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“Caos absoluto” en materia de inteligencia: Carrillo Olea

En opinión del exgobernador de Morelos y creador del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, Jorge Carrillo Olea, el gobierno federal ha cometido grandes errores al menospreciar esta institución y al desmantelar el sistema mexicano de inteligencia. En particular, señala que la administración de Enrique Peña Nieto intentó redirigir esa delicada área, pero los resultados fueron desastrosos…

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Desde la campaña presidencial, “alguien” convenció a Enrique Peña Nieto de crear otro aparato de inteligencia para combatir al narcotráfico, abandonar Plataforma México, reorientar al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y entregarle funciones de espionaje al Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (Cenapi).

El resultado de esta decisión, reflexiona Jorge Carrillo Olea, exdirector y creador del Cisen, es “la total dispersión, el caos absoluto, el descontrol entre los órganos” que tienen acceso a las tecnologías del ramo. Además, el especialista en políticas de inteligencia dice que la intercepción de comunicaciones de los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), enviados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, representa “una violación a la inmunidad diplomática, a la Convención de Ginebra”.

“No existe en el mundo un caso similar, de esta importancia y magnitud que coloca al gobierno mexicano en una situación de crisis y escándalo internacional”, sentencia.

Para el exgobernador de Morelos, la clave de esta crisis radica en la reorientación de la política de inteligencia en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Esto implicó el desconocimiento de dos cosas: “Despreciaron un anteproyecto de algo que se llamó el Centro de Inteligencia Criminal, que no tenía por función perseguir narcotraficantes sino advertir sobre las tendencias del crimen, sobre el gran escenario estratégico del crimen, y desmantelaron el Cisen, que tenía controles internos y externos”.

El Cenapi depende de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, que ha tenido entre sus titulares a dos personajes polémicos y señalados por su papel en el caso de los 43 normalistas desaparecidos en septiembre de 2014 en Iguala: primero Tomás Zerón de Lucio, que abandonó la dependencia tras señalamientos de haber “sembrado” evidencias en el río Cocula, y Omar Hamid García Harfuch, designado en noviembre de 2016 por el actual procurador.

El nombre de este último apareció en una de las libretas del líder de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, y los padres de los jóvenes de Ayotzinapa pidieron que se investigara este papel.

En entrevista con Proceso, Carrillo Olea destaca que los “controles internos” del Cisen se basaron en “reclutamiento, formación y permanencia”. Estos controles se abandonaron y “empezaron a recibir a los cuates, a gente de Hidalgo, que no pasaban por exámenes de confianza y desprofesionalizaron el servicio de inteligencia que, hasta antes de este gobierno, funcionaba con sus altas y sus bajas”.

–Si desmantelaron el Cisen, ¿qué fue lo que crearon?

–El sistema nacional de inteligencia que prometió Peña Nieto en su plan de gobierno nunca existió. No lo hicieron. Y lo que existía lo desmantelaron. Llegaron sin un proyecto, sin una meta específica.

“Crearon, en teoría, centros de comando y control o centros de fusión, los famosos C4 en donde participan las secretarías de la Defensa, de Marina, las policías y la PGR. Fueron una serie de improvisaciones que se nulificaron unas a las otras. Fingen que participan y que se coordinan, pero ninguna aporta nada porque no hay una dirección autorizada: nadie los controla, no hay autoridad, nadie pone las metas y las sanciones”.

–¿Cómo describiría la arquitectura del edificio de la inteligencia mexicana a la luz del escándalo que ha ocurrido con el espionaje?

–Había un proyecto de arquitectura que se estaba desarrollando razonablemente; con deficiencias, pero ahí estaba. Sin embargo, pusieron la varita mágica en manos del aprendiz de brujo y afectaron todo, crearon algo que no sirve para nada.

–¿Todo está desmantelado?

–Yo rescataría algo: hay cierta institucionalidad, cierto espíritu de cuerpo y cierto amor a la camiseta entre algunos mandos medios y bajos del sistema de inteligencia. Hacen lo suyo, entre comillas, pero todo se queda en la voluntad de un individuo sin dirección ni carrera.

–¿Aún queda algún segmento de profesionalización?

–Sólo en cuadros medios y bajos; no en los altos.

–¿A usted lo consultaron para reorientar todo este sistema?

–Nunca.

–¿No tenían memoria de lo que se había hecho antes o su lógica era otra?

–Alguien le vendió esa idea a Peña Nieto: crear una estructura nueva para combatir al narcotráfico, pero están mal usando esto.

Menosprecio a la inteligencia

Carrillo Olea ocupó cargos estratégicos en el sistema de inteligencia mexicano como jefe de la Sección Segunda del Estado Mayor Presidencial durante el echeverrismo, como subsecretario de Gobernación en el sexenio de Miguel de la Madrid, como director del Cisen en los dos primeros años del gobierno de Carlos Salinas de Gortari y como coordinador general para la Atención y Lucha contra el Narcotráfico, también durante el salinismo.

