América Latina: ambientalistas en peligro

LONDRES (apro).- América Latina se ha convertido en la región más peligrosa del mundo para los defensores del medio ambiente que buscan proteger ríos, selvas, montañas y océanos, ya que allí murieron al menos 60 de los 200 activistas asesinados en todo el mundo en 2016 por sus tareas de protección medioambiental.

De acuerdo con el informe anual del grupo Global Witness dado a conocer el pasado 13 de julio en Londres, América Latina siguió ocupando el primer puesto como el sitio más peligroso para los activistas defensores del medio ambiente, a pesar de que allí habita sólo un décimo de la población mundial.

El documento, de 60 páginas y titulado “Defensores de la Tierra”, destacó que 2016 fue el año más peligroso para los defensores ambientalistas que tratan de proteger tierras ancestrales, recursos naturales o la vida silvestre en peligro, ya que en promedio son asesinados semanalmente cuatro de ellos en todo el mundo.

Global Witness indicó además que, de los 200 activistas ambientalistas asesinados en 2016, 43 murieron a manos de las fuerzas de seguridad -33 por parte de la Policía y 10 por grupos militares armados-, en tanto que guardias de seguridad privados o matones fueron responsables por la muerte de al menos 52 defensores en la materia.

Entre los activistas fallecidos había guardia-parques, líderes indígenas, voluntarios o expertos en medio ambiente. El número total de asesinados en 2016 fue más del doble que hace cinco años.

Y la frecuencia de los asesinatos se incrementó en 2017, ya que en los primeros cinco meses de este año fueron registrados al menos 98 asesinatos.

El relator especial de la ONU para las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el medioambiente, John Knox, afirmó a Global Witness que los derechos humanos de activistas defensores del medio ambiente “están siendo amenazados gracias a una cultura de impunidad creciente”.

Dijo: “Hay ahora poderosos incentivos para destruir el medio ambiente por razones económicas. Las personas con más riesgo son aquellas que están ya marginalizadas y excluidas de la política y el sistema judicial, y que más dependen del medio ambiente”.

El experto de Naciones Unidas continuó: “Los países no respetan la ley. En todo el mundo los defensores (del medio ambiente) enfrentan amenazas. Hay ahora una epidemia, una cultura de impunidad, y la sensación de que cualquiera puede asesinar a defensores del medio ambiente sin enfrentar a la justicia, eliminando a todo aquel que se le interponga en el camino. Esto ocurre en el sector de la minería, de los agronegocios, de la tala ilegal o la construcción de represas”.

Isidro Baldenegro López con sus compañeros en una comunidad tarahumara. Foto: Goldman Environmental Prize

Isidro Baldenegro López con sus compañeros en una comunidad tarahumara. Foto: Goldman Environmental Prize

La punta del iceberg

Tan solo en América Latina se registraron casi un centenar de asesinatos de muchos defensores del medio ambiente, incluido el líder indígena y opositor a la tala ilegal Isidro Baldenegro López, ejecutado en enero pasado en su pueblo natal de Coloradas de la Virgen, en el estado de Chihuahua.

En mayo, granjeros del estado de Maranhão, en Brasil, atacaron con machetes y otras armas blancas un asentamiento indígena, tras un conflicto de tierras que dejó a una decena de personas hospitalizadas.

También se registraron asesinatos y ataques contra defensores del medio ambiente en Colombia, Honduras y otros países de la región.

De acuerdo con Global Witness, la mayoría de los ambientalistas murieron en selvas remotas o en pueblos afectados por la minería intensiva, por la construcción de represas o plantas hidroeléctricas, la tala ilegal o los agronegocios.

Muchos de los asesinos son contratados por corporaciones o las mismas fuerzas estatales. Muy pocos de ellos son arrestados, identificados o enfrentan la justicia.

Billy Kyte, jefe de campañas de Global Witness, aseguró en el informe que estos asesinatos “son sólo la punta del iceberg de una epidemia de violencia”.

Explicó: “Las comunidades locales que deciden enfrentar esta destrucción medioambiental terminan en la línea de fuego de guardias de seguridad contratados por compañías privadas, las fuerzas estatales o matones de alquiler”.

Según declaró, “por cada defensor del medio ambiente asesinado, hay muchos más que son amenazados de muerte, de desalojo o destrucción de sus recursos. Estos no son incidentes aislados. Son el síntoma de un ataque sistemático a comunidades indígenas remotas por parte de corporaciones y grupos estatales”.

De acuerdo con el informe anual de Global Witness, el número e intensidad de conflictos medioambientales está creciendo en todo el mundo.

