoco se le permite ofrecer respuestas vagas, algo que es muy habitual en Rajoy, que es un político de frases enredadas y “perogruyescas”.

Entre los corrillos de los periodistas que cubren tribunales se habla de que se estaría tratando de evitar que Rajoy aparezca en las fotos o en video del interrogatorio flanqueado al fondo por Luis Bárcenas o Francisco Correa, el empresario que era la pieza clave para las acciones corruptas entre constructores y el partido y que organizó actos de campaña del PP con dinero sucio.

Sin duda será uno de los días más incómodos para Rajoy, ocupando el mayor cargo de responsabilidad para un político y tener que declarar por temas de corrupción.

La jornada se podría prolongar más de una jornada, si la defensa de los 37 implicados decide hacer preguntas al presidente Rajoy, las cuales, sin duda, sí saldrán de los abogados de Asociación de Abogados Demócratas por Europa (Adade), que fueron quienes consiguieron sentarlo en el banquillo.

Lo que está por ver es si del interrogatorio de los abogados de Adade se consigue obtener respuestas esclarecedoras para el juicio.

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