Su posición lo confrontó con el secretario de Gobernación salinista Fernando Gutiérrez Barrios, quien dirigió durante décadas la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y que no veía con buenos ojos la creación del Cisen.

Carrillo Olea recuerda así los errores cometidos durante esos años: “Por ejemplo, Gutiérrez Barrios nunca quiso ir al Cisen. Cuando me relevaron tuvo que ir. Lo esperé en el estacionamiento. Se quedó impresionado cuando vio la infraestructura. ‘Lo que podríamos haber hecho nosotros con todo esto’, me dijo. Menospreció el buen uso de esa infraestructura porque no estaba bajo su mando”.

–Tal parece que los ciclos sexenales y la lucha por el poder en México siempre opera en contra de la profesionalización de las instituciones de inteligencia –se le comenta.

–Aquí se reinventa todo. Fox amenazó públicamente con acabar con el Cisen. Los llamó criminales. Alejandro Alegre le entregó un informe y un proyecto de ley de inteligencia. Fox no recibió ni uno ni otro. Creó una comisión para desmantelar el Cisen. Hicieron un documento de nueve páginas que no decía nada.

“Sin embargo, para que vea usted la locura de este país: Fox emitió la Ley de Seguridad Nacional al final de su sexenio. Es una mala ley porque está hecha dentro de la mentalidad Cisen. Es una especie de ley orgánica del Cisen que no incorpora a la Secretaría de la Defensa, a la Marina, a la PGR, a nadie. Al no incorporar a los otros, ¿cómo les pides que rindan cuentas?

“Con todas las locuras que tiene, el Cisen tiene una base legal para actuar, pero las otras instancias no tienen responsabilidad alguna. No hay una ley que los incorpore y les dé responsabilidades.”

–¿Esto incluye al Cenapi?

–Sí, por supuesto.

Una nueva ley

Al cuestionar a Carrillo Olea si la ley de seguridad interior que promueve el PRI en la Cámara de Diputados podría enmendar el desorden en el sistema de inteligencia, responde: “No, definitivamente no”.

E insiste en que el escándalo reciente sobre el sistema Pegasus no puede quedarse en la anécdota o la denuncia. “Es necesario hacer una ley. Es una ley difícil porque, primero, se debe asumir que habrá intercepción. Segundo, deben definir si se acepta o no que la Secretaría de la Defensa tenga acceso a este tipo de espionaje”, afirma.

–¿Usted está de acuerdo en que la Sedena tenga acceso a esta tecnología?

–Sedena no debe tener funciones de espionaje. Si no hay enemigo declarado, la inteligencia militar debe estar orientada hacia otra cosa.

“La atención nacional no puede estar concentrada nada más en la indignación por el espionaje a Carmen Aristegui, a los periodistas y a los activistas. La atención nacional demandaría un debate más rico y, sobre todo, informado de lo que está pasando, de la improvisación y de los errores cometidos”.

–¿Existe alguna isla o instancia de inteligencia que funcione?

–No, están totalmente desconectados. ¿Usted cree que Graco Ramírez está buscando a los criminales en Morelos? No, está espiando a la clase política. Así hacen todos los gobernadores. Nadie quiere decirlo porque todos han sido actores, omisos o cómplices.

–¿Sirve el espionaje en un sistema de inteligencia?

–En la más absoluta de la teoría, la inteligencia forma parte del Estado. No puedo concebir un Estado eficaz sin inteligencia. El problema es hacerlo bien: con un proyecto, una dirección, una legislación y un control interno y externo.

–Usted me habla del sistema de inteligencia, pero ¿el espionaje sirve?

–Primero diría que lo necesario es tener un auténtico sistema de inteligencia. El espionaje funciona de dos maneras: por acumulación y por inteligencia en vivo.

“El sistema de inteligencia por acumulación es toda la información que compilas de una persona por radiaciones de su trayectoria, de sus nexos personales, de su profesión. Eso lo debes analizar. Necesitas analistas, ese es el secreto de todo. No sólo se trata de tener la información. En el mundo actual, con tanta información abierta, sobra acumular si no analizas. Esa es la inteligencia por acumulación.

“La otra inteligencia es en vivo. Necesitas un sistema muy avezado que te alerte cuando alguien quiere cometer un asesinato o un crimen de Estado. Son dos métodos: por acumulación y en vivo”.

–Por ejemplo, ¿el sistema de inteligencia del salinismo sabía del alzamiento zapatista antes de enero de 1994?

–Sí. Se sabía desde mayo de 1993. Efectivamente, teníamos monitoreado al obispo Samuel Ruiz y a su red de monjas.

–¿Por qué no se actuó?

–Por el Tratado de Libre Comercio. Se decidió no hacer nada mientras se negociaba.

Esta entrevista se publicó en la edición 2124 de la revista Proceso del 16 de julio de 2017.

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