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La difamación como arma contra el periodismo crítico

BOGOTÁ Col. (apro).- El expresidente colombiano Álvaro Uribe, quien tiene cerca de 200 denuncias penales ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, lanzó en su cuenta de Twitter una grave acusación contra el columnista Daniel Samper Ospina, a quien acusó de “violador de niños”.

La grave imputación, que fue lanzada sin prueba alguna, no sólo es, hasta hoy, una difamación, sino una expresión extrema de la posverdad a la colombiana.

Uribe es el más notorio exponente colombiano de esa manera de hacer política y de influir en la opinión pública apelando a las emociones, a las mentiras y las medias verdades por encima de los hechos.

Con esa estrategia ganaron el Brexit en el Reino Unido, Donald Trump en Estados Unidos y el “No” a los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC en un cerrado plebiscito que se llevó a cabo en octubre pasado en Colombia.

En la campaña por el “No” a los pactos de paz –los cuales finalmente pudieron ser rescatados, tras algunos cambios, por el Congreso–, Uribe hizo afirmaciones tan absurdas como inverosímiles, como que esos acuerdos llevarían a Colombia a la instauración del “castro-chavismo” y a la entrega del país a las FARC.

Y medio país le creyó al expresidente, quien luego de ocho años de gobierno (2002-2010) mantuvo una alta popularidad que, según sus críticos, es la que lo blinda hasta la fecha de la acción de la justicia y le otorga una notable influencia en la opinión pública.

Aunque según una encuesta de la firma Gallup del mes pasado señaló que el 48% de los colombianos tiene una opinión desfavorable de Uribe, el 46% lo respalda, y ese es un porcentaje muy alto en un país donde la generalidad de los políticos está desacreditada y en el que el presidente Juan Manuel Santos es apoyado por apenas la cuarta parte de los ciudadanos.

Nadie puede negar que Uribe es un fenómeno político. Sólo con su nombre, creó hace cuatro años un partido que hoy tiene 20 senadores y 19 representantes (diputados). Y fue la pieza fundamental de la campaña por el “No” a los acuerdos de paz con las FARC.

Pero, de la misma manera, es indudable que las acusaciones contra el mandatario –desde presuntos nexos con el paramilitarismo hasta espionaje ilegal contra magistrados, opositores y periodistas— lo convierten en un político muy cuestionado.

Su hermano Santiago está preso bajo cargos por haber creado un grupo paramilitar de “limpieza social” conocido como “Los 12 apóstoles”. Su cercano exdirector del servicio estatal de inteligencia, Jorge Noguera, purga una sentencia de 25 años por homicidio y por haber permitido la década pasada el dominio del narcoparamilitarismo del desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

Los hijos del expresidente, Tomás y Jerónimo, enfrentan acusaciones de tráfico de influencias, de defraudación fiscal –que ellos achacan a un exempleado— y de hacer negocios con el conocido delincuente de cuello blanco James Francisco Arias Vásquez, llamado el “zar de la chatarra”.

A todas las acusaciones contra sus hijos, su hermano y cercanísimos excolaboradores procesados por la justicia, Uribe suele responder con ataques.

Y lo hace, con la certeza de que su fortaleza política, su popularidad y la devoción que genera en un sector de colombianos que rechaza los acuerdos de paz con las FARC constituyen un sólido escudo de protección.

Eso es lo que está detrás de la acusación que hizo contra el periodista Daniel Samper Ospina, al llamarlo “violador de niños”.

Samper Ospina es un periodista hilarante y sarcástico que, a partir del humor, ejerce un periodismo crítico desde su columna en la revista Semana. Es hijo del también periodista Daniel Samper Pizano y sobrino del expresidente Ernesto Samper.

Con frecuencia, al igual que cientos de periodistas y los medios de este país, Samper Ospina se ocupa de Uribe, del uribismo y de los uribistas. Y lo hace con una ironía e irreverencia que producen la indignación del exmandatario y líder del partido Centro Democrático.

En una columna de mayo pasado se refirió así a un discurso que pronunció la senadora uribista Paloma Valencia en una convención del Centro Democrático:

“Empezó a gritar que el doctor Uribe era de bronce, que le iluminaba todos los problemas y que lo quería como a su hija. Porque la doctora Paloma tuvo una hija y le puso Amapola (…). A la salida todavía nos temblaban las piernas de la emoción y yo traté de acercarme para la foto con la doctora Paloma, pero ya se iba para la casa a ver a la niña. Dios mediante la cuide y busque el varoncito para quedar con la pareja. Le podría poner Opio”.

Ante la oleada de críticas que recibió Uribe por llamar “violador de niños” al columnista de Semana en un tuit el 14 de julio, el expresidente no sólo evitó retractarse sino que un día después incrementó sus ataques al considerar que esas críticas “defienden que Daniel Samper viole los derechos de una niña, (y) haga pornografía infantil con niños”, algo de lo que tampoco presentó pruebas pero que alude al pasado del columnista como director de la revista Soho, en la que aparecen desnudos de colombianas famosas.

Es decir, como respuesta a las críticas por difamar, Uribe respondió con nuevas difamaciones.

En una carta pública, un grupo de influyentes periodistas colombianos pidió a Uribe dejar atrás “la práctica sistemática de difamar, calumniar e injuriar a sus críticos como si no fuera un expresidente obligado a dar ejemplo, ni un ciudadano sujeto al Código Penal”.

De acuerdo con la misiva, el permitirse llamar “violador de niños” a Daniel Samper Ospina frente a sus más de cuatro millones de seguidores de Twitter, no es solo una “infamia irreversible (de Uribe) que habrá de tener solución en la justicia, sino también un repugnante acto de violencia que ya ha empezado a llamar a más violencia”.

“No se trata –agregó el texto– de reclamar, de ninguna manera, un trato privilegiado para los periodistas ni de librar al periodismo de la crítica, sino de defender el derecho de todos a hablar sin ser objeto de los abusos de quien se sabe poderoso. Una palabra de Uribe basta para enlodar un nombre, para exacerbar los odios de tantos colombianos frustrados, para degradar y envenenar el necesario debate político del país”.

Uribe se mantiene en sus dichos y Samper Ospina anunció el pasado miércoles que ya ejerció la primera acción judicial contra el expresidente en Colombia, por difamación y calumnia, y pidió medidas de protección a organismos internacionales.

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