La corrupción transexenal en los contratos del gobierno

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hasta abril pasado, todas las obras inauguradas o supervisadas personalmente por Enrique Peña Nieto, que fueron revisadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), contaban con observaciones por pagos injustificados, negligencias, faltas a la normatividad, materiales que no correspondían con las necesidades de obra y así, en todas, la marca de la corrupción, signo distintivo del sexenio.

El 22 de abril, Proceso publicó el listado de obras irregulares entre las que ya ocupaba un lugar destacado el Paso Exprés de Cuernavaca que, de ser una obra de resonancia regional, se volvió triste e indignantemente célebre por el hundimiento en el que perdieron la vida dos personas, aún pendiente de calcular el total del daño patrimonial.

Tendría que ser un escándalo, pero en el país la corrupción se normalizó en este gobierno, tanto como para haber mantenido inamovible al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, desde que en noviembre de 2014 debió cancelar la licitación para el tren México-Querétaro, horas antes de que Aristegui Noticias publicara el reportaje de la “Casa Blanca de Peña Nieto”. Hasta ahora, no existe claridad en el costo económico, político ni diplomático de esa argucia que intentó encubrir, por cierto de manera infructuosa, los conflictos de intereses que se irían descubriendo en los meses que siguieron.

Pero la permanencia de Ruiz Esparza no sorprende tanto como la transexenalidad de la familia Gutiérrez Cortina en el contratismo gubernamental, muy a pesar de estar en el centro de todos los escándalos relacionados con obra pública desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Con su empresa, Gutsa, los Gutiérrez Cortina fueron responsables de la desastrosa gestión de la autopista del Sol, entregada en el salinismo, para luego, en el sexenio de Zedillo registrar daños frecuentes.

Consiguieron también el contrato para construir la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde hubo fallas en cimentación y otros problemas relacionados con pesos y medidas. También la llamada mega biblioteca José Vasconcelos, con la que Vicente Fox se propuso hacer historia pero que a los pocos meses de inaugurada, terminó inundada y con grietas sin que los daños, e inclusive, una perdida de acervo, fuera transparentes.

Hubo más. Entre los escándalos del sexenio de Felipe Calderón, uno de los más destacados, aunque no el de mayor cuantía, fue por la construcción de la Estela de Luz, una barra con iluminación, conocida entre los capitalinos como “La Suavicrema”, con la que el panista pretendía dejar testimonio de su gestión durante la celebración del Bicentenario del alzamiento armado de 1810.

La obra no estuvo a tiempo, como en todas las anteriores y también como ocurrió con el Paso Exprés, los costos se elevaron e inclusive se duplicaron, por lo que finalmente, la secretaría de la Función Pública inhabilitó a Gutsa hasta 2015, una medida tan irrisoria que para pronto, la familia Gutiérrez Cortina libró, creando otra razón social para volver casi de inmediato al contratismo, iniciando el gobierno de Peña Nieto.

Los otrora llamados tecnócratas son cercanos a Gutiérrez Cortina, como ocurre en ese circuito que viene de los años noventa. Por ejemplo, en Aguascalientes, de donde es originaria esa familia, se sabe que con Carlos Ruiz Sacristán, presidente de Sempra y consejero de OHL, o bien, con el cerebro financiero, Pedro Aspe, el empresario tiene algunos de sus asideros.

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