Ponderaciones en torno a Claudia Sheinbaum

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En el ambiente preelectoral se mueven y expresan diversos aspirantes a ser los candidatos para competir en las elecciones para gobernar este desgarrado país. También se mueven y se expresan quienes aspiran a gobernar la Ciudad de México. En mi círculo cercano,  que ubico como de izquierda democrática moderna, si bien hay diferencias respecto al posible candidato o candidata presidencial, se perfila un consenso en el sentido de que Claudia Sheinbaum parece tener los atributos necesarios para gobernar la ciudad. Que en ese círculo existan diferencias en torno al posible candidato/a presidencial y gran coincidencia alrededor del perfil de Sheinbaum es un indicador del momento en la vida política de nuestro país donde cuentan más las personas que el partido que las propone.

El referido círculo se compone de un electorado liberal en valores, ansioso por renovar las formas de gobierno y representación, preocupado por la corrupción e ineficiencia de los servidores públicos y deseoso de volver más habitable y segura nuestra ciudad. Claudia Sheinbaum es una académica y una política con experiencia en gestión pública, sin antecedentes de abuso ni de corrupción,  y otro dato interesante es que, viniendo de la academia (es doctora en ingeniería en energía, investigadora en la UNAM y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores), haya decidido dedicarse al servicio público.

Su doble condición la ha hecho participar como experta y como funcionaria en temas como el cambio climático (lo hizo en el panel que en 2007 obtuvo el premio Nobel de la Paz). Ha recibido premios, ha trabajado en la Comisión para Políticas del Desarrollo de Naciones Unidas, fue secretaria del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal y actualmente es la jefa delegacional en Tlalpan.

Hace un mes la escuché dar un informe en Tlalpan. Me impresionó la sencillez con la que habló, sin grandilocuencia ni demagogia, reconociendo las limitaciones de su trabajo y poniendo énfasis en cuestiones que me parecen importantes, como la promoción de la cultura para articular la vida comunitaria y la convivencia social. Finalizó su informe con un breve y sustancioso mensaje, cargado de esperanza:

“Nos mueve una ética que busca gobernar con austeridad republicana, promoviendo en la medida de nuestras posibilidades la igualdad y la justicia social, así como la libertad, el respeto a los derechos humanos y la dignidad humana. Reconocemos nuestras limitaciones y errores, pero estamos orgullosos de haber dado inicio a una forma distinta de gobernar, de cara al pueblo. Por ello podemos decir que nos sentimos orgullosos de haber iniciado la reconstrucción y el rescate de nuestra hermosa delegación.”

La CDMX está desbordada de problemas, afectada por la rapacidad del mercado inmobiliario, por una pésima gestión urbanística, con una nula política de movilidad, amenazada por los grupos delincuenciales y vulnerable a los azotes del cambio climático. Persisten las brutales desigualdades sociales que nos caracterizan como país y los problemas de agua y energía crecen cada día. Las ideas importan, pues impulsan cambios; sin embargo, las ideas deben ser llevadas a cabo por seres humanos, y muchos de ellos no tienen ni la calidad humana ni el expertise para hacer lo que se debe hacer. Sheinbaum, además de su reconocida integridad, sabe de energía renovable y de problemas ambientales y conoce bien el funcionamiento del gobierno.

La feminista Rebecca Solnit escribió un libro donde hace una reivindicación de la esperanza. Explica que tener esperanza no es creer que todo saldrá bien. La evidencia que nos rodea es la de “un sufrimiento tremendo y una destrucción tremenda”, pero la apuesta por la esperanza radica en visualizar amplias perspectivas que contienen posibilidades que nos incitan e invitan a actuar. Y aunque tener esperanza se contrapone al pesimismo de “todo va de mal en peor”, no implica no reconocer los problemas ni negar sus complejidades e incertidumbres. Solnit dice: “La esperanza es un don que no tienes que entregar, un poder que no tienes que desechar. Y aunque la esperanza puede ser un acto de desafío, el desafío no es razón suficiente para tener esperanza. Existen buenas razones para tener esperanza”.

Yo creo que Claudia Sheinbaum es una muy buena razón  para que los chilangos (o mexicas, como propone Porfirio Muñoz Ledo) tengamos esperanza.

Este análisis se publicó en la edición 2124 de la revista Proceso del 16 de julio de 2017.

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