La organización identificó más de dos mil conflictos por agua, tierra, polución, desalojo y minería intensiva a nivel global.

“Estos son sólo los casos reportados, pero creemos que habría muchos más no dados a conocer. Hay ahora mucha más violencia”, indicó Bobby Banjerjee, investigador de la Escuela de Negocios Cass, en Londres, quien estudia desde hace 15 años la resistencia de ambientalistas a proyectos globales de desarrollo.

“Tales conflictos están ocurriendo en todo el mundo debido a la globalización. El capitalismo es cada vez más violento y las corporaciones globales están buscando países pobres para explotar tierras y recursos naturales”, continuó.

Banjerjee explicó además que los países pobres “son más fáciles de corromper ya que tienen sistemas judiciales y de seguridad más débiles. Las compañías y gobiernos trabajan juntos para asesinar a personas”, dijo el investigador.

Un mapa de las mineras tóxicas durante una protesta en el Senado. Foto: Octavio Gómez

Un mapa de las mineras tóxicas durante una protesta en el Senado. Foto: Octavio Gómez

Minería y petróleo, los de más conflicto

El informe de Global Witness mostró también que los sectores que más conflictos generan son los de minería y petróleo, que llevaron al asesinato de 33 activistas del medio ambiente. En segundo lugar quedó la tala ilegal, con 23 muertes, seguido por los negocios de agricultura.

Sin embargo, destacó que ese ranking puede cambiar, ya que en los primeros cinco meses de 2017, el sector de agronegocios está superando al de minería como el causante de más muertes de ambientalistas, con al menos unos 22 en todo el mundo.

El informe destacó que en 2016, Brasil fue una vez más el país más peligroso para los activistas y defensores del medio ambiente, ya que allí fueron asesinados 49 activistas, en su mayoría indígenas que trataban de defender las selva Amazónica.

Al menos 16 defensores del medio ambiente fueron asesinados por oponerse a la tala ilegal en Brasil, donde el índice de deforestación creció 29%.

Además, destacó que la situación en Perú, Colombia y en Honduras empeoró desde los últimos meses.

“El costo humano de todo esto es terrible”, afirmó Laura Cáceres, una de las hijas de la activista y líder indígena Berta Cáceres, asesinada en 2016 tras resistirse a la construcción de la represa hidroeléctrica Agua Zarca en el río Gualcarque, lugar sagrado para la etnia lenca.

Ahora en el exilio tras recibir amenazas de muerte, Cáceres participó recientemente en Oxford, Inglaterra, en una conferencia organizada por el grupo ambientalista N1M (Ni Uno Más) contra la violencia a los defensores ambientalistas.

“Berta Cáceres era un obstáculo para el sistema”, explicó su hija durante esa cita. “Honduras está muy dañada, 30% de toda la tierra allí ha sido entregada a corporaciones transnacionales. Estas compañías están apoderándose de territorios ancestrales. Han privatizado las selvas. Mi madre era una apasionada de su tierra, de sus raíces y le horrorizaba la manera siniestra y violenta con que el imperialismo actúa”, agregó.

Según Laura Cáceres, los defensores del medio ambiente en Honduras “hacen todo lo posible para proteger la vida”. Pero alertó: “no queremos perder nuestras vidas ni a nuestras familias. De todos modos asumimos ese riesgo. Si ellos pueden asesinar a alguien con tanta visibilidad como mi madre, entonces pueden asesinar a cualquiera”, continuó.

Global Witness reportó en su informe global que las protestas ambientalistas están siendo reprimidas en todo el mundo, incluidas aquellas en los países más ricos, como ocurrió con la campaña de Standing Rock contra la construcción de un oleoducto debajo del lago Oahe, en Estados Unidos.

También reveló que al menos 800 guarda-parques fueron asesinados por cazadores furtivos y milicias armadas en los últimos 10 años.

“Los guarda-parques enfrentan altos índices de violencia y son asesinados a niveles alarmantes”, explicó en el documento Sean Willmore, presidente de la Federación Internacional de Guarda-parques.

“Casi un 60% de todos los asesinatos de guarda-parques en 2016 ocurrieron en Asia, en su mayoría de India”, continuó.

Por su parte, Fran Lambrick, cofundador de N1M, indicó que los defensores del medio ambiente “son claves a la hora de luchar contra el cambio climático, proteger nuestros recursos naturales y defender los derechos humanos e identidad cultural”.

Sin embargo, concluyó que “estos activistas enfrentan cada vez más represalias violentas, amenazas y la criminalización”.